LA FORTUNA

La madurez creativa del joven director prodigio de Tesis, Alejandro Amenábar, que despuntaba ya en «Ágora» y que eclosionó definitivamente en «Mientras dure la guerra«, vuelve a mostrarse en todo su esplendor en la nueva miniserie estrenada en Movistar+, donde el cineasta madrileño radicado en Hollywood, bucea de nuevo en las páginas de la Historia que tanto le han servido de inspiración, para contarnos esta vez “una de piratas”, en la que no faltan los doblones de oro y los galeones hundidos por cañones enemigos.

Aunque creamos que todo ello es cosa del pasado, la historia que Amenábar quiere contarnos es la de unos piratas modernos, apoyados por la CIA y los departamentos de Estado, con sociedades que cotizan en Bolsa y dotados de la más avanzada tecnología que les permite rastrear el fondo marino en busca de tesoros olvidados que robar, sin respetar su origen ni su legítima propiedad. Y, para ello, se mete él mismo en la piel de Álex Ventura, un joven e inexperto diplomático, amante de los documentales de Jacques Cousteau, de las arias de ópera y de los comics de TinTin (con quien tiene un evidente parecido físico), que encuentra su primer trabajo como funcionario en el anquilosado Ministerio de Cultura y se ve convertido, sin proponérselo, en el líder de una misión a lo Indiana Jones que le empujará a recuperar el tesoro submarino robado por Frank Wild (Stanley Tucci), un pirata aventurero que recorre el mundo a bordo de su nave (el Pioneer) saqueando las profundidades del mar.

Basada en el cómic de Paco Roca y Guillermo Corral, ‘El tesoro del Cisne Negro‘, la serie de Amenábar recrea el litigio legal que durante cinco años enfrentaron EE.UU. y España disputándose la propiedad del mayor tesoro submarino de la historia que una compañía norteamericana, con sede en Florida, la Odissey Marine Exploration (en la serie, la Atlantis de Georgia) extrajo, en 2007, del golfo de Cádiz, procedente de los restos de la fragata “Nuestra Señora de las Mercedes”, hundida en 1804 y rebautizada en la ficción como “La Fortuna”, uno de los tres galeones que Manuel de Godoy (protegido de Carlos IV) fletó para traer a casa todo el oro de las Indias, dos millones de monedas de oro y plata con los que el reino de España pretendía sufragar la inminente guerra con los ingleses, antes de que estos interceptaran, atacaran y hundieran las embarcaciones.

Junto a Lucía Vallarta (Ana Polvorosa), una funcionaria de armas tomar, experta en protección de Patrimonio Nacional, y Jonas Pierce (Clarke Peters), un brillante abogado norteamericano apasionado por las viejas historias de piratas y obsesionado con dar caza a Wild obligándole a entregar a los museos los tesoros robados, Álex emprenderá la aventura de su vida, a lo largo de seis capítulos trepidantes, repletos de suspense, humor, corrupción política y choque de culturas, descubriendo la importancia del amor, la amistad y el compromiso con aquello en lo que uno cree.

Rodada en cinco meses en Cádiz, Ferrol, Zaragoza, Gipuzkoa y EE. UU., contando con un gran despliegue de medios terrestres, aéreos y navales (llegando a rodar a bordo de un helicóptero y una fragata del Ejército y hasta en la sala de recepciones oficiales del Palacio de la Moncloa), todo en esta serie a la que podríamos calificar de thriller histórico y cuya manufactura y producción no pueden ser más espectaculares y ambiciosas resulta original y entretenido. Prueba de ello es la batalla naval con la que arranca el segundo episodio, rodada en el puerto de Pasajes, en la que se narra el hundimiento de “La Fortuna”, con la familia del capitán Diego de Alba (Nico Romero), encargado de la expedición, a bordo. Así como su reparto internacional de lujo, en el que se mezclan actores anglosajones de gran solvencia y talento, como los ya citados Clarke Peters y Stanley Tucci o la imponente T´Nia Miller («Years and Years«)., con actores y actrices españoles no menos talentosos, como Karra Elejalde (enorme, como es habitual, en su papel de un aguerrido Ministro de Cultura, cinéfilo y cascarrabias, que no tiene nada que perder porque en el fondo siente que estaría mejor escribiendo que perdiendo el tiempo en un “ministerio florero”), Manolo Solo (soberbio en su papel de friki ex-legionario), Blanca Portillo (agente infiltrada por las cloacas del poder), Ana Polvorosa (funcionaria “perroflauta”) o el debutante Álvaro Mel (uno de los instagramer más famosos del momento y cuyo personaje en la serie curiosamente se llama Alex, igual que el director) quien pese a lo que se ha dicho acerca de su edad e inexperiencia, se adapta perfectamente a las necesidades de su personaje, dotándolo de una pátina de ingenuidad y honestidad imprescindible para la historia que Amenábar quiere contar que no es otra que la historia de esos funcionarios anónimos, altamente concienciados con la nobleza de su misión, que se comen todos “los marrones” y permiten a los políticos colgarse las medallas.

