PEAKY BLINDERS. SINOPSIS DE LAS SEIS TEMPORADAS

Steve Night ha decidido poner fin, con su película El hombre inmortal, a la primera parte de la historia del clan de los Shelby y ya se anuncia la secuela que estará protagonizada por el actor y bailarín británico Jamie Bell (quien se estrenó en el cine siendo un niño, como protagonista de Billy Elliot, y al que hemos visto después en Skin, Rocketman y Los 4 fantásticos) que finalmente tomará el relevo de Conrad Khan y Barry Keoghan en el papel de Duke Shelby, para ponerse al frente de una nueva generación de la banda de los Peaky Blinders, que seguirá activa después de la II Guerra Mundial. A la espera de ver cómo sigue la historia de los Shelby, he decidido hacer una compilación, a modo de resumen, del argumento de las seis temporadas de la que es, y será siempre, una de mis series favoritas.

TEMPORADA 1

En el Birmingham de 1919, la familia Shelby controla el negocio de las apuestas ilegales. Como muchos otros jóvenes, los tres hermanos mayores, Arthur (Paul Anderson), Thomas (Cillian Murphy) y John (Joe Cole), tuvieron que alistarse en el ejército para combatir como soldados en la Gran Guerra que duró del 28 de julio de 1914 al 11 de noviembre de 1918 y, tras cuatro largos años, regresan junto a los suyos, cargando con los traumas y las graves secuelas físicas y emocionales que la brutalidad de una experiencia extrema de combate tan prolongada les dejó.

La guerra devuelve a Inglaterra una generación de hombres rotos, afectados por todo tipo de neurosis, a los que les cuesta volver a adaptarse a la sociedad tras haberse librado milagrosamente de la muerte y pasado hambre, miedo y enfermedad, en las trincheras del frente de Flandes.

Los hermanos Shelby forman parte de esos hombres. Al volver a casa, comprueban que el negocio familiar ha estado en buenas manos, las de Polly Gray (Helen McCrory), quien ha ejercido de tía y madre de los hijos de su hermana desde que esta falleció y su padre les abandonó. En ausencia de los hombres de la familia, han sido ella y su sobrina Ada, las que han tenido que tirar del carro haciendo que la correduría de apuestas clandestina les provea de lo necesario para sobrevivir todos estos años. Pero, ahora que ellos han vuelto y deben cederles nuevamente las riendas del negocio.

Generacionalmente, le correspondería a Arthur ser el cabeza de familia, pero Thomas, el mediano, es mucho más inteligente y mejor estratega. Por lo que pronto se convierte en el auténtico jefe del clan, dejando que su hermano (mucho más bruto, violento y temperamental) sea quien ejecute sus órdenes al frente de la banda de los Peaky Blinders, cuya actividad delictiva se diversifica y amplía con el contrabando y la extorsión, multiplicando las ganancias del clan.

Todo se complica cuando, contrabandeando con alcohol y tabaco por el canal, se hacen, por error, con un cargamento de armas robadas al gobierno. Lo que provoca la llegada del inspector Chester Campbell (Sam Neill) a Small Health (un barrio de clase obrera con abundantes fundiciones y fábricas del sector siderometalúrgico, a pleno rendimiento en los años de la revolución industrial), enviado por la Corona británica a Birmingham para recuperar las armas y limpiar la ciudad de organizaciones criminales.

Pero Thomas decide no devolver el cargamento y utilizar el arsenal como moneda de cambio para negociar nuevas cuotas de poder. Lo que no sabe es que está siendo espiado por Grace Burgess (Annabelle Wallis), empleada como nueva camarera en el Pub Garrison, quien en realidad trabaja como agente infiltrada de Campbell. Un hombre reprimido y cruel que está obsesionado con ella y alberga la secreta esperanza de que sea su prometida, pese a la notable diferencia de edad que hay entre ambos.

Los hermanos Shelby hacen una visita a un campamento de gitanos romaníes, de vida nómada, con quien Thomas quiere establecer una alianza estratégica, para lo cual decide arreglar el matrimonio de su hermano John con Esme (Aimee-Ffion Edwards), una de las hijas de la familia Lee, quien aporta una energía distinta dentro del universo Shelby: más libre, más indómita, más gitana y salvaje de espíritu y menos atada a las reglas del clan.

Mientras los Shelby expanden su negocio a través del crimen organizado y Thomas manipula tanto a la policía como a otras bandas rivales, su hermana Ada (Sophie Rundle) mantiene en secreto un apasionado romance con Freddie Thorne (Iddo Goldberg), un combativo líder sindical comunista, quien sirvió como soldado la misma unidad de zapadores que estaba al mando de Thomas. Ada se queda embarazada y desafiando la ira de sus hermanos, Freddie se casa con ella. Aunque Tommy en un principio se opone a la relación, finalmente les da su bendición conmovido por el amor que ambos se profesan. Pero Freddie es arrestado por Campbell y golpeado salvajemente en prisión. Por lo que los Peaky Blinders deberán intervenir para lograr que salga en libertad.

Ada da a luz a un niño, al que le ponen de nombre Karl (en homenaje a Karl Marx) y vive con su marido y su hijo en la clandestinidad. Mientras Grace y Tommy se embarcan en un tórrido romance que hace que ella se replantee perjudicarle, por lo que acaba desairando y traicionando al inspector.

Las armas son finalmente devueltas y los Shelby consolidan su poder local. Campbell intenta vengarse sin éxito de Grace que, desenmascarada por Polly, termina desapareciendo de la vida de Tommy.

TEMPORADA 2

La segunda temporada de la serie se abre con un funeral. El de Freddie Thorne, de quien sabemos que ha muerto a causa de una enfermedad infecciosa, algo muy típico de la época. Su muerte ocurre mientras vivía escondido o huyendo de la policía por su activismo político.

Su viuda, Ada Shelby, tiene en brazos a su hijo, que ya tiene cerca de un año, y decide cambiar su nombre por el de Ada Thorne e instalarse en Londres para seguir con el legado político de su marido, lejos de la familia y sin la losa de llevar el mismo apellido de sus hermanos que ahora viven como oligarcas, entregados al crimen. Thomas está de acuerdo. Aunque seguirá brindándole protección a sabiendas de que su actividad delictiva les ha grajeado muchos enemigos y que cualquier miembro de la familia puede ser un objetivo.

Los Shelby expanden su negocio a la capital del Reino Unido, entrando en disputa con la banda de Darby Sabini (Noah Taylor), un peligroso capo italiano, por el control del territorio, y estableciendo una tensa alianza con otro mafioso de origen judío, que responde al nombre de Alfie Solomons (Tom Hardy).

A medida que asciende socialmente, gracias a la riqueza que le proporciona el negocio del contrabando, los Peaky Blinders se vuelven más violentos. Destrozan locales de alterne y practican la extorsión mafiosa.

Thomas entra en contacto con gente con algunos grupos políticos (incluidos los comunistas) y gente del IRA, instrumentalizando esos vínculos para sus propios fines de ensanchar y consolidar su imperio.

Ello abre múltiples frentes en el argumento: la guerra con los Sabini, los negocios de apuestas en los hipódromos del sur y los encargos secretos del gobierno, que utiliza a Thomas para misiones encubiertas. Condecorado en la Gran Guerra como sargento de zapadores, Churchill se pone en contacto con él a través de una serie de emisarios para solicitar su ayuda en una serie de operaciones encubiertas. No es una ayuda “oficial”, es casi un pacto tácito. El primer ministro británico ve en él algo más que un delincuente: ve a un operador político. Su idea es servirse de un criminal inteligente para misiones donde se mezclan espionaje, manipulación y violencia selectiva. Básicamente, Tommy hace el trabajo sucio que el gobierno no puede firmar.

