TIERRA DE MAFIOSOS

Existen al menos dos subgéneros dentro de las películas y series de gánsteres y clanes mafiosos. Por un lado, están las clásicas sobre la “mafia” italoamericana que a menudo incurren en cierta mitificación nostálgica, como las de Scorsese o “El Padrino” de Coppola, o los “Peaky Blinders” en su versión británica y, por otro, están las nuevas ficciones que buscan una aproximación más contemporánea a las nuevas sagas del crimen organizado y sus nuevos negocios, casi siempre vinculados al narcotráfico, con una combinación de realismo y humor negro, como en “Los Soprano”, o en una línea más violenta y bizarra, como en “Ozark”, “Gomorra” y “Narcos”.

“Tierra de mafiosos” (“MobLand”) pertenece más bien a la segunda categoría y, es tal el talento que reúne, que resulta difícil no rendirse a ella. Creada por Ronan Bennett (guionista de “Public Enemies” la película de Michael Mann sobre el asaltante de bancos John Herbert Dillinger, y creador de series del género como “Chacal” o ‘Top boy‘), se trata de un show adictivo, en cuyos dos primeros episodios se aprecia la estilosa dirección de Guy Ritchie (cineasta irregular y ex marido de la cantante Madonna) y en la que estrellas de la talla de Tom Hardy, Pierce Brosnan o Helen Mirren ponen lo mejor de su registro interpretativo (que es mucho) a servicio de un drama sobre dos clanes enfrentados por el control de toda clase de negocios turbios: armas, joyas y fentanilo… la droga de moda.

La acción transcurre en Londres y tiene como nexo conductor de las distintas tramas a Harry Da Souza (Tom Hardy), un tipo duro que se ha ganado el respeto de los bajos fondos, pero sabe que no debe confiarse en que eso garantice su seguridad y la de los suyos.

El protagonista de “Venom” es el principal atractivo de esta intensa, violenta y pasada de rosca serie sobre un clan mafioso de origen irlandés. Harry es el solucionador de problemas de la familia Harrigan, cuyo patriarca, Conrad (Pierce Brosnan), lo adoptó como hijo putativo desde que compartiera cárcel con su segundo vástago. Ambos construyen una relación casi paterno-filial que pivota entre la admiración mutua y la desconfianza inevitable en el mundo del crimen.

Los Harrigan son los Corleone mezclados con los Borgia, una familia liderada por un psicópata y una lunática: Conrad y su calculadora mujer Maeve (Helen Mirren), auténtica líder del clan, una arpía que oficia de Lady Macbeth intrigando y manipulando a los suyos para preservar sus propios intereses y el buen nombre de la familia, que debe ser temido y respetado. Ambos controlan su imperio con mano de hierro, desde la propiedad familiar en los Cotswolds. Pero se trata de dos personajes shakespeareanos cuyas acciones y decisiones despiadadas no hacen más que meter a todos en líos. Y ahí está Harry, el esforzado bulldog, repartiendo golpes y pidiendo favores para lograr que los miembros del clan no se autoliquiden o no los liquiden desde afuera.

Lamentablemente, la segunda generación no parece estar a la altura: Brendan (Daniel Betts), el primogénito, es algo así como el Freddo de la familia: un inútil integral que ha sido cancelado por sus propios progenitores a causa de sus errores del pasado; mientras el segundo hijo, Kevin (Paddy Considine), sufre secuelas psicológicas por los abusos vividos en prisión y arrastra el complejo de haberse casado con Bella (Lara Pulver), una de las muchas amantes de su mujeriego padre. Su hermanastra, Seraphina (Mandeep Dhillon), concebida por Conrad fuera del matrimonio y por quien este siente debilidad, parece ser la más capaz e intenta conquistar un lugar en la familia valiéndose del favor paterno, ante el desprecio manifiesto de Maeve, quien siempre la considerará una bastarda concebida en «los meaderos» (urinarios) dublineses.

Harry es un trabajador eficiente, el consiglieri de acción y encargado de la seguridad, experto en “limpiar” la escena del crimen y en “arreglar” toda clase de tropiezos y malas decisiones de los miembros de la familia, a quienes protege de sus enemigos, sin que le tiemble el pulso. No es un héroe ni un villano, sino un profesional atrapado en una red de lealtades tóxicas, donde cada decisión le puede costar la vida.

Al comienzo de la serie, recibe el encargo de solucionar un incidente en una discoteca, en el que se ha visto envuelto el nieto de Conrad, Eddie (Anson Boon), hijo de Kevin. Un joven de temperamento incontrolable, arrogante y agresivo, adicto a la cocaína y consentido por su abuela, que le ha hecho creer que es el elegido para ocupar un día el trono de su abuelo.

Eddie apuñala a un chaval estando de fiesta con unos amigos, entre los cuales se encuentra el hijo de Richie Stevenson (Geoff Bell), capo de una banda rival, quien desaparece misteriosamente esa noche y cuyo cadáver es encontrado días después, descuartizado. Todo apunta a que ha sido obra de Eddie, por lo que una guerra está a punto de estallar entre los Harrigan y los Stevenson. La resolución del conflicto es, por supuesto, expeditiva. Y, a partir de ese momento, la tensión no parar de crecer. Lo que significa que se le acumulan los problemas a Harry. Pero ese hombre en apariencia tranquilo, de cuerpo macizo y expresión imperturbable, siempre cabizbajo, hablando entre dientes, con la mirada penetrante, se debate entre su lealtad a los Harrigan, para quienes se ha vuelto imprescindible y la que le debe a su esposa, Jan (Joanne Froggat) que insiste en hacer terapia conyugal, y a su hija, Gina.  El enigma que anida en sus motivaciones es lo que otorga a la serie su mayor intriga. ¿Tendrá que elegir entre ambos mundos? ¿es posible abandonar el crimen organizado y seguir con vida?

Con sus vendettas, sus asesinatos a sangre fría y sus peleas salvajes en viejos clubes de boxeo, sus explosiones, persecuciones y ajusticiamientos masivos, “Tierra de Mafiosos” no desprecia los arquetipos, pese a que se mueve en esa zona limítrofe entre el thriller mafioso más clásico y la aparatosidad del género en su versión británica, moderna y pop (la canción de apertura es Starburster un conocido tema de Fontaines D.C.y en su banda sonora se incluyen temas de The Prodigy, The Clash, Nick Cave &The Bad Sees, Fleetwood Mac, el The best in me de John Cash o Sympathy for the devil de The Rolling Stones).

La relación de Conrad Harrigan con sus viejos amigos del pasado a la luz de las traiciones del presente y los nuevos acuerdos por el fentanilo cuyo negocio domina Richie Stevenson (Geoff Bell) en el sur de Londres. Todo ello compone una atmósfera que se debate entre la mística de la tradición y la lealtad a los lazos de sangre y la cruda violencia del mundo en que vivimos. Aunque consigue suavizar los dilemas morales con una buena dosis de humor negro y lo que alguien ha definido como estética del “cosmopaletismo”, presente en la vulgaridad con la que los miembros de esta familia de irlandeses chiflados hacen ostentación de su posición privilegiada y se relacionan entre ellos.

Como advierte con acierto un conocido crítico argentino: “Mobland no intenta reinventar la pólvora ni elevar el género sino que usa todos sus clichés con redoble de tambores incluido. El combo no debería funcionar pero por lo general funciona. Uno preferiría un mayor grado de verosimilitud en torno a lo que sucede, pero a la vez es innegable lo divertido que resulta ver a Brosnan y a Mirren actuando como si estuvieran en el Royal Shakespeare Theatre haciendo versiones scorseseanas de Ricardo III y Lady Macbeth. Uno sabe que la serie corre en todo momento el riesgo de irse al diablo, pero a la vez tiene la confianza de que ante cualquier problema llegará Tom Hardy, mirará al piso, levantará la vista y casi sin mover un músculo te convencerá de seguir viéndola. Animate vos a decirle que no…”

Título original: MobLand

Año: 2025

Duración: 10 episodios 50 min.

País: Estados Unidos-Reino Unido

Dirección: Guy Ritchie, Anthony Byrne, Lawrence Gough, Daniel Syrkin

Guion: Ronan Bennett

Reparto: Tom Hardy, Pierce Brosnan, Helen Mirren, Paddy Considine, Joanne Froggatt, Lara Pulvert, Anson Boon, Geoff Bell, Mandeep Dhillon.

Música: Ilan Eshkeri

Fotografía: Si Bell, Stephan Pehrsson, Baz Irvine, David Katznelson

Compañías: 101 Studios, MTV Entertainment Studios, MTV Studios, Showtime, Toff Guy Films. Distribuidora: Paramount+

Género: Serie de TV. Thriller. Crimen. Mafia

BAJO CERO

Bajo cero” me ha dejado fría. Y no precisamente por la sensación térmica, sino porque lo que supuestamente iba a ser el mejor thriller de acción de este año, protagonizado por dos Titanes del arte dramático, como Javier Gutiérrez y Karra Elejalde, se ha quedado (y nunca mejor dicho, considerando la cantidad de cargadores que se vacían durante los 106 minutos que dura la película) en un delirante y rocambolesco fuego de artificio.

Y eso que la situación límite de la que parte la historia: el asalto a un furgón blindado durante un traslado de presos de máxima peligrosidad, mientras rueda por desérticas carreteras secundarias en medio de una gélida noche de niebla cerrada, no puede ser más prometedora. De hecho, los primeros quince minutos de arranque de la película consiguen mantener la intriga preservando el anonimato del asaltante, cuya identidad y verdaderas intenciones solo conoce uno de los reos que viaja en el furgón policial. Pero, presa de la precipitación, el guionista descubre demasiado pronto sus cartas, a partir de lo cual, el desarrollo de la acción se pasa tanto de vueltas que descuida lo esencial: hacer que lo que nos están contando parezca creíble.

No dudo de que Lluis Quílez tuviese las más nobles y elevadas intenciones al concebir este trabajo que ha presentado como un llamado a la reflexión sobre la justicia, la venganza y el sentido del deber de un servidor público, en este caso un policía, enfrentado a un dilema moral que hace un guiño a la actualidad al recordarnos casos como el de Marta del Castillo. Pero su ejecución peca de un exceso de efectismo sanguinario (tiroteos, mutilaciones, muertes brutales y desangramientos), incurriendo en errores de bulto e incongruencias argumentales que restan efectividad al argumento y que no pasan desapercibidos para un espectador mínimamente despierto, como el que estos días se molestaba en publicar la una lista con algunos de los gazapos de la película, en un foro de internet:

“- Un furgón con presos peligrosos que desaparece toda una noche sin que nadie intente localizarlo, cuando se supone que estos vehículos deben estar dotados de un GPS que permite su búsqueda y localización, en caso de extraviarse. ¿Es que nadie se da cuenta de que algo sucede cuando no llega a tiempo o se desvía de su ruta?

– En la carreteras secundarias por donde circula el furgón no se cruzan ni con un solo vehículo en toda la noche.

– El asaltante utiliza una escopeta de cartuchos que dispara balas.

– Un policía que porta una pistola sin cargador de recambio.

– El coche de policía que iba delante del furgón tiene un accidente y nadie llama por radio de la central para ver qué ha pasado.

– El furgón se hunde por las ruedas traseras en un lago congelado y en el habitáculo interior lo que aparece inundado es la cabina del conductor.

– Furgón totalmente sumergido y en el interior espacios sin inundar.

– Policía recibe varios disparos a pocos metros del furgón, su compañero (quien se supone es un agente experimentado), comprueba que está muerto pero, de repente revive, como un caminante de “Walking Dead” y, en vez de esperar refuerzos o ir a un hospital, se va malherido detrás del autocar secuestrado, conduciendo un vehículo a toda velocidad.

– Un yonqui que aguanta la respiración bajo el agua helada, como un profesional de la inmersión, sin temor a morir de una hipotermia, cuando los yonquis sólo miran por ellos y rara vez se sacrifican por los demás…”

Y así podríamos seguir a nada que nos pongamos quisquillosos.

Menos mal que las eficaces actuaciones de sus protagonistas (especialmente la de Karra Elejalde, entregado a su papel de “vengador justiciero muy a su pesar” e impecable en cada nuevo registro interpretativo que aborda. Menos brillante, aunque siempre correcto está, en cambio, Javier Gutiérrez, a quien esta vez no me termino de creer del todo), incluso la de los actores de reparto encabezados por Luis Callejo y Patrick Criado, Édgar Vitorino, Florin Opritescu, Miquel Gelabert Bordoy y Andrés Gertrúdix, un grupo de criminales peligrosos, cada uno con una personalidad y un prontuario delictivo diferenciado, soportan el peso de la película que avanza a toda prisa, cuesta abajo y sin frenos, hacia un desenlace final en el que los más optimistas han querido ver alguna reminiscencia de títulos tan brillantes como “Seven”, pero que en realidad resulta bastante más plano de lo que hubiese sido deseable, en su afán de dejar sentada una moraleja socialmente aleccionadora.

Título original: Bajocero

Año: 2021

Duración: 106 min.

País: España

Dirección: Lluís Quílez

Guión: Fernando Navarro, Lluís Quílez

Música: Zacarías M. de la Riva


Fotografía: Isaac Vila

Reparto: Javier Gutiérrez, Karra Elejalde, Luis Callejo, Patrick Criado, Andrés Gertrudix, Isak Férriz, Miquel Gelabert, Édgar Vittorino, Florín Opritescu, Ángel Solo, Àlex Monner, Sebastián Haro

Compañías: Morena Films, Amorós Producciones, Televisión Española (TVE), ICIC (Distribuidora: Netflix)

Género: Thriller. Intriga | Policíaco.