AVI & AVA

No recuerdo en qué lugar leí una vez que, más que para el amor, los seres humanos estamos programados para compartir soledades, pero debe de ser cierto a juzgar por cómo personas malheridas, cuyo corazón y autoestima han resultado gravemente dañados por la arriesgada experiencia de amar, reinciden una y otra vez en el intento de vivir en pareja, incluso resultando tan complicado conciliar mundos tan distintos y distantes, como los de “Ali & Ava” (“los protagonistas más inesperados de una historia de amor imposible”, según se ha escrito en algún portal digital). Personajes cuyos nombres de pila dan título a la cuarta película de la cineasta británica Clio Barnard, presentada en la Quincena de Realizadores de la última edición del Festival de Cannes y nominada a los Premios Bafta de este año, en las categorías de Mejor Película Británica y Mejor Actor Protagonista.

Con pleno dominio de la narrativa del cine de carácter social centrada en la vida de gente sencilla, común y corriente (cuyo máximo exponente en el Reino Unido es Ken Loach), Barnard nos cuenta la emotiva historia de un hombre y una mujer de mediana edad, pertenecientes a distintas etnias que a duras penas conviven en el extrarradio de cualquiera de las grandes urbes europeas de hoy en día. En este caso Londres, donde Ali (Adeel Akhtar), un dj de origen pakistaní reciclado en buscavidas que ocasionalmente ejerce de taxista o de recaudador de alquileres, perteneciente a una familia conservadora a la que no se atreve a confesar que, aunque sigue viviendo bajo el mismo techo que su joven y bella esposa (también de origen indio-bangladeshí), ya no comparten el mismo lecho; y Ava (Claire Rushbrook), víctima de violencia de género, madre de cuatro hijos de distinto padre (uno de ellos skinhead), joven abuela y profesora auxiliar de una escuela pública infantil, se conocen manera casual y entablan una relación de amistad que pronto pasa a mayores.

A simple vista se observa que se trata de dos buenas personas que no tienen casi nada en común, cuyo primer nexo de unión sin embargo es la música que les sirve de catarsis y de refugio emocional ante una vida que no ha sido demasiado benévola con ellos. Aunque, también en eso, se impone la diferencia entre ambos, pues mientras a ella le van el country y el folk de Karen Dalton que la conecta con sus orígenes irlandeses, Alí disfruta con ritmos más contemporáneos, como el punk o el rap, que tienen para el un efecto casi curativo, pues le ayudan a relajarse y a descargar la frustración acumulada, especialmente desde la dolorosa pérdida del bebé que esperaba con su mujer, Runa (Ellora Torchia) y la decisión de esta de separarse de él, un hecho que no termina de aceptar.

Por las rendijas de esta relación de amor adulto, Barnard cuela con sutileza las distintas problemáticas sociales a las que deben hacer frente los habitantes de estos suburbios, pintando un cuadro casi hiperrealista de ese entorno de gente humilde y trabajadora, de clase social baja, en donde la desigualdad social, la ignorancia y la pobreza se convierten en caldo de cultivo del racismo, el odio y la intolerancia y en el que se hace difícil sobrellevar determinados problemas psicológicos, derivados o no del propio estrés que genera el contexto social, como el principio de autismo de Sofía, la hija de los inquilinos eslovacos de Ali, a la que Ava sirve de profesora de apoyo en una escuela pública que visiblemente apuesta por la integración, o el de su amiga y vecina que padece un trastorno bipolar de la personalidad.

Frente a ello, la película quiere ser un canto a la solidaridad y a la aceptación del otro sin reservas, con su cultura, su religión, su presente y su pasado incluidos. Así como un homenaje al concepto más contemporáneo de familia, valiéndose de la música (desde temas de Sammi Smith, The Specials, los Buzzcocks o Bob Dylan, hasta un concierto de piano de Rachmaninoff), como punto de unión y de hermandad de todas las razas, al atribuirle el poder de eliminar las diferencias y crear un lugar de encuentro.

Nacida al norte de Inglaterra, Barnard recuerda cómo cuando era joven, en los años 80, había allí «un racismo muy explícito». «The Specials, un grupo que escuchábamos, eran antirracistas y muy buenos a la hora de reunir facciones con gustos muy diferentes. La ironía es que muchos de los skinheads que eran explícitamente racistas entraron en la música jamaicana y el ska», contaba la directora con motivo de la presentación de la película y, tras verla este fin de semana, no he podido evitar acordarme de la manera en la que los ritmos caribeños de origen afroamericano (la salsa, el merengue, la bachata…) y sus derivadas contemporáneas (el reguetón o el latin trap) se han popularizado en la última década, poniendo a bailar y a inventar coreografías en Tik Tok a millones de fans de origen caucásico alrededor de medio mundo.