A comienzo de la temporada hace aparición Arthur Shelby Sr. (Tommy Flanagan).el padre de los Shelby, al que daban por muerto tras haber estado ausente de la vida de sus hijos, es un jugador empedernido y un alcohólico y su regreso no es precisamente en busca de redención, sino de dinero, pues ha oído que a sus hijos les van bien las cosas. Arthur, el mayor, que ha estado siempre necesitado de una figura paterna y últimamente ha sucumbido al consumo de cocaína, se deja embaucar por su progenitor, de quien ha heredado también su adicción al alcohol. Mientras que Tommy lo repudia. Lo que generará un enfrentamiento entre los hermanos.

Pese a que ha empezado a tratar a May Carleton (Charlotte Riley), una atractiva aristócrata, preparadora y domadora de caballos, Grace aparece de nuevo en la vida de Tommy. Ha estado viviendo en los Estados Unidos, donde se ha prometido con un acaudalado empresario pero, de visita en Londres antes de su boda, contacta con él y le dice que quiere verlo, retomando la relación amorosa que habían interrumpido.

En cuanto a Polly… atraviesa una fuerte depresión debido a un trauma del pasado que ha ocultado a su familia. Hace años, tuvo dos hijos a los que entregó en adopción y ahora busca reencontrarse con ellos, pues su intuición le dice que algo malo les ha sucedido. Tommy hace averiguaciones y pronto se entera de que la hija de Polly ha muerto. Sin embargo, su hijo Michael (Finn Cole) sigue vivo y pronto se une a la familia.

La temporada se resuelve en el Derby de Epsom, donde convergen multiples tramas. Grace asiste para decirle a Tommy que espera un hijo suyo. Pero antes de hablar con ella, este debe asesinar a un militar de alto rango por encargo del gobierno. Para lo cual, utiliza como cebo a Lizzie Stark (Natasha O’Keeffe), que de vender sus servicios como prostituta al mejor postor en las calles de Small Health tras haber perdido a su esposo en la guerra, ha pasado a ser su secretaria. Los hermanos Shelby siempre habían sido sus clientes favoritos. Pero Lizzie guarda desde hace años un secreto: está perdidamente enamorada de Tommy.

Polly asesina a Campbell que aún le sigue los pasos a su sobrino y, tras cumplir la misión, Tommy es llevado por unos desconocidos hasta un descampado donde han cavado una zanja en forma de tumba y aparentemente debe de ser ejecutado, pero el primer ministro británico interviene para salvarlo.

TEMPORADA 3

Tras una elipsis temporal de varios años, la tercera temporada de la serie se abre con la boda de Thomas y Grace que ya tienen al hijo que esperaban. El imperio de los Shelby se ha consolidado y la familia ha prosperado considerablemente. Tommy empieza a coquetear en serio con la política, convirtiéndose en benefactor de la sociedad. Pero el amor de su vida, su esposa Grace, muere en un atentado dirigido a él. Lo que lo desequilibra por completo.

El jefe de los Peaky Blinders se ve envuelto en una turbia trama con un grupo de excéntricos aristócratas rusos que planean un gran robo de joyas. Se trata de la Gran Duquesa Tatiana Petrovna (Gaite Jansen), una atractiva, seductora e impredecible joven, tan peligrosa como desequilibrada, que juega con la psique de Tommy; el Gran Duque Leon Petrovich (Jan Bijvoet) y la Princesa Tatiana, supuesta descendiente de la estirpe de los Romanov, aristócratas exiliados tras la Revolución Rusa: conspiradores y traficantes con modales de salón.

Al mismo tiempo, Tommy sigue trabajando como agente encubierto para el gobierno británico en una operación compleja contra el IRA que implica sabotaje y espionaje. El antagonista principal de esta temporada es el padre John Hughes (Paddy Considine), un malvado sacerdote que manipula a Thomas y secuestra a su hijo. Es una figura con poder y está muy vinculado a las estructuras del Estado.

Alfie Solomon (Tom Hardy) le echará una mano para encontrar a su hijo y desenmascarará a los rusos que pretendían tenderle una trampa con un alijo de joyas falsas. Entre tanto, Polly conoce a Ruben Oliver (Alexander Siddig) un pintor que quiere hacerle un retrato y se convierte en su amante. Se trata de un personaje breve pero importante ya que introduce una especie de oasis emocional en la vida de Polly, al ser un artista, alguien ajeno a la brutalidad de los Shelby. Aunque su historia termina mal, ya que la atmósfera de traición alrededor de los miembros de la familia, la hace sospechar de él y acaba asesinándole. Para después descubrir con inmenso dolor y arrepentimiento que era inocente y realmente la amaba.

Pero no solo Polly se enamora esta temporada. También lo hace Arthur, quien ha estado muy perdido, enganchado a las drogas y el alcohol y está conociendo a una mujer que promete meterlo en vereda. Se trata de Linda (Kate Phillips), una mujer profundamente religiosa, vinculada a los cuáqueros que se propone sacar a Arthur del barro, la droga y la violencia, y hacer que se redima de sus pecados. Lo que choca frontalmente con los intereses del clan y de Tommy. Linda no es solo “la esposa de Arthur” (se casan al final de la temporada). Es una fuerza que intenta domesticar el caos. Cree en la salvación moral real e intenta transformar a Arthur en alguien no solo mejor sino completamente distinto. Su fe no es decorativa, es un proyecto de vida. Y Arthur es su campo de batalla

La temporada culmina con el robo de un tren y una explosión que Thomas organiza bajo presión, sin poder hacer partícipe a los suyos de las motivaciones de sus actos. Arthur, John y Polly son arrestados. Thomas los entrega a las autoridades para proteger su imperio y posteriormente logra que sean liberados. Pero todos piensan que ha sido él quien les ha delatado. Por lo que la familia se distancia y Tommy se queda solo.

TEMPORADA 4

Tras ser liberados de prisión, los Shelby se distancian. Pero una nueva amenaza los obligará a volver a reunirse: la mafia italiana vuelve por sus fueros con un nuevo capo llegado de los Estados Unidos, Luca Changretta, quien busca venganza por la muerte de su padre.

Changretta inicia una campaña para eliminar, uno a uno, a los Shelby. Arthur fue el autor del disparo que mató a su padre; pero el primero en ser acribillado a tiros es John. Su viuda, Esme, decide volver con los suyos, los Lee, a la vida nómada de los gitanos. La familia responde reorganizándose.

Polly Gray todavía no ha conseguido perdonar a Tommy por lo que les hizo. Tanto es así que está dispuesta a traicionarle. Para ello se reúne con Luca Changretta (Adrien Brody) y le pide que deje a un lado a su hijo Michael y al resto; y a cambio, ella misma le entregará a su cabeza.

Descubrimos que Tommy fue miembro del partido comunista antes de ir a la guerra. En este tiempo ha ganado influencia política y aunque sigue viendo a Grace en sus alucinaciones, busca consuelo en los brazos de la fiel Lizzie, quien le confiesa que está embarazada y el hijo que espera es suyo.

Tras acribillar a John en la puerta de su casa, Luca Changretta y sus hombres les tienden una emboscada a los Shelby que sirve para distraerlos para ir tras Michael, quien se entera de los planes de su madre pero decide encubrirla y no decirle a Tommy que planea traicionarlo.

Pronto sabremos que no hay tal traición. Todo era un plan que Polly y Tommy habían armado para derrotar a Luca Changretta, cosa que hacen, pese a haber sido traicionados una vez más por Alfie Solomons.

En medio de la gran pelea de boxeo que han organizado Tommy y Alfie, se infiltran los hombres de Changretta y aparentemente matan a Arthur Shelby. La madre del capo habla con Tommy y le dice que solo pararán su venganza si le cede todos sus negocios. Aparentemente derrotado, Tommy accede. Pero en medio de la reunión, Arthur -que no estaba muerto- reaparece y le descerraja unos cuantos tiros a Changretta que acaban con su vida. El capo es asesinado y la amenaza eliminada.

