EL METODO KOMINSKY

Hay una escena en el episodio 5 (“Cerca, lejos, dondequiera que estés”) de la tercera y última temporada de “El método Kominsky” que contiene tanta emotividad, sabiduría y verdad, que casi resulta hiriente. Dolorosa, como duele todo lo que es irremediable, como los peores presagios y las certezas que nos incomodan, aunque te las encuentres en mitad del guión de una sitcom de gran éxito. Aquella serie que Netflix estrenó en 2018, sobre un actor septuagenario, cuya carrera nunca llegó a funcionar del todo, por lo que se gana la vida dando clases de interpretación, y su representante, recientemente enviudado, pesimista y cascarrabias.

La escena a la que me refiero es una en la que Sandy (portentoso Michael Douglas, en su mejor versión de sí mismo pese a su avanzada edad, o quizá gracias a ello) les explica a sus alumnos, la enorme dificultad que entraña representar lo que realmente se siente cuando se está a las puertas de la muerte. 

“Os estoy pidiendo que penséis en qué ocurre de verdad en esos últimos momentos. No me estoy refiriendo a una muerte violenta. Me refiero a cuando sabes lo que viene, cuando te has rendido por completo al truco de magia final, cuando nos vamos del todo, completamente. Me he sentado junto a la cama y he cogido las manos de amigos y seres queridos exhalando su último suspiro y os aseguro que el soliloquio dramático al final de la vida es un puro y absoluto sin sentido. Si se dice algo es interno. Casi puedes oírlo. Mantienen una conversación interna llena de incredulidad y asombro, porque su vida ha llegado a su fin. Apenas se dan cuenta de que estás ahí. Para ellos los vivos son irrelevantes. Así que, si alguna vez tenéis que interpretar una escena así, enfocadla con reverencia, consideradla sagrada, aseguraros de que reciba vuestro máximo cuidado y respeto”, aconseja el viejo profesor, con lágrimas en los ojos, a los jóvenes aspirantes a actores y actrices, sin poder contener la emoción que lo embarga. Y cualquiera que haya perdido a un ser querido en circunstancias similares, a nada que haya sido un poco observador en ese trance final, puede dar fe de que lo que dice es cierto.

Es en ello donde radica la grandeza de esta serie, en su enorme acierto al abordar, con naturalidad y familiaridad, la naturaleza y la inevitabilidad de la vejez y de la muerte (dos temas espinosos, para una sociedad apuntalada en el culto a la belleza, la juventud y el hedonismo), consiguiendo un difícil y perfecto equilibrio entre el dramatismo y el sentido del humor al retratar el ocaso de la existencia humana en toda su dimensión tragicómica, gracias en buena medida al sarcasmo de sus guionistas (que trasciende con mucho los chistes de viagras y próstatas, sin renunciar a ellos) y a la maestría de un elenco encabezado por actores y actrices veteranos, quienes fueran en otro tiempo grandes celebridades de Hollywood.

No lo tenía fácil Chuck Lorre, su creador, (artífice de otros éxitos televisivos como “The Big Bang Theory” y “Dos hombres y medio”) para escribir el colofón de una ficción tan inteligente, como exigente, sin contar con la que había sido, en las dos temporadas anteriores, una de sus piezas clave. La ausencia de Alan Arkin (el malhumorado representante de actores, Norman Newlander), quien se descabalgó de la producción al finalizar la segunda temporada, amenazaba con dar al traste con la esencia de la serie, pues “El método Kominsky” descansaba sobre todo en la singular y entrañable relación de esa especie de “Extraña Pareja”, a lo Matthau y Lemmon, que componía su prestigiosa dupla protagonista, Michael Douglas y Alan Arkin. El agente y el actor reciclado en profesor. Sin Newlander no hay Kominsky.

Sin embargo, la necesidad de matar a Norman en la ficción, para justificar la ausencia de Arkin en el show, ha terminado siendo el acicate ideal para encontrar el cierre perfecto y darle un final lógico a una serie que no merecía otra cosa más que una digna despedida, después de haber obtenido dos merecidos Globos de Oro, uno de ellos a la mejor comedia en su primera temporada.