La cineasta británica se esmera en convencernos de que la música puede acercarnos a una cultura desconocida y ayudarnos a vencer así los prejuicios y las barreras del rechazo. Aunque mucho me temo que el problema del racismo hunde sus raíces mucho más profundo, pues detrás de él se esconden en realidad actitudes clasistas, que es lo que hace que no reciba el mismo trato un rapero negro multimillonario que un africano del “top manta”.

Con todo, “Ali & Ava” es una película bien contada y bien intencionada, que habla con inteligencia y delicadeza de las complejidades de la vida, de los prejuicios, los desequilibrios mentales, la violencia y el desarraigo de ese duro mundo de extrarradio en el que la inmigración juega un papel predominante y de las dificultades de volver a enamorarse a cierta edad, de cómo surge el afecto y el deseo entre dos personas adultas de razas y etnias diferentes que ya llevan una vida con algunas cicatrices y responsabilidades a sus espaldas, con lo que ello implica de renovada ilusión por tener una nueva oportunidad en el amor y de temor ante la posibilidad real de sufrir un nuevo fracaso.

Las magníficas actuaciones de sus protagonistas, Akhtar y Rushbrook (dos excelentes intérpretes normalmente condenados a roles secundarios), que lo dan todo a nivel expresivo y la cautivadora química entre ambos son, en este sentido, sin duda lo más destacable de esta, quizá ingenua, pero honesta, tierna y compasiva historia de amor romántico.

Título original: Ali & Ava

Año: 2021

Duración: 95 min.

País: Reino Unido

Dirección: Clio Barnard

Guion: Clio Barnard

Música: Harry Escott

Fotografía: Ole Bratt Birkeland

Reparto: Adeel Akhtar, Claire Rushbrook, Ellora Torchia, Shaun Thomas, Natalie Gavin, Mona Goodwin, Krupa Pattani, Vinny Dhillon, Tasha Connor, Macy Shackleton

Productora: BBC Films, BFI Film Fund, Moonspun Films

Género: Drama romántico.

MA RAINEY’S BLACK BOTTOM Y DA 5 BLOODS

“Espero servir siempre a mi raza y a la industria cinematográfica. Dios los bendiga”. Ha llovido casi el diluvio universal desde que Hattie McDaniel, pronunciara estas sentidas palabras al recibir un Oscar en 1939, por su entrañable papel de Mammy en “Lo que el viento se llevó”, sin que se le permitiera asistir a la ceremonia de entrega de los premios, por ser una actriz de raza negra.

Una situación que sería impensable hoy, y no sólo porque la gala de este año vaya a ser virtual, sino porque los vientos de alivio que soplan en Hollywood tras el desalojo de Trump de la Casa Blanca (ya es casualidad que se llame así) y el poderoso influjo de las encendidas consignas de #blacklivesmater, han hecho girar las tornas justo en sentido contrario.

En honor a la verdad, la reivindicación racial se hizo presente en los célebres premios, ya desde 2016, cuando el director y activista SpikeLee, uno de los cineastas afroamericanos más influyentes (quizá el que más) de Hollywood y la actriz Jada Pinkett Smith decidieron boicotear la gala de aquel año, al saber que solo había un actor negro nominado.

Bajo el slogan de #OscarSoWhite iniciaron entonces una movilización que se quejaba de la invisibilidad de los actores de raza negra, poniendo en evidencia que, en las dos últimas ediciones, cuarenta actores habían sido nominados para ganar la preciada estatuilla y ninguno de ellos era de piel oscura.

Y a la vista está que su llamado de atención surtió efecto. Pues las sucesivas ceremonias de entrega que ha habido desde entonces han estado marcadas por la presencia y homenaje al talento de una pléyade de actores, actrices, directores, productores y demás gentes del cine de origen afroamericano. Tendencia que ha ido en aumento y que algo me dice que alcanzará su apoteósis en la gala de este año, que se perfila ya como un potente revival de la defensa de los derechos civiles de los negros y la integración racial, frente a quienes aún abanderan la supremacía blanca en USA.

Y ello por razones obvias. A la espera de conocer la lista definitiva de los nominados el 15 de marzo, no hay más que echar un vistazo a la producción cinematográfica del pasado año en aquel país, para notar que ha estado marcada por el clima de opinión generado tras el asesinato del negro George Floyd a manos de la policía blanca de Trump, suceso que desató una oleada de violentas protestas callejeras y supuso la aparición en escena de Black Lives Mater.

Bajo ese vigoroso paraguas racial reivindicativo, se cobijan dos películas que suenan muy fuerte para hacerse con algún galardón la noche de autos, ambas producidas y distribuidas por el gigante del streaming Netflix, como casi todo el cine en tiempos de la Covid.

Hablo de «Da 5 bloods» (último trabajo de Spike Lee) y de «Ma Rainey’s Black Bottom«. Dos producciones que, aun abordando temáticas distintas, hablan el mismo idioma.

En el primer caso, se trata de una oda a la amistad y la lealtad entre hermanos de raza y de armas, protagonizada por un grupo de veteranos de guerra negros que lucharon juntos en Vietnam, sin que su sacrificio se viera después recompensado por una sociedad que los sigue discriminando por el color de su piel.

Paul (Delroy Lindo, uno de los posibles candidatos a una nominación), Otis (Clarke Peters), Eddie (Norm Lewis) y Melvin (Isiah Whitlock Jr.) vuelven a Saigón, cuarenta años después, para buscar los restos del líder de su escuadrón, Norman (memorable, Chadwick Boseman), una especie de Malcom X caído en combate, y recuperar de paso un tesoro en lingotes de oro que escondieron en la selva, decididos a repartírselo en compensación a los servicios prestados al Tío Sam.

Al margen de los delirios tragicómicos que desata la fiebre del oro en sus pintorescos protagonistas (psicológicamente devastados por la experiencia bélica) y que motivan la trepidante acción de la película, Spike Lee vuelve a utilizar su obra cinematográfica para honrar a su raza y rendir un homenaje a algunos de sus referentes más representativos, como Mohamed Ali o Areta Franklin, a quienes se nombra casi a modo de sagrada invocación, así como a otros héroes negros menos conocidos para el gran público, como Milton Olive, un soldado que, a los 18 años, sacrificó su vida para salvar a su escuadrón, al saltar sobre una granada activa sofocando con su cuerpo la explosión; o Crispus Attucks, probablemente un esclavo fugitivo de procedencia africana, de quien poco se sabe, a excepción de que fue el primer mártir de la Revolución Americana, asesinado durante la Masacre de Boston.

A ellos se refiere el malogrado Norman, cuando decide esconder el tesoro encontrado de manera fortuita durante la contienda, a modo de indemnización, lanzando la siguiente soflama: “Nosotros fuimos los primeros en morir por nuestra bandera. Hemos muerto por el país desde el principio, esperando que nos dieran el sitio que nos corresponde, pero lo que nos dieron fue una patada el culo. Nuestro país nos lo debe. Nosotros lo creamos. Embarguemos este oro por todos los soldados negros que nunca volvieron a casa, los hermanos negros de nuestra madre África, llevados a Jamestown (Virginia), en 1619. Le daremos este oro a nuestra gente”.

No será la única. Spike Lee se hace cargo de la rabia de su gente en un momento histórico especialmente convulso, comparándola con la de aquel en el que se produjo el asesinato de Martin Luther King, e intenta contenerla, con un diálogo que parece dirigido a quienes, tras el asesinato de Floyd, daban rienda suelta a su ira en las calles de Estados Unidos y de medio mundo.

La escena tiene lugar cuando los cinco soldados se enteran, en plena selva, del asesinato del Dr. King: “Los negros son solo el 11% de la población estadounidense, pero entre las tropas de Vietnam sois el 32%. Soldados negros. ¿Es justo servir al país, más que los blancos que os han enviado aquí?”, emponzoña la locutora de la radio oficial de Saigón, intentado minar la moral de la tropa enemiga.

“Los putos blancos se han pasado. La biblia dice ojo por ojo y diente por diente. Hay que matar a algún blanco, nuestros hermanos están quemando cosas en casa”, vociferan Paul, Otis, Eddie y Melvin, presos de la indignación. A lo que su mesiánico jefe de batallón (o el propio Spike Lee) contesta, intentando apaciguar los ánimos: “Estáis hablando del Dr. King. Un hombre de paz. Yo estoy igual de cabreado. Tenemos derecho a estarlo, pero somos hermanos. Que no usen nuestra rabia contra nosotros. Nosotros la controlamos. Lo que queréis hacer ahora no va a cambiar nada. Así que dejad esa rabia. Es una orden”.