Sobre la base de ensalzar la heroicidad, lealtad y entrega de esos trabajadores públicos y concienciar acerca de la importancia de conservar y proteger el patrimonio histórico, Amenábar va introduciendo temas de calado en el guión, como el peso de la burocracia, el escaso valor que los gobiernos conceden a la Cultura (“el petróleo español”), la superioridad con la que los empresarios y diplomáticos norteamericanos se comportan frente al Estado español manejado por políticos ignorantes, indolentes e ineptos, incapaces de organizarse de manera eficaz para proteger lo que es de todos, los prejuicios partidistas e ideológicos que contaminan y dificultan la acción conjunta, la tensión y corrupción de la diplomacia internacional, y tantos y tantos otros asuntos que va dejando caer a lo largo de una historia narrada a la manera de Spielberg, a la que no le falta acción, pero tampoco reflexión, gracias a unos diálogos magníficamente trabajados, en colaboración con Alejandro Hernández (‘El día de mañana’), entre los que destaca de forma premonitoria la rotunda frase que el Ministro pronuncia en rueda de prensa, a modo de desafío inicial: «en esta película, los piratas no van a ganar”.

Título original: La Fortuna

Año: 2021

Duración: 50 min. seis episodios

País: España

Dirección: Alejandro Amenábar

Guión: Alejandro Amenábar, Alejandro Hernández. Basado en el cómic de Paco Roca, Guillermo Corral

Música: Roque Baños

Fotografía: Alex Catalán

Reparto: Álvaro Mel, Ana Polvorosa, Stanley Tucci, Clarke Peters, T'Nia Miller, Karra Elejalde, Manolo Solo, Blanca Portillo, Pedro Casablanc, Alfonso Lara, Mari Carmen Sánchez, Juan Carlos Vellido, Duncan Pow...

Productora: Mod Producciones, Movistar+, AMC Studios. Distribuidora: Movistar+

Género: Serie de TV. Aventuras. Thriller Histórico. 

NINE PERFECT STRANGERS

Hay una frase en “Nine Perfect Strangers” (la gran apuesta de Amazon Prime Video para este verano) que resume con cierto sarcasmo lo que no pocas personas piensan, aún hoy, acerca de los problemas que llevan a otras hasta el diván del psicoanalista y es cuando Masha (Nicole Kidman), esa extraña y misteriosa mujer de origen ruso, mezcla de psicoterapeuta y de gurú celestial, que dirige Tranquillum House, le dice a su último grupo de huéspedes/pacientes: “el hombre preindustrial no se deprimía porque estaba demasiado ocupado trabajando”.

Siguiendo la estela de “Big Little Lies”, sus creadores han vuelto a contar con la actriz australiana de mirada penetrante y belleza etérea, para protagonizar la adaptación de otra de las novelas de Liane Moriarty, en la que nueve personas que no se conocen de nada coinciden en un aislado resort de lujo al que acuden ricos y famosos dispuestos a pagar una fortuna por embarcarse en un exclusivo retiro que les permita sanar de sus aflicciones y mejorar como seres humanos en tiempo récord, aunque no sin cierto sufrimiento.

A quienes ingresan en este idílico balneario, situado en un lugar apartado, con un camino de difícil acceso (ya que se supone que el aislamiento es parte esencial de la terapia de sanación), en medio de un bosque con río, catarata y aguas termales, y donde te sirven nutritivos batidos de frutas tropicales preparados al momento (quién diría que meter la cámara en un vaso de licuadora iba a dar tanto juego visual), les requisan nada más llegar sus medios de transporte y sus dispositivos móviles para cortar todo contacto con el exterior. En realidad les aíslan solo en el plano físico, pues en el plano emocional cada uno de ellos ya lidiaba previamente, en soledad, con sus propias tribulaciones sin abrirse a su entorno, al que solo dejaban ver (y padecer) las secuelas y consecuencias de sus respectivos traumas.