Thomas decide enviar entonces a su primo Michael a los Estados Unidos para expandir el negocio. No es solo una promoción empresarial, Thomas está gestionando el negocio con fuertes tensiones familiares y su intuición le dice que Michael no es de fiar, por lo que decide poner a prueba su lealtad. En América Michael entrará en contacto con las redes de la mafia neoyorquina, mucho más sofisticada que el navajeo callejero de Birmingham y aprende a jugar a otra escala: la de las finanzas y las inversiones, para lo cual se requieren contactos y una mente más fría.

Tommy va en busca de Alfie quien lo ha traicionado y vendido a Changretta. Él sabe que viene a matarlo y le dice que no se moleste porque tiene un cáncer terminal. Pero, aún así, Tommy le dispara.

Meses después, es elegido nuevo representante del partido laborista en la Cámara de los Comunes.

TEMPORADA 5

Ambientada tras el crack del 29, la quinta temporada de los Peaky Blinders sigue a Tommy Shelby como miembro de la Cámara de Comunes, enfrentándose al ascenso del fascismo encarnado por Oswald Mosley (Sam Claflin), quien aspira a convertirse en el líder de la Unión Británica de Fascistas en los años 30.

Oswald mantiene una relación con Diana Mitford (Amber Anderson). Al igual que el de Mosley, el personaje está basado en una figura real, la aristócrata británica amiga de Adolf Hitler. Más decidida, fanatizada, fría y estratega que su amante quien había estado casada con Bryan Guinness, heredero de la familia Guinness, pero dejó ese matrimonio para unirse a Mosley, lo que en su momento fue un escándalo de alto voltaje en la aristocracia británica. Ambos se casaron en 1936, en una ceremonia bastante simbólica y polémica que tuvo lugar en la casa de Joseph Goebbels, con la presencia nada discreta del propio Führer en persona quien acudió como invitado.

Oswald y Mitford saben de las raíces gitanas de Tommy y le desprecian por ello, pero también conocen de su poder de penetración en la clase obrera e influencia política, como representante del partido laborista en la Cámara de los Comunes, por lo que le presionan para que se posicione a favor de su causa extorsionándole con el pasado como prostituta de Lizzie, con quien Thomas se ha casado y ha tenido una hija (un enlace más pragmático que romántico, casi administrativo, con una tensión emocional que nunca termina de resolverse). De hecho, Mosley dice haber sido uno de sus clientes y amenaza con desvelarlo públicamente, lo que sería todo un escándalo.

Arthur y Linda atraviesan una profunda crisis de pareja. Harta de la violencia y los excesos de su marido, a quien no ha podido alejar de sus adicciones, Linda ya no quiere “salvar» a Arthur, quiere huir de él. Desesperada, le dispara. Pero el destino interviene y Polly Gray le dispara a Linda antes de que lo mate. Linda sobrevive, pero en ese momento se rompe cualquier posibilidad de reconciliación entre ellos. Linda desaparece de la vida de Arthur que cae en picado. Sin Linda pierde ese freno moral que, aunque sin demasiado éxito, lo mantenía a flote. Y se hunde en la desesperación.

En esta temporada se produce también el regreso de Michael a Birgminham, a quien Tommy había enviado a expandir el negocio en los Estados Unidos. Vuelve casado con la ambiciosa Gina Gray (Anya Taylor-Joy), haciendo ostentación de su progreso en la vida y con una idea bastante clara: el futuro no está en las gorras con cuchilla y las apuestas, sino en transformarse en una corporación mafiosa que opere a gran escala. Gina no hace buenas migas con la familia de su marido y echa más gasolina al fuego, empujando a Michael a pensar a lo grande, incluso si ello supone confrontar directamente a Tommy. Ya no se siente un subordinado, cree ser la alternativa para el relevo generacional, soñando con ceñirse la corona del jefe de los Peaky Blinders para quien se convierte en un peligroso rival. Acaso el más peligroso de todos, al ser de su propia sangre. Es el hijo de Polly. A quien pone en un serio dilema al tener que elegir entre su hijo y su sobrino.

El tío de Gina es un fiel seguidor de las ideas fascistas de Mosley y le brinda su apoyo económico y político desde los Estados Unidos. Gina les presenta a Ada y éstos le piden que organice un encuentro para conocer a Tommy. Lo que ocurre en una cena en casa de este, a la que acuden también el tío de Gina, Jack Nelson (James Frecheville), un poderoso empresario y figura política estadounidense con conexiones algo turbias dentro del crimen organizado y Laura McKee (Charlene McKenna), una agente del IRA a la que Tommy Shelby ya conoce.

Mosley invita a Tommy a fijar posición durante el acto de presentación de su movimiento político y este idea un plan para hacerle creer que va a apoyarle, a fin de infiltrarse en el círculo de Mosley y sabotearlo desde dentro. Lo que incluye asesinarle durante el mítin, con la ayuda de los Peaky Blinders y los movimientos antifascistas que lidera la joven comunista Jessie Eden (Charlie Murphy), amiga de Ada, (el personaje está inspirado en una figura real, una sindicalista muy activa en Birmingham durante los años 30, conocida por organizar huelgas masivas y plantar cara tanto a los empresarios como a figuras como Mosley. En la serie, su relación con Tommy Shelby no es solo personal, también es un pulso ideológico: ambición empresarial frente a organización obrera).

El plan se organiza concienzudamente pero falla en el último momento debido a un chivatazo. La temporada termina con Thomas al borde del colapso mental, sospechando de todo y de todos, incapaz de identificar a quien lo ha traicionado y sintiendo que un serio peligro acecha a su familia.

TEMPORADA 6

La temporada se abre con un inesperado funeral. El de Polly Gray, quien se supone que es asesinada por el IRA. La familia busca vengarse de quien haya sido y Thomas se culpa de ello, pensando que su colaboración con el gobierno británico ha podido ser la causa. Michael también le culpa de la muerte de su madre y planea destruirlo.

Por su parte, Michael Gray -que ha vuelto con Gina a los Estados Unidos- es detenido en Detroit por fraude e irregularidades financieras a raíz del crack económico, tras meterse en negocios turbios y aguas más profundas de las que podía controlar, ha perdido buena parte del capital de la familia Shelby, emprendiendo una serie de malas inversiones. Su mujer Gina lo visita entre rejas.

Tommy decide viajar a Boston para reunirse con Gina, pero no es una visita social ni familiar. Michael está completamente enfrentado a Tommy y Gina se ha convertido en una figura clave dentro de esa facción americana del negocio, con conexiones poderosas a través de su tío, que simpatiza con el emergente fascismo europeo. Tomy necesita renegociar alianzas, medir el poder real de Gina y sus contactos y, sobre todo, anticiparse a los posibles movimientos de Michael. En realidad no va a ver a Gina sino a calibrar la situación y ver a qué peligro se enfrenta.

Lo de Polly lo destroza, pero no es la única muerte que habrá de sobrellevar. Lizzie y Tommy pierden a Ruby, su pequeña hija, a causa de una tuberculosis, una enfermedad bastante común (y peligrosa) en esa época. La niña presenta síntomas como fiebre alta, delirios y debilidad extrema, hasta que finalmente su cuerpo no resiste.

La serie envuelve su enfermedad en un halo de esoterismo. Ruby dice palabras en romaní y tiene visiones extrañas. Desesperado por la idea de perder también a su única hija, Thomas Shelby, que no ha dejado de tener alucinaciones desde que volvió de la guerra, llega a creer que su hija está maldita y entra en un estado de desesperación que desequilibra por completo su mente y le lleva a aferrarse a sus raíces cíngaras, con la esperanza de hallar una cura milagrosa que salve a su hija. Por lo que abandona a Lizzie en el hospital donde Ruby agoniza y parte a los caminos en busca de Esme. Lo que encuentra no es la cura para Ruby, sino una verdad que había ignorado hasta ahora. La existencia de un hijo ilegítimo, concebido en su juventud, una noche de feria, al acostarse con una gitana de nombre Zelda.