Una rabia a la que sí sucumbirá, en cambio, el personaje que interpreta el mismo actor, Chadwick Boseman (casi seguro merecedor de un Oscar a título póstumo, pues esta fue la última película que rodó antes de su fallecimiento el pasado año, a causa de un cáncer colorrectal), en “Ma Rainey’s Black Bottom”, la impactante película producida por otro actor negro dispuesto a reivindicar su orgullo de raza, Denzel Washington, que retrata la vida de la conocida como “madre del blues”, laureada por la crítica.

Basada en la obra teatral homónima de August Wilson, la historia está ambientada en el Chicago de finales de los años veinte y transcurre durante la tensa y sofocante sesión de grabación de un disco de Ma Rainey (poderosa e irreverente, Viola David, toda una fuerza de la naturaleza con su maquillaje languideciente, sus pechos colganderos y sus kilos de más), junto a su banda de músicos (todos negros), en la que Boseman interpreta a un trompetista atormentado por el pasado y psicológicamente marcado por el atroz asesinato de sus padres a manos del KuKluxKlan, ante sus ojos, siendo apenas un niño.

Seguramente se trata de una de las películas mejor actuadas del pasado año, como ha dicho la revista Vanity Fair y un cierre perfecto para la carrera de un artista que se fue demasiado pronto. De hecho, “Ma Rainey. La madre del Blues” es ya, sobre todo, la última película de Chadwick Boseman, probablemente la más oscura de cuantas hizo, pero también la mejor, en la que demuestra todo su potencial. Desde su encantador descaro, “levantándole” la novia a su intimidante jefa, hasta sus descontrolados ataques de furia, todo en él rezuma verdad.

Más allá de ser “un tributo a una leyenda del blues y a la cultura afroamericana en general”, como dijo de ella Rotten Tomatoes, se trata de un drama emotivo, indignante y desgarrador, que tiene la evidente intención de conmover y mover a la reflexión al espectador mediante diálogos de gran calado, como cuando Glynn Turman, el pianista de la banda, pronuncia un monólogo sobrecogedor sobre las injusticias cotidianas sufridas por los negros en los años veinte (que no distan mucho de las sufridas en décadas anteriores y aún en el siglo posterior) para concluir amargamente que “los negros son las sobras en el guiso de la vida”.

Título original: Ma Rainey's Black Bottom

Año: 2020

Duración: 94 min.

País: Estados Unidos

Dirección: George C. Wolfe

Guión: Rubén Santiago-Hudson (Obra de teatro de August Wilson )

Música: Branford Marsalis

Fotografía: Tobias A. Schliessler

Reparto: Viola Davis, Chadwick Boseman, Glynn Turman, Colman Domingo, Joshua Harto, Taylour Paige, Jonny Coyne, Jeremy Shamos, Michael Potts, Scott Matheny, Dusan Brown, Phil Nardozzi, Daniel Johnson, Roger Petan, Ron L. Haynes, William Kania, Gregory Bromfield, Jordan Rhone, DaJuan Rippy, Antonio Fierro, Tony Amen, Shane McNair, Jacob Wright, Chris McCail, Malik Abdul Khaaliq, Sierra Stewart, Patrick Raffaele, Brent Feitl, Eric Sharpe, Remington Sinclair

Compañias: Netflix (Productor: Denzel Washington) (Distribuidora: Netflix)

Género: Drama. Biográfico. Música. Racismo. Años 20
Título original: Da 5 Bloods

Año: 2020

Duración: 154 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Spike Lee

Guión: Spike Lee, Kevin Willmott, Danny Bilson, Paul De Meo

Música: Terence Blanchard

Fotografía: Newton Thomas Sigel

Reparto: Delroy Lindo, Clarke Peters, Norm Lewis, Isiah Whitlock Jr., Chadwick Boseman, Jonathan Majors, Jean Reno, Mélanie Thierry, Paul Walter Hauser, Veronica Ngo, Jasper Pääkkönen, Rick Shuster, Mav Kang, Alexander Winters, Devin Rumer, Casey Clark, Lê Y Lan, Andrey Kasushkin, Sandy Huong Pham, Lam Nguyen

Compañías: 40 Acres & A Mule Filmworks (Distribuidora: Netflix)

Género: Bélico. Guerra de Vietnam