Se trata de nueve personajes con caracteres, profesiones y etapas vitales distintas, que se someten voluntariamente (y a ciegas) a una terapia experimental que promete ser “liberadora”, diseñada por alguien que ha conseguido «renacer» en sentido literal (tras estar clínicamente muerta) y dejar atrás su oscura vida pasada. Un “novedoso” método terapéutico que se nutre de muchas de las actuales teorías del Mindfulness: la meditación, el yoga, el regreso a la tierra, la desintoxicación a través del ayuno y la alimentación eco-orgánica y, sobre todo, el entregarse por entero y abrazar la experiencia del retiro abriendo la consciencia a la espiritualidad, para salir de ella siendo personas nuevas, sin castigarse, sin juzgarse, sin arrepentirse… Un viaje físico y espiritual de diez días, resumido en ocho episodios, durante los cuales la serie nos irá presentando a cada uno de estos clientes/pacientes que se encuentran al límite de su resistencia y que se verán abocados a poner en común las pérdidas, fracasos, frustraciones, traiciones y traumas que los lastran, para poder así desprenderse de ellos y avanzar hacia un estado emocional superior, en el que los dolores, culpas, complejos y temores que los afligen al fin desaparezcan.

“Nine perfect strangers” es, en suma, un inquietante puzzle que se construye lentamente, combinando el drama y el misterio con las constantes referencias a un estilo de vida que es tendencia, obligándonos a seguir las pistas que nos van dejando a cuenta gotas según avanza su argumento y en el que destacan las magníficas interpretaciones de los actores y actrices de reparto.

Melissa McCarthy en el papel de Francis, escritora de novela romántica, una cincuentona menopáusica, fracasada en el amor, que teme no estar a la altura de sus propias expectativas profesionales, quien es sin duda la más empática del grupo; Bobby Cannavale, quien da vida a Tony, una estrella del fútbol americano que vio apagarse su popularidad al sufrir un grave accidente en el campo y desde entonces desarrolló una fuerte dependencia al alcohol y a los fármacos que lo convierte en un ser desaliñado y malhumorado; Luke Evans (Lars), un sujeto narcisista, sospechoso y taimado, homosexual, escéptico y conflictivo, que parece decidido a reventar la terapia provocando al resto del grupo, especialmente a Regina Hall (Carmel), una mujer de mediana edad, con problemas de ira y de autoaceptación, que acude al retiro para perder peso y volver a sentirse atractiva tras la doble maternidad que la condenó a la vida doméstica; Heather (Asher Keddie), una madre atrapada en una profunda depresión desde el suicidio de su hijo adolescente que convive con su marido Napoleón (Michael Shannon) y su otra hija, Zoe (Grace Van Patten), sin soportar la idea de que estos se hayan resignado tan fácilmente a la pérdida. Y finalmente Ben (Melvin Gregg), quien tras haber ganado 22 millones de dólares en la lotería ha perdido el interés por todo cuanto posee, incluida su espectacular esposa influencer, Jessica (Samara Weaving), una joven insegura y no muy lista, para quien nada existe, si no se cuelga en Instagram.

Al margen del indudable atractivo del personaje de Masha, una suerte de ser místico dotado de un gran poder de seducción al tiempo que infunde cierta desconfianza e incluso temor entre sus pacientes/huéspedes, la miniserie de Daniel E. Kelley («Big Little Lies«, «The Undoing«) se apoya en este gran reparto coral, para proponernos un triple suspense: ir conociendo la biografía de cada uno de estos personajes; saber exactamente en qué consiste ese “nuevo protocolo” del que hablan Masha y sus ayudantes, Yao (Manny Jacinto) y Delilah (Tiffany Boone) (con quienes mantiene una extraña relación, cuya naturaleza aún no llegamos a precisar) y que, a tenor de sus conversaciones, parece ser algo extremo, posiblemente hasta ilegal; y averiguar quién está detrás de las amenazas que la gurú recibe en su teléfono móvil y si tienen algo que ver con la tragedia/negligencia ocurrida tiempo atrás en ese lugar.

El misterio está servido y todo hace presagiar que el dilema que se nos plantee a futuro sea de naturaleza ética. De momento solo hemos visto los tres primeros capítulos, lo suficiente para despertar nuestro interés.