Las alucinaciones en su caso han ido a más y ahora es capaz de ver a Grace a todas horas. Pero su salud se deteriora y sufre fuertes dolores por lo que se mantiene a base de morfina. Tras hacerse un chequeo médico recibe un diagnóstico terminal que decide ocultar a su familia, pero Arthur descubre su secreto. Tommy sufre un tumor cerebral que será el que consiga lo que nadie hasta ahora ha podido: acabar con él. Arthur que ha vuelto con Linda y está en proceso de desintoxicación no puede asumir la noticia y cae de nuevo en el descontrol absoluto de sus adicciones.

Ni su mujer ni el resto de la familia entienden el por qué de las decisiones de Tommy, cada vez más erráticas (posteriormente, se descubrirá que el diagnóstico era parte de un complot para manipularle). Al volver junto a Lizzie al hospital, Ruby ya ha muerto, con lo que se completa su descenso a los infiernos.

Incapaz de asumir la pérdida de su hijita y la de todos los seres queridos que ha ido dejando por el camino, de cuya muerte se hace a si mismo responsable, Thomas Shelby toma la decisión de poner sus asuntos en orden antes de suicidarse y eso incluye acabar con sus enemigos, aunque sean sangre de su sangre.

Conocedor del plan de Michael para vengarse de él, se anticipa a la jugada y logra eliminarlo antes. Después, hace que el resto de la familia conozca a su hijo bastardo, Duque. Lo que colma el vaso de Lizzie quien, rota de dolor por la muerte de Ruby y la ausencia y las infidelidades de Tommy, decide abandonarle.

El pequeño Charlie (el hijo de Grace que ella ha criado como si fuera suyo) decide que quiere vivir con ella, en lugar de quedarse con su padre, que «nunca está”, le dice. Y Thomas accede pensando que es lo mejor para él. A continuación, vuela por los aires la mansión familiar donando los terrenos para construir viviendas de uso social.

Tras reunirles en una última comida familiar al aire libre, se despide de los pocos seres queridos que le quedan vivos, pidiéndole a Charlie que le pida perdón a “su madre” (Lizzie). Y le dice algo al oído a su otro hijo ilegítimo.

Después se marcha sin decirles a dónde va. Ha dispuesto una caravana con sus cosas a modo de féretro y, cuando está a punto de pegarse un tiro, escucha la voz de su hija Ruby. Al asomarse, la niña corre hacia él y le abraza pidiéndole que siga viviendo. Por lo que prende fuego al carromato y parte cabalgando a lomos del caballo blanco que pertenecía a su hija hacia no se sabe dónde.

TIERRA DE MAFIOSOS

Existen al menos dos subgéneros dentro de las películas y series de gánsteres y clanes mafiosos. Por un lado, están las clásicas sobre la “mafia” italoamericana que a menudo incurren en cierta mitificación nostálgica, como las de Scorsese o “El Padrino” de Coppola, o los “Peaky Blinders” en su versión británica y, por otro, están las nuevas ficciones que buscan una aproximación más contemporánea a las nuevas sagas del crimen organizado y sus nuevos negocios, casi siempre vinculados al narcotráfico, con una combinación de realismo y humor negro, como en “Los Soprano”, o en una línea más violenta y bizarra, como en “Ozark”, “Gomorra” y “Narcos”.

“Tierra de mafiosos” (“MobLand”) pertenece más bien a la segunda categoría y, es tal el talento que reúne, que resulta difícil no rendirse a ella. Creada por Ronan Bennett (guionista de “Public Enemies” la película de Michael Mann sobre el asaltante de bancos John Herbert Dillinger, y creador de series del género como “Chacal” o ‘Top boy‘), se trata de un show adictivo, en cuyos dos primeros episodios se aprecia la estilosa dirección de Guy Ritchie (cineasta irregular y ex marido de la cantante Madonna) y en la que estrellas de la talla de Tom Hardy, Pierce Brosnan o Helen Mirren ponen lo mejor de su registro interpretativo (que es mucho) a servicio de un drama sobre dos clanes enfrentados por el control de toda clase de negocios turbios: armas, joyas y fentanilo… la droga de moda.

La acción transcurre en Londres y tiene como nexo conductor de las distintas tramas a Harry Da Souza (Tom Hardy), un tipo duro que se ha ganado el respeto de los bajos fondos, pero sabe que no debe confiarse en que eso garantice su seguridad y la de los suyos.

El protagonista de “Venom” es el principal atractivo de esta intensa, violenta y pasada de rosca serie sobre un clan mafioso de origen irlandés. Harry es el solucionador de problemas de la familia Harrigan, cuyo patriarca, Conrad (Pierce Brosnan), lo adoptó como hijo putativo desde que compartiera cárcel con su segundo vástago. Ambos construyen una relación casi paterno-filial que pivota entre la admiración mutua y la desconfianza inevitable en el mundo del crimen.

Los Harrigan son los Corleone mezclados con los Borgia, una familia liderada por un psicópata y una lunática: Conrad y su calculadora mujer Maeve (Helen Mirren), auténtica líder del clan, una arpía que oficia de Lady Macbeth intrigando y manipulando a los suyos para preservar sus propios intereses y el buen nombre de la familia, que debe ser temido y respetado. Ambos controlan su imperio con mano de hierro, desde la propiedad familiar en los Cotswolds. Pero se trata de dos personajes shakespeareanos cuyas acciones y decisiones despiadadas no hacen más que meter a todos en líos. Y ahí está Harry, el esforzado bulldog, repartiendo golpes y pidiendo favores para lograr que los miembros del clan no se autoliquiden o no los liquiden desde afuera.

Lamentablemente, la segunda generación no parece estar a la altura: Brendan (Daniel Betts), el primogénito, es algo así como el Freddo de la familia: un inútil integral que ha sido cancelado por sus propios progenitores a causa de sus errores del pasado; mientras el segundo hijo, Kevin (Paddy Considine), sufre secuelas psicológicas por los abusos vividos en prisión y arrastra el complejo de haberse casado con Bella (Lara Pulver), una de las muchas amantes de su mujeriego padre. Su hermanastra, Seraphina (Mandeep Dhillon), concebida por Conrad fuera del matrimonio y por quien este siente debilidad, parece ser la más capaz e intenta conquistar un lugar en la familia valiéndose del favor paterno, ante el desprecio manifiesto de Maeve, quien siempre la considerará una bastarda concebida en «los meaderos» (urinarios) dublineses.

Harry es un trabajador eficiente, el consiglieri de acción y encargado de la seguridad, experto en “limpiar” la escena del crimen y en “arreglar” toda clase de tropiezos y malas decisiones de los miembros de la familia, a quienes protege de sus enemigos, sin que le tiemble el pulso. No es un héroe ni un villano, sino un profesional atrapado en una red de lealtades tóxicas, donde cada decisión le puede costar la vida.

Al comienzo de la serie, recibe el encargo de solucionar un incidente en una discoteca, en el que se ha visto envuelto el nieto de Conrad, Eddie (Anson Boon), hijo de Kevin. Un joven de temperamento incontrolable, arrogante y agresivo, adicto a la cocaína y consentido por su abuela, que le ha hecho creer que es el elegido para ocupar un día el trono de su abuelo.

Eddie apuñala a un chaval estando de fiesta con unos amigos, entre los cuales se encuentra el hijo de Richie Stevenson (Geoff Bell), capo de una banda rival, quien desaparece misteriosamente esa noche y cuyo cadáver es encontrado días después, descuartizado. Todo apunta a que ha sido obra de Eddie, por lo que una guerra está a punto de estallar entre los Harrigan y los Stevenson. La resolución del conflicto es, por supuesto, expeditiva. Y, a partir de ese momento, la tensión no parar de crecer. Lo que significa que se le acumulan los problemas a Harry. Pero ese hombre en apariencia tranquilo, de cuerpo macizo y expresión imperturbable, siempre cabizbajo, hablando entre dientes, con la mirada penetrante, se debate entre su lealtad a los Harrigan, para quienes se ha vuelto imprescindible y la que le debe a su esposa, Jan (Joanne Froggat) que insiste en hacer terapia conyugal, y a su hija, Gina.  El enigma que anida en sus motivaciones es lo que otorga a la serie su mayor intriga. ¿Tendrá que elegir entre ambos mundos? ¿es posible abandonar el crimen organizado y seguir con vida?

Con sus vendettas, sus asesinatos a sangre fría y sus peleas salvajes en viejos clubes de boxeo, sus explosiones, persecuciones y ajusticiamientos masivos, “Tierra de Mafiosos” no desprecia los arquetipos, pese a que se mueve en esa zona limítrofe entre el thriller mafioso más clásico y la aparatosidad del género en su versión británica, moderna y pop (la canción de apertura es Starburster un conocido tema de Fontaines D.C.y en su banda sonora se incluyen temas de The Prodigy, The Clash, Nick Cave &The Bad Sees, Fleetwood Mac, el The best in me de John Cash o Sympathy for the devil de The Rolling Stones).

La relación de Conrad Harrigan con sus viejos amigos del pasado a la luz de las traiciones del presente y los nuevos acuerdos por el fentanilo cuyo negocio domina Richie Stevenson (Geoff Bell) en el sur de Londres. Todo ello compone una atmósfera que se debate entre la mística de la tradición y la lealtad a los lazos de sangre y la cruda violencia del mundo en que vivimos. Aunque consigue suavizar los dilemas morales con una buena dosis de humor negro y lo que alguien ha definido como estética del “cosmopaletismo”, presente en la vulgaridad con la que los miembros de esta familia de irlandeses chiflados hacen ostentación de su posición privilegiada y se relacionan entre ellos.

Como advierte con acierto un conocido crítico argentino: “Mobland no intenta reinventar la pólvora ni elevar el género sino que usa todos sus clichés con redoble de tambores incluido. El combo no debería funcionar pero por lo general funciona. Uno preferiría un mayor grado de verosimilitud en torno a lo que sucede, pero a la vez es innegable lo divertido que resulta ver a Brosnan y a Mirren actuando como si estuvieran en el Royal Shakespeare Theatre haciendo versiones scorseseanas de Ricardo III y Lady Macbeth. Uno sabe que la serie corre en todo momento el riesgo de irse al diablo, pero a la vez tiene la confianza de que ante cualquier problema llegará Tom Hardy, mirará al piso, levantará la vista y casi sin mover un músculo te convencerá de seguir viéndola. Animate vos a decirle que no…”

Título original: MobLand

Año: 2025

Duración: 10 episodios 50 min.

País: Estados Unidos-Reino Unido

Dirección: Guy Ritchie, Anthony Byrne, Lawrence Gough, Daniel Syrkin

Guion: Ronan Bennett

Reparto: Tom Hardy, Pierce Brosnan, Helen Mirren, Paddy Considine, Joanne Froggatt, Lara Pulvert, Anson Boon, Geoff Bell, Mandeep Dhillon.

Música: Ilan Eshkeri

Fotografía: Si Bell, Stephan Pehrsson, Baz Irvine, David Katznelson

Compañías: 101 Studios, MTV Entertainment Studios, MTV Studios, Showtime, Toff Guy Films. Distribuidora: Paramount+

Género: Serie de TV. Thriller. Crimen. Mafia

PEAKY BLINDERS

A la espera de la película que sus creadores anuncian ya a modo de secuela, los “fucking Peaky Blinders” han bajado la persiana del pub Garrison y han dejado a su legión de seguidores sedienta de más sangre y de más whisky (irlandés, no escocés), con esa sensación de ansia y de vacío que tienen los grandes finales inconclusos.

Y es que, como explicaba Mariló García en El País al poco tiempo de su estreno en 2013, la serie original de la BBC “llegó como algo modesto, pequeño, solo para una minoría, y acabó convirtiéndose en un fenómeno mundial” gracias a Netflix que la globalizó y multiplicó su popularidad y al reconocimiento que merece todo trabajo bien realizado, hasta llegar a ser considerada la mejor serie de culto de la última década, lo que la ha hecho durar seis temporadas.

“Peaky Blinders” es una joya. Un clásico contemporáneo que no solo engancha por la calidad de su argumento y el brillante trabajo de su excepcional elenco de actores y actrices, sino por su ritmo trepidante, su impactante fotografía e impecable ambientación que abarca desde finales del siglo XIX a las tres primeras décadas del XX, y por una potente y vigorosa banda sonora con temas de Arctic Monkeys, David Bowie, Radiohead, PJ Harvey, Johnny Cash o The White Stripes, que por si fuera poco incluye la gran sintonía de apertura, «Red Right Hand» de Nick Cave and The Bad Seeds.

“No hay serie de ficción hoy en día donde se fume más -ni donde se beba más- ni donde se vista tan bien…”, escribía García, en alusión a un estilo de peinado e indumentaria que se han hecho célebres. Boinas caladas que ocultan la mirada y dejan al descubierto la nuca rapada, trajes de tres pieza de tejido grueso, relojes de bolsillo con leontina, pañuelos anudados al cuello, tirantes de botones, gemelos y botas con puntera dorada… accesorios convertidos en tendencia de moda joven gracias a la percha y el porte de un protagonista tan carismático, enigmático y elegante como Thomas Shelby, brillantemente interpretado por el actor Cillian Murphy (a quien pocos recuerdan ya como el extravagante Espantapájaros del “Batman” de Cristopher Nolan), en el que se considera el mejor papel de su carrera hasta ahora.

Steven Knight (guionista de la magnífica “Eastern Promises” (2007) de David Cronenberg, de “Las crónicas de Narnia: la travesía del viajero del alba” (2010) y de la biográfica “Spencer” (2021) de Pablo Larraín) es el creador y guionista de esta maravilla del streaming producida por una cadena de televisión que tiene por norma la perfección. Aunque, con la epopeya familiar de estos violentos gánsteres romaníes de origen irlandés, la factoría audiovisual de la TV pública inglesa haya roto moldes, alejándose de las grandes mansiones y palacios de la aristocracia y la realeza británicas, para meterse de cabeza en los húmedos y peligrosos suburbios y calles ennegrecidas por el barro y el carbón de las fábricas del corazón de una Inglaterra en plena depresión industrial, durante los años posteriores a la Gran Guerra que dejó a sus soldados física y psicológicamente rotos, sin ofrecerles más salida de futuro que la de convertirse en maleantes y criminales.

Remontándonos a los orígenes, cabe recordar que esta historia da comienzo en 1919, cuando la Primera Guerra Mundial llega a su fin y Europa se prepara para un triste y complicado proceso de reconstrucción que entonces se pensaba que correspondería a un periodo de postguerra, sin que sus traumatizados y arruinados ciudadanos pudiesen sospechar siquiera que lo que estaban viviendo era más bien un tiempo de entreguerras, dado los acontecimientos que tuvieron lugar durante el mismo y que precipitaron una segunda contienda bélica en el viejo continente de trágica repercusión mundial.

Es en esos años cuando Thomas Shelby (Cillian Murphy), sus hermanos Arthur y John, y otros chicarrones de la grisácea Birmingham, alistados como voluntarios para combatir a las órdenes del ejército británico en Francia, regresan a casa, tras haber conseguido derrotar a los tres grandes imperios que quedaban en pie.

Pese a haberles sido concedida alguna que otra medalla al mérito (caso de Thomas, con rango de Sargento Mayor, condecorado por su heroica labor como zapador, excavando túneles y trincheras), los jóvenes excombatientes comprenden amargamente que no va a haber desfiles de bienvenida para ellos, ni discursos oficiales en los que se les agradezca su patriotismo tras arriesgar la vida por su país. Por el contrario, sus vecinos los miran con recelo, debido a los traumas y trastornos psicológicos que la mayoría de ellos acarrea a resultas del horror vivido.

Lo que se encuentran a su llegada es una sociedad desesperanzada y abatida, en la que la miseria, la falta de oportunidades y la dura lucha por la supervivencia envilecen al género humano casi tanto, o más, que la propia guerra librada en el campo de batalla.

De sangre gitana y huérfanos de madre, quien se suicidó arrojándose al canal víctima de una depresión, los Shelby tampoco tienen padre (un timador de baja estofa que los abandonó para poner rumbo a las Américas, a quien da vida el actor Tommy Flanagan en una breve incursión al principio de la serie). Se trata de tres hermanos con un carácter totalmente distinto. El mayor de ellos, Arthur (Paul Anderson) es un hombre de escasas luces, paranoico y lleno de furia, llamado a ser el cabeza de familia, posición que le correspondería como primogénito pero que es incapaz de asumir dada su inestabilidad emocional. Alcohólico y drogadicto, se convierte a cambio en el fiel brazo ejecutor de las órdenes de su hermano Thommy y en el matón oficial de la familia. Mientras John (Joe Cole), el menor de los tres, es un joven impetuoso que le secunda en sus fechorías, encargándose ambos de hacer el «trabajo sucio».

Durante el tiempo en el que han estado fuera (cuatro años), su hermana Ada (Sophie Rundle) y su pequeño hermano Finn (Alfie Evans-Meese/Harry Kirton) han estado al cuidado de Elizabeth Gray, la “tía Polly” (que encarna la actriz Helen McCrory, a quien algunos recordarán como la madre de Drako Malfoy en la saga de “Harry Potter”, fallecida el año pasado a causa de un cáncer), auténtica matriarca del clan y descendiente de una estirpe reyes, con dotes para la videncia y un fuerte y resolutivo temperamento.

En ausencia de los varones de la familia, Polly se ha encargado de que los Shelby sobrevivan y se hayan hecho fuertes en su territorio gracias al negocio ilegal de las apuestas clandestinas en carreras de caballos. Pero, a la vuelta de sus sobrinos, decide hacerse a un lado, manteniéndose en un discreto segundo plano, dada su condición de mujer en un mundo de hombres, sin dejar de aportar un punto de vista alternativo cuando de asuntos familiares se trata.

A semejanza de la Carmela de “Los Soprano”, la Gemma Teller de “Sons of Anarchy”, la Skyler White de “Breaking Bad”, la Margaret Thompson de “Boardwalk Empire” o la Claire Underwood de “House of Cards”, la inteligencia y astucia de esta fémina de armas tomar, que no parece tener problema en mezclar la fe católica con el esoterismo y el ocultismo, juegan un papel clave en las actividades de la familia, cuyas decisiones se toman inicialmente de forma asamblearia. Es ella quien controla la tesorería y la contabilidad de la Shelby S.L. Pero, más allá de eso, Elizabeth Gray es el auténtico contrapeso de Thommy, cuya ambición y temeridad no conoce límites, la única que tiene el valor de enfrentarlo y de cuestionar sus iniciativas aunque, al fin y a la postre, ambos funcionen como la misma persona y compartan el mismo objetivo: diversificar, expandir, blanquear y legalizar al menos parte del negocio y seguir aumentando sus beneficios, aunque para ello tengan que sobornar y/o combatir a las fuerzas del orden y extorsionar y liquidar sin piedad a sus enemigos.

Obsesionado con salir de la miseria del barrio obrero y ascender en la escala social hasta convertir a los suyos en una de las familias más poderosas y temidas (si no respetables) de Inglaterra, la primera vez que vemos en pantalla a Thomas Shelby, en una escena que parece extraída de algún western clásico, es un jinete a lomos de un enorme corcel negro. Solo que ese pistolero a caballo, al que todo el mundo conoce (y teme) por su apellido, que monta un numerito de brujería ante la atenta mirada del vecindario, no usa sombrero de cowboy, sino una boina irlandesa convertida en arma blanca mediante unas cuchillas estratégicamente incrustadas en su visera que tienen como finalidad rajar el rostro y cegar a sus oponentes con la sangre derramada. De ahí el nombre de la banda, cuyos continuos enfrentamientos con otras pandillas rivales suelen rayar en lo más gore.

Sin llegar a ser histórica, la serie se apoya en hechos y personajes que existieron en la vida real, de los que su creador, nacido precisamente en Small Heath (uno de los arrabales de Birmingham, feudo de los “Peaky Blinders” que controlaban la calle Adderley y, por extensión, el barrio de Bordesley, a finales del siglo XIX y principios del XX, y de otros clanes mafiosos como los “Birmingham Boys”) tuvo conocimiento gracias a las leyendas de los lugareños.

Según explica Steven Knight, la peligrosa banda original estuvo activa entre 1890 y 1920 y estaba integrada por chavales de muy corta edad (incluso hay fichas policiales que confirman que tenían a niños de 12 años trabajando para ellos). Tal como sucede en la ficción, sus miembros vestían con cierta elegancia que contrastaba con la brutalidad de la que eran capaces cuando se enfrentaban a bandas rivales y no dudaban en cortar orejas, cuellos, ojos y otras partes del cuerpo. Incluso llegaron a perder parte su poder ante los “Birmingham Boys”, liderados por un hombre llamado Billy Kimber (interpretado por Charlie Creed-Miles) que llegó a ser el capo más poderoso del Londres de la época, en quien se dice que podría estar inspirado el personaje de Thomas Shelby.

Perturbado por los recuerdos de la guerra, durante las primeras temporadas vemos al cabecilla de los “Peaky Blinders” consumir opio regularmente, especialmente por las noches, cuando se enfrenta a sus peores pesadillas y alucinaciones, intentando borrar los desagradables recuerdos que le impiden conciliar el sueño. Sin embargo, su carácter indómito y combativo harán que, a diferencia de su hermano Arthur -extraviado en los laberintos del alcohol, la cocaína y la heroína- se sobreponga a sus heridas para convertirse en uno de los hombres más notorios de Inglaterra, irrumpiendo en política como representante del partido laborista en la Cámara de los Comunes, pese a su largo historial criminal y delictivo, llegando a codearse con el mismísimo Winston Churchill (Neil Maskell).

Es en ese punto donde arranca la sexta y última temporada que acaba de estrenarse, en la que los Shelby y sus asociados ya no son gente de la peor calaña que deambula por los polvorientos caminos en coloridos carromatos. Ahora visten los mejores trajes, conducen los mejores coches y viven en las mejores casas, pero para sus adversarios siguen siendo unos sucios gitanos. Especialmente para Sir Oswald Mosley (Sam Claflin), quien fuera en la vida real un militar y político inglés, profundamente clasista y antisemita, fundador de la Unión Británica de Fascistas; al igual que su amante y principal promotora, la temible y arrogante Lady Diana Midford (Amber Anderson), ex mujer del heredero de la fábrica de cerveza Guinness y del título de Barón de Moyne, Sir Bryan Walter Guinness, íntima amiga de Hitler, que estuvo presente en su boda con Mosley celebrada en Berlín.

Tras cinco temporadas anteriores en las que los miembros de la peligrosa banda de Birmingham han tenido que librar cruentas y despiadadas batallas con otros clanes de diversas etnias (judíos, chinos e italianos) ligados al hampa, enfrentándose a los más poderosos enemigos (entre los que se incluyen el IRA y la mafia rusa) por el control de sus turbios negocios que van, desde las apuestas en carreras de caballos, combates de boxeo y partidos de fútbol amañados, hasta el tráfico de armas o de alcohol y otras sustancias ilegales, como el opio; Thomas Shelby continúa buscando la horma de su zapato o, lo que es lo mismo, un enemigo al que no sea capaz de batir, como lo hiciera antes con Chester Campbell (Sam Neill, “Jurassic Park”), un policía enviado por el Rey Jorge a Birmingham para «hacer limpieza» de pandilleros, mafiosos y comunistas revolucionarios; Alfie Solomons (Tom Hardy, “Venom”, “Dunkerque”, “Mad Max: furia en la carretera”), un histriónico judío londinense, nada de fiar, que dirige su propia banda criminal dedicada a la destilería y exportación de ron; Darby Sabini (Noah Taylor, “Juego de Tronos” y “Charlie y la fábrica de chocolate”), representante de la mafia italiana (quien fuera otro de los capos más poderosos y temidos de Inglaterra); o Luca Changretta (el galardonado Adrien Brody de “El Pianista” y “Gran Hotel Budapest”), un mafioso neoyorkino obsesionado con vengar la muerte de su padre.

En la línea de “El padrino” (The Godfather, 1972), “Los Intocables de Eliot Ness” (The Untouchables, 1987) o “Érase una vez en América” (Once Upon a Time in America, 1984), la Ley del Talión (ojo por ojo) y el sagrado culto a la familia que impera en toda organización mafiosa que se precie es, como cabría esperar, el hilo conductor del devenir de esta banda delictiva a la que se van sumando nuevos miembros a medida que la muerte va alcanzando a algunos otros, en cuyo responso final se recita invariablemente el primer verso de la letra de la canción de Navidad In the Bleak Midwinter, de la escritora victoriana Christina Rossetti: “En el medio del sombrío invierno…”

Pero, más allá del drama sentimental y familiar que articula su argumento y que pivota en buena medida sobre las relaciones íntimas y amorosas de los hermanos Shelby con sus respectivas mujeres -la dulce y altruista Grace (Annabelle Wallis) y la abnegada y rehabilitada Lizzie (Natasha O’Keeffe), quien en tiempos ejerciera la prostitución, en el caso de Thommy; la puritana Linda (Kate Phillips) que intenta meter en vereda a Arthur o la zíngara Esme (Aimee-Ffion Edwards), que deserta de la familia y se echa a los caminos con sus hijos al quedarse viuda de John, todas ellas sometidas a los códigos de sumisión y de machismo que rigen ese tipo de clanes- “Peake Blinders” aborda al menos de manera tangencial algunos de los principales asuntos que marcaron época en esos años. Y ello porque la acción de desarrolla en un tiempo convulso que sirvió de caldo de cultivo a intentonas revolucionarias de distinto signo.

Si el avance del comunismo y la lucha sindical obrera, la ley seca, el crac de la bolsa de Nueva York o el incipiente discurso de reivindicación feminista son algunos de los temas sobre los que sobrevuelan las cinco primeras temporadas de esta serie coral antológica, repleta de subtramas, la sexta y última hace referencia al surgimiento y expansión del fascismo en territorio británico, en consonancia con los postulados clasistas y antisemitas del nacionalsocialismo alemán que comenzaba a tomar fuerza en Europa por aquellos años. 

Hundido por el desprecio y el abandono de los suyos, en sus últimos capítulos, el «hombre fuerte» del clan Shelby sufrirá una nueva y dura pérdida familiar tras la trágica muerte de John, la tía Polly y Aberama Gold (Aidan Gillen) e intentará redimirse completando la complicada estrategia que puso en marcha en la temporada anterior, destinada a frenar las intenciones de Mosley de convertir el imperio británico en aliado del III Reich, haciéndole creer que está dispuesto a colaborar con su causa, al prestarse a ser su enlace con Jack Nelson (James Frecheville), un poderoso capo neoyorkino que se ha ganado la confianza del Presidente Roosevelt, quien resulta ser tío de Gina Gray (Anya Taylor-Joy, Gambito de Dama), la mujer de su primo Michael (Finn Cole), que ha prometido acabar con Thommy haciéndole responsable de la muerte de su madre.

De entre las numerosas escenas de oro puro que componen esta nueva entrega cuyo visionado resulta ser un placer agridulce a sabiendas de que la historia va llegando a su fin, destaco una que, en mi opinión, refleja la brillantez e inteligencia de sus guionistas a la hora de retratar la historia con espíritu crítico para prevenir que se repita.

Convertido ya en un influyente congresista del partido laborista, Thomas Shelby se reúne con Laura McKee (Charlene McKenna), representante del IRA, a quien intenta implicar en la operación que ha puesto en marcha para engañar a Mosley. Extrañada porque el líder de los «Peaky Blinders» esté dispuesto a colaborar con el representante de la ultraderecha británica, McKee, a quien todos conocen como la «Capitana Swing», le dice a Thommy que creía que era socialista. Su elocuente respuesta es toda una editorial sobre la forma en la que los creadores de la serie entienden el juego de la política:

“Al entrar en política he visto que no hay una línea que divida a la izquierda de la derecha, sino un círculo”, dice Thommy. “Si va muy a la izquierda acabará encontrándose con alguien que ha ido muy a la derecha y llegarán al mismo lugar”, explica trazando un círculo con una huella de agua en la mesa. “Socialistas obreros, como yo; y nacionalistas obreras, como usted. El resultado: el nacionalsocialismo. Y en medio estoy yo, intentando ganarme la vida honradamente en un mundo sombrío”.  

La contraposición entre ciencia y superstición está asimismo muy presente a lo largo de esta última entrega, casi propia del realismo mágico, cuyo final abre un universo de posibilidades a esa película que el fandom de la serie espera ya con impaciencia y cuyo estreno está anunciado para 2024.

Título original: Peaky Blinders

Año: 2013-2022

Duración: 60 min.

País: Reino Unido

Dirección: Steven Knight (Creador), Colm McCarthy, Tim Mielants, Otto Bathurst, Tom Harper, David Caffrey

Guion: Steven Knight, Toby Finlay, Stephen Russell

Música: Martin Phipps

Fotografía: George Steel

Reparto: Cillian Murphy, Sam Neill, Paul Anderson, Helen McCrory, Joe Cole, Sophie Rundle, Eric Campbell, Ned Dennehy, Annabelle Wallis, Tom Hardy, Tony Pitts, Ian Peck, Adrien Brody...

Productora: BBC, Caryn Mandabach Productions. 

Distribuidora: BBC, Netflix

Género: Serie de TV. Drama. Thriller | Mafia. Años 20. Crimen. Neo-noir

MARE OF EASTTOWN

Difícilmente podía imaginar David Lynch, cuando rodó la escena en la que el cuerpo sin vida de Laura Palmer aparecía flotando en el río, envuelto en una bolsa de plástico, que la que fuera su gran obra maestra dentro del género policíaco de suspense se convertiría en fenómeno de culto y fuente de inspiración para cientos de realizadores que, a lo largo de los treinta años posteriores a su estreno, han intentado emularla sin mayor pena ni gloria.

El último de ellos es Brad Ingelsby, creador de la serie “Mare of Easttown” de HBO, que cuenta con la invalorable baza de tener a la gran-diosa Kate Winslet como productora y actriz protagonista. Aunque, en este caso, se trata de una miniserie policíaca muy bien contada, que pese a guardar obvias semejanzas con la mítica producción del singular director norteamericano, está muy lejos de su recurrente apuesta por la pincelada surrealista.

Al igual que en “Twin Peaks”, todo sucede en una pequeña población ribereña situada entre montañas, en este caso las de Pensilvania, en la que todos sus habitantes se conocen o están emparentados. Un lugar donde casi nunca pasa nada relevante o digno de salir en las noticias y en el que nadie parece ser demasiado feliz.

Tras una breve introducción que nos adentra en los pormenores de la vida (nada fácil) de los personajes principales, la acción propiamente dicha se inicia con el hallazgo del cadáver de Erin McMeanamin (Cailee Spaeny), una joven adolescente y madre soltera, cuyo cuerpo sin vida aparece, totalmente desnudo, en el cauce del río que atraviesa los bosques de la región. La inspectora Mare Sheenan (Winslet) será la encargada de investigar el caso hasta hallar al culpable. Pero, en el proceso, deberá lidiar con sus propios demonios personales y familiares.

Marcada por el suicidio de su único hijo varón, que no logra superar y que consiguió arruinar su matrimonio, la vida de Mare tampoco es precisamente de color de rosa, teniendo que ejercer a la vez de madre (tiene otra hija adolescente bastante rebelde con la que vive en pie de guerra), de hija (su madre,  la genial Jean Smart, con quien se lleva también como el perro y el gato, se ha mudado a vivir con ella) y de abuela, al haberse tenido que hacer cargo de un niño de cuatro años, concebido por su hijo muerto con una exyonqui que ahora reclama su custodia.

Por si esto fuera poco, profesionalmente la inspectora Sheenan acusa el síndrome del perdedor, al no haber sido capaz de resolver la desaparición de otra joven de la región, cuya madre (de quien había sido amiga desde el instituto) la culpa de ello.

Con una imagen desaliñada y algunos kilos de más que siempre se ha preocupado de mantener a raya, Winslet construye, en plena madurez, un personaje rotundo y adolorido, el de una mujer fuerte (al menos en apariencia), con un profundo poso de amargura y frustración, exhibiendo sus mejores dotes interpretativas en su vuelta a la pantalla chica (las mismas que hace diez años le hicieron ganar el Emmy a la mejor actriz por «Mildred Pierce«, otra serie de HBO).

“Ahora que ya tengo más de 40 me interesa representar personajes reales, poco glamorosos, antes que ideales e inalcanzables”, contaba en una extensa entrevista con el sitio Brief Take quien alcanzara la eternidad y la fama meteóricas en los noventa, nada más dar el salto a Hollywood, gracias a la épica de James Cameron, interpretando a la voluptuosa Rose de “Titanic”; aquella veinteañera australiana a la que Jane Campion imaginó abducida por un gurú de la india de nombre Baba (Harvey Keitel) al que quiso entregarse en cuerpo y alma en “Holly Smoke”; la adolescente pletórica de furia y escándalo que filmó Peter Jackson en “Criaturas celestiales”; la enamoradiza Marianne Dashwood de “Sentido y Sensibilidad”, la carcelera nazi que intercambiaba literatura por sexo en “The Reader”, la Ofelia que se resistió al academicismo de Kenneth Branagh en su adaptación del “Hamlet” de Shakespeare o la temible Myrtle Dunnage en esa extrañísima combinación de spaguetti-western, comedia negra, melodrama romántico, dibujo animado, slapstick y cine social que es “The Dessmaker”… y tantas y tantas mujeres más, de distintas edades y épocas, que la han conducido hasta aquí.

Como escribe el crítico de cine de Página 12, “interpretando a Mare y su sombrío estoicismo, en una era sin proezas ni artificios, Winslet persigue los trazos de un crimen como los de su propia verdad, con esa sublime entereza, aferrada a los mundos que ha habitado, como si fueran ecos de su propia esencia…”

Para este nuevo trabajo televisivo, la actriz, de formación y origen británicos, se ha empleado a conciencia. No sólo se empeñó en aprender, con notable precisión, el acento del condado de Delaware (el “delco”), de donde es oriundo el creador de la serie, sino que no ha dudado en sacrificar su innegable belleza y utilizar su propia fisonomía para reflejar todo el impacto de la tragedia vivida por el personaje y su dependencia endogámica de la comunidad: el pelo sin teñir, el vapeado compulsivo, los hábitos de vida y de alimentación desordenados desde la muerte del hijo, la expresión dolida y la mirada melancólica ante las constantes demandas de sus vecinos, con los que se siente en deuda, culpable por no haber sabido/podido resolver la desaparición de una de los suyos.

Mare es terca, honesta, muy directa en el trato con sus semejantes y protectora de su familia y su comunidad. De hecho, uno de los pocos acontecimientos ocurridos en la localidad fue el día en el que, aun siendo adolescente, hizo que el equipo de baloncesto de su instituto ganara un torneo encestando en el último minuto. Gesta que se sigue recordando, año tras año, y que la convirtió en una especie de heroína local, mucho antes de hacerse policía, como su difunto padre, al que adoraba.

Pero, pese a ser un pilar de su comunidad, la inspectora Sheenan no es una persona muy sociable. Con un carácter de mil demonios, su cinismo y aspereza son una coraza ante los numerosos problemas que la acosan, como un divorcio que se le hace más cuesta arriba de lo que pensaba y una hija adolescente, Siobhan (Angourie Rice), con la que no consigue congeniar.

En su rutina de trabajo, persigue y detiene al hermano drogadicto de una compañera de estudios para alojarlo en un refugio y que no muera de frío, atiende al llamado de una vecina que afirma haber visto un merodeador frente a su casa mientras discute con su marido, resuelve robos menores, dirime reyertas y rencores enquistados en esa región signada por la violencia intrafamiliar y los cordones de pobreza.

Es una “looser”, como la mayoría de los habitantes de Easttown. Un lugar dejado de la mano de Dios, con demasiadas adolescentes embarazadas sin acabar los estudios, mucha droga en circulación y una violencia social contenida a punto de estallar.

El hecho de que un crimen tan horrible se haya cometido en uno de esos pueblos pequeños en donde se conoce todo el mundo, como en la “Twin Peaks” de David Lynch, contribuye a que la investigación transcurra en una atmósfera opresiva, ya que siempre habrá un sospechoso o testigo que tenga lazos afectivos con Mare (como su exmarido o su propia hija, a quienes no duda en llamar a declarar en comisaría, por haber tenido contacto con la víctima antes de ser asesinada), por lo que interrogarles le puede granjear la enemistad de sus vecinos, familiares o amigos.

Un recurso narrativo habitual en estos casos es la llegada de un forastero que sirve de excusa para sacar a la luz todas las interioridades del pueblo. Si en “Twin Peaks”, ese personaje era el agente federal Dale Cooper (una especie de alter ego del propio Lynch), en “Mare of Easttown” es el inspector Colin Zabel (Evan Peters), enviado por el condado para ayudar en las pesquisas a Mare, quien al principio lo ve como un rival, pero que termina siendo su contrapunto en los interrogatorios, en donde hacen de “poli bueno-poli malo”.

No es el único visitante que llega de fuera. Luego está Richard Ryan (Guy Edward Pearce), el apuesto escritor y profesor universitario, con quien la detective tiene sexo tras conocerse de forma casual en un bar. Una relación algo improvisada que le sirve de válvula de escape recordándole sus propias necesidades como mujer y que aún no está claro hasta dónde puede llegar.

A punto de alcanzar ya el ecuador de la emisión (vamos por el episodio tres de siete en total) “Mare of Easttown” es una de esas series  que enganchan pues no sabes que nueva sorpresa o giro de guion te depara. Un título con el que HBO pretende seguir la estela de “Big Little Lies” o “The Undoing”, intrigas policiales que sirven de excusa para hacer el retrato de un grupo social, con sus privilegios y sus desventajas. Todos sus episodios están dirigidos por el veterano Craig Zobel (“Westworld” o “The Leftovers”). Una apuesta de calidad para una plataforma de streaming (HBO) que, desde el final de “Juego de Tronos”, anda necesitada de grandes éxitos de audiencia.

Título original: "Mare of Easttown"

Año: 2021

Duración: 43 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Craig Zobel

Guión: Brad Ingelsby

Fotografía: Ben Richardson

Reparto: Kate Winslet, Sosie Bacon, David Denman, Guy Pearce, Neal Huff, Cameron Mann, James McArdle, Ben Miles, Patrick Murney, Julianne Nicholson, Evan Peters, Angourie Rice, Jean Smart...

Productora: HBO, Mayhem Pictures, wiip studios. Distribuidora: HBO

Género: Serie de TV. Drama. Intriga. Crimen