Casi inevitablemente, esta tercera y última temporada de “El Método Kominsky” va sobre la muerte. De hecho, se inicia con las palabras de Sandy durante el peculiar funeral de su inseparable amigo Norman (un judío muy poco ortodoxo) y acaba con la de su primera ex esposa, la Dra. Roz Volander (una irreconocible Kathleen Turner, otrora sex simbol del cine estadounidense, gracias a su trabajo en películas como “El cartero siempre llama dos veces”, “Fuego en el cuerpo”, con quien Douglas mantiene una química especial tras haber coprotagonizado varios éxitos a lo largo de sus respectivas carreras, como «La guerra de los Rose« o «La joya del Nilo«). Destacada activista de Médicos Sin Fronteras y madre de Mindy (Sarah Baker), Roz decide regresar junto a su ex marido y su única hija, para ayudarla a organizar su boda, sin contarle que sufre una leucemia en estado muy avanzado.

Sin dejar a un lado la comedia presente en ciertas situaciones hilarantes que tienen que ver con el papel de albacea de la cuantiosa herencia que Norman le deja a su hija Phoebe (Lisa Edelstein), una ex yonqui rehabilitada, y a su nieto (Haley Joel Osment), miembro de la Iglesia de la Cienciología, y que Sandy debe administrar con mano férrea para evitar que la malgasten; con su fortuito revolcón con una escort rusa que tiene un perro cuyo nombre (Irving) es igual al segundo nombre de su amigo, lo que interpreta como una señal de su reencarnación en perro; o con las desavenencias que surgen por la gran diferencia de edad entre Mindy y su novio Martin (Paul Reiser), sometido por una madre metomentodo y bocazas… esta tercera y última temporada de la serie que, como anteriores ocasiones en las que pudimos ver a Jay Leno o Dany Devito, incluye cameos de lujo con actores o directores que se interpretan a sí mismos, como Morgan Freeman o Barry Levinson, habla sobre todo de emociones, de reconciliaciones y despedidas, de cómo dos personas que no funcionaron como pareja pueden reencontrarse y acompañarse en el final de sus vidas, recuperando la complicidad, la admiración, la confianza y el cariño que una vez se tuvieron; y de cómo nunca es tarde para que los sueños se cumplan.

Especialmente conmovedora es la escena en la que Sandy llora frente al cartel de la película sobre “El viejo y el mar” que ha conseguido protagonizar, bajo la dirección de Barry Levinson, siendo casi un actor octogenario y que finalmente logra reflotar su carrera, detenida en el tiempo desde aquella vez en que consiguió ganar un premio Tony siendo aún una joven promesa, justo antes de la bajada final del telón.

Como era de esperar, “El método Kominsky” se despide haciendo un paralelismo entre el final de la vida del actor y el de la propia serie. Una muerte digna, en ambos casos. Una despedida elegante y discreta para una serie ocurrente, sensible y honesta, en la que se cuentan muchas verdades sobre la vida que nos espera cuando lleguemos a viejos. Si es que llegamos. Si no lo habéis hecho ya, tenéis que verla. Está en Netflix.

Título original: "The Kominsky Method" 

Año: 2018-2021

Duración: 25 min por cap.

País: Estados Unidos 

Dirección: Chuck Lorre (Creador), Andy Tennant, Beth McCarthy-Miller, Donald Petrie.

Guion: Chuck Lorre

Música: Jeff Cardoni

Fotografía: Anette Haellmigk

Reparto: Michael Douglas, Alan Arkin, Sarah Baker, Nancy Travis, Jenna Lyng, Casey Thomas Brown, Jane Seymour, Kathleen Turner, Ashleigh LaThrop, Melissa Tang, Emily Osment, Graham Rogers, Susan Sullivan, David Astone, Lisa Edelstein.  

Productora: Chuck Lorre Productions, Netflix, Warner Bros. Television. 

Género: Serie de TV. Vejez/Madurez. Amistad. Comedia dramática

EL DESORDEN QUE DEJAS

El cine español se ha agarrado con fuerza a las plataformas digitales para vender su producto. Echando un rápido vistazo al catálogo de series esta Navidad, se puede comprobar cómo prácticamente todas ellas ofrecen uno o dos títulos de estreno de manufactura nacional. “El Cid” (Amazon Prime), “30 Monedas” (HBO), “Los favoritos de Midas” (Netflix)… Se trata, en su mayor parte, de series de consumo rápido, con pocos capítulos, que aprovechan el tirón de sus jóvenes protagonistas en trabajos precedentes y cuyas temáticas, siendo variadas, apuntan a cierta preferencia por el género de suspense, como la serie a la que me quiero referir.

Creada por Carlos Montero a partir de su propia novela, «El desorden que dejas» se nos presenta como un thriller ambientado en la Galicia rural y juega con dos planos temporales separados en el tiempo por la trágica desaparición y presunto suicidio de Viruca, una profesora de instituto admirada por sus alumnos, con quienes establece una relación tóxica de índole personal, que excede cualquier código deontológico.

Más allá del llamativo y logradísimo acento gallego de sus principales protagonistas: Inma Cuesta (“La novia”), Arón Piper (“Elite”), Roberto Enríquez (“Vis a vis”), Bárbara Lennie (“Petra”), ninguno de ellos nacido en la costa del cantábrico, hay varias cosas salvables de la serie. Especialmente seductor resulta ese juego narrativo en el que el pasado se hace presente y vemos a personajes ya fallecidos interrelacionarse con la protagonista, mientras esta intenta recomponer el puzzle de la vida de una mujer a la que no conoce de nada, pero con la que descubrirá que tiene más de una cosa en común, hasta desentrañar los verdaderos motivos de su muerte.

Y es que hay algo de realismo mágico a la gallega en los sueños de Raquel (Inma Cuesta) con su madre muerta y en las visiones que tiene de Viruca. Poco a poco, irá desentrañando un retorcido misterio que sacará a la luz la doble vida de la profesora fallecida, a la vez que terminará desenterrando los secretos más siniestros de algunos de los habitantes de ese apacible pueblo llamado Novariz.

Muy notables son las actuaciones de los tres chavales del elenco, Arón Piper (Iago), Roque Ruiz (Roi) y, en menor medida, Isabel Garrido (Nerea), tres adolescentes problemáticos, explorando sus propios límites e intentando expiar sus traumas infantiles. Así como la de las dos protagonistas, Inma Cuesta (la naturalidad personificada) y Bárbara Lennie (Viruca, un personaje que gana en complejidad a medida que vamos descubriendo detalles de su vida algo turbia).

Sin embargo, creo que el guión incurre en cierta exageración y en una abundancia de tópicos que reducen el argumento a algo poco creíble y desmerecen el resultado final, como el hecho de que una simple profesora de instituto, acosada por sus alumnos, se calce el uniforme de agente del CSI y lleve a cabo una investigación exhaustiva, a partir de una simple sospecha, poniendo en peligro su propia vida al seguir como un sabueso todas y cada una de las pistas que le conducen a los verdaderos motivos de la muerte de su predecesora en la cátedra de literatura o que acabe inevitablemente enrollándose con el ex marido de la profesora muerta, en una escena cuyo detonante es algo tan manido como que llega a su casa una noche empapada por la lluvia y debe cambiarse de ropa.

No es cuestión aquí de hacer spoiler, mucho menos tratándose de una serie de suspense, por lo que me limitaré a decir que ésa es en esencia la trama de “El desorden que dejas”, sobre la que se van liberando diferentes subtramas que terminan confluyendo en lo que se pretende sea un gran final. Lástima que, para cuando este se acerca, resulte ya todo demasiado previsible.

A pesar de ello, la serie se deja ver y puede tener su público. No es un enrevesado rompecabezas con giros inesperados que nos saquen los ojos de sus órbitas y nos descoyunten la mandíbula, pero tampoco incurre en demasiadas excentricidades ni defrauda las más altas expectativas. Se trata más bien de un trabajo discreto que apuesta por la sobriedad y que tiene a su favor la excelente elección de su localización en tierras gallegas, sin cuya atmósfera húmeda y sobrenatural, no podría funcional igual. Un thriller de manual. Fácil de digerir y fácil de olvidar.

Título original: El desorden que dejas

Año: 2020

Duración: 50 min.

País: España

Dirección: Carlos Montero (Creador), Carlos Montero, Silvia Quer, Roger Gual

Guión: Carlos Montero, Javier Holgado, Andrés Seara (Novela: Carlos Montero)

Música: Lucio Godoy, Ricardo Curto (Canción: Xoel López)

Fotografía: Isaac Vila

Reparto: Inma Cuesta, Bárbara Lennie, Tamar Novas, Arón Piper, Roberto Enríquez, Roque Ruíz, Isabel Garrido, Federico Pérez, Susana Dans, Alfonso Agra, Xosé A. Touriñán, Abril Zamora, Xavier Estévez, María Tasende, Camila Bossa, María Costas, Mela Casal, César Cambeiro

Productora: Vaca Films. Netflix España.

Género: Serie de TV. Intriga. Thriller. Drama Colegios. Enseñanza