Título original: "Nine Perfect Strangers"

Año: 2021

Duración: 43 min. x 8 episodios

País: Estados Unidos 

Dirección: Jonathan Levine

Guión: David E. Kelley, John-Henry Butterworth, Samantha Strauss.
 
Novela: Liane Moriarty

Fotografía: Yves Bélanger

Reparto: Nicole Kidman, Melissa McCarthy, Michael Shannon, Luke Evans, Regina Hall, Bobby Cannavale, Samara Weaving, Asher Keddie, Manny Jacinto, Melvin Gregg, Tiffany Boone, Grace Van Patten, Hal Cumpston

Productora: Blossom Films, Made Up Stories. Distribuidora: Hulu

Género: Serie de TV. Drama | thriller

DESCUIDA, YO TE CUIDO

Probablemente el relativismo moral sea uno de los temas más recurrentes en la filmografía de las últimas décadas, pero pocas películas explican con tanta claridad su posición al respecto desde el minuto uno, como “Descuida, yo te cuido” (“I care a lot”), mezcla de thriller y de comedia negra en la que, más que brillar, resplandece con luz propia la actriz británica Rosamund Pike (“Perdida” “State of the Union”).

Escrita y dirigida por Jonathan Blakeson (“La desaparición de Alice”, “La quinta ola”) como una desenfadada sátira del sueño americano, la película (que Netflix estrenó en su plataforma para Latinoamérica y que en España puede verse en Amazon Prime) cuenta en primera persona la historia de Marla Grayson, narradora y artífice de su propio destino quien, desde el alegato inicial de presentación de su personaje, se dirige al espectador en tono desafiante, para advertirle de su falta de escrúpulos a la hora de conseguir aquello que se propone:

“Mírate, ahí en el sofá. Pensarás que eres buena persona. Pues no lo eres. Hazme caso. Las buenas personas no existen. Antes yo era como tú. Creía que, si me esforzaba y seguía las reglas, tendría éxito. Pero no. Lo de seguir las reglas es una broma que se inventaron los ricos para que los demás sigamos siendo pobres. Y yo he sido pobre. Pero eso no es lo mío. Porque en el mundo hay dos clases de personas: las que cogen y a las que les quitan. Los depredadores y las presas. Los leones y los corderos. Mi nombre es Marla Grayson y no soy un cordero. Soy una puta leona”.

Dispuesta a comerse el mundo antes de que este la devore a ella, con un aspecto siempre impecable que consigue machacándose cada día en el gimnasio, enfundada en trajes a medida, con su vaporizador y sus gafas de diseño, Marla es una mujer dura, competitiva, fría y calculadora, carente de brújula moral, capaz de llegar a extremos de crueldad inimaginables y que no se deja intimidar por los hombres. Todos ellos ingredientes imprescindibles en la fórmula del éxito, como la película pretende evidenciar.

Junto a su socia y amante, Fran (Eiza Gonzalez) y conchabada con una geriatra dispuesta a emitir informes falsos acerca del estado de salud de sus pacientes, ha montado un próspero negocio dedicado al supuesto cuidado de los intereses de personas de la tercera edad que básicamente consiste en encerrar a los abuelos en una residencia y despojarlos de sus bienes, valiéndose para ello de una sofisticada red de sobornos que implica a médicos, policías y directores de asilos, y cuya influencia se extiende hasta la propia justicia, que sistemáticamente consigue que se ponga de su parte dictaminando la necesidad de que estos ancianos queden bajo su tutela legal.

Ya desde las primeras escenas, vemos a Marla defender su farsa en la Corte ante la demanda de un hombre desesperado, a quien se le impide visitar a su madre en la residencia donde ha sido ingresada sin su consentimiento: “Cuidar es mi trabajo, mi profesión. Me ocupo de los que necesitan protección, protección de la apatía, de su propio orgullo, y a menudo protección de sus propios hijos”, le dice al juez, determinada a torcer el funcionamiento del sistema legal a su favor.

“Lo que me interesaba de ella era encontrar la clave de sus apetitos, su anhelo de riqueza y poder”, explicaba Pike (ganadora de un Globo de Oro por este trabajo), durante la promoción de la película. “Ella piensa: ‘Ya he perdido lo suficiente, ahora me toca ganar. Ahora voy a jugar sucio’. Y es el sistema el que permite que lo haga”.

De hecho, más allá de parodiar esa pulsión de triunfar a toda costa que subyace en el sueño americano, la película plantea una feroz crítica a la mercantilización de los sistemas de salud y asistencia social, basándose parcialmente en una historia real. La de Elizabeth Holmes, fundadora y CEO de la empresa Theranos, dedicada a servicios de salud y análisis clínicos que resultó ser un fraude monumental, quien terminó siendo acusada por sus propios empleados de engañar tanto a clientes como a inversores, siendo su empresa puesta bajo investigación federal.

“Vi con detenimiento todos los videos de Elizabeth Holmes para comprender ese ejercicio del arte de vender, esa inminente bancarrota moral que sin embargo consigue ser lo bastante convincente, como para poner a la gente de tu lado”, confesaba Pike. “No me basé en Holmes para construir a Marla como personaje, pero observé los pequeños detalles de su comportamiento, su lenguaje corporal, el movimiento de sus párpados, y ese pretendido discurso de sinceridad. La idea era que los argumentos de Marla fueran solventes y razonables”.

Tanto como suelen serlo en la vida misma. Y es que la película de Blakeson es una historia sobre timadores, estafadores, corruptos, personas capaces de hacer cualquier cosa con tal de llenarse los bolsillos, gente que camina entre nosotros y que a menudo se convierte en sujeto de admiración pública, por su capacidad de autosuperación.

Marla es una «emprendedora» nata. Como dice su voz en off abriendo la película, una mujer que se hizo a si misma de la nada y que siempre supo que había que pelear para conseguir aquello que se ambiciona. Inteligente, decidida, algo temeraria, se mueve y piensa rápido, acechando a su presa, como una bestia depredadora en medio de la selva, siempre en el filo de la legalidad, manteniendo el equilibrio. Su trabajo es una trampa, una estafa permitida y amparada por el sistema. Y planta cara a su adversario en un juego a vida o muerte, sin temer a esta.

“Para triunfar en este país hay que ser valiente, estúpida, implacable y concentrarse, porque siguiendo las reglas no llegas a ninguna parte. Así es como pierdes. Y yo quiero ser rica Lunyov, jodidamente rica. Diez millones de dólares no es demasiado para ti, pero para mí son un comienzo, suficiente para usar el dinero como arma, como maza, igual que hacen los ricos de verdad”, chantajea a su captor, un despiadado capo de la mafia rusa dispuesto a acabar con ella por haber encerrado a su madre en una institución geriátrica sin saber a quién se la estaba jugando, que contra todo pronóstico acaba prendado de su arrojo, determinación y “talento para los negocios”.

Tanto Peter Dinklage (“Juego de Tronos”), innegablemente eficaz aunque algo estereotipado y sobreactuado en su interpretación del bipolar gángster, aficionado a los dulces, a quien todos temen y que pareciera ser la némesis de Marla, esto es: la única persona con el mismo nivel de crueldad e inmoralidad que la protagonista; como la veterana Dianne Wiest (“Hannah y sus hermanas”), impecable en el papel de su anciana (y aparentemente inofensiva, aunque enigmática y peligrosa) madre, resultan un acompañamiento exquisito para Rosamund Pike que se crece en las escenas que comparte con ambos.

Sin embargo, hay aspectos en los que la película desbarra a mi juicio. Uno de ellos es el abuso que hace del tópico de la mujer fuerte, con constantes alusiones a la intimidación que ello provoca en los hombres, y la deriva que, en un momento dado, se produce en el personaje de Marla, dotándola de una capacidad de supervivencia poco creíble, como en la escena en la que, aún habiendo sido previamente dopada, consigue escapar de la muerte saliendo aparatosamente de un automóvil hundido en las profundidades de un río, otorgándole superpoderes que resultan exagerados e inexplicables desde un punto de vista argumental. O la caricatura en la que se termina convirtiendo la banda de mafiosos, siendo los secuaces de Roman Lunyov lo bastante estúpidos como para ser abatidos a las primeras de cambio.

Con todo, lo que menos me gusta de la película de Jonathan Blakeson (que, más allá de las lecciones aprendidas en esa «escuela para personajes perturbados» que son las peliculas de David Fincher, por momentos recuerda al tono y el registro narrativo empleado en algunas de las mejores creaciones de Danny DeVito) es la contradicción en la que incurre cuando, después de haberse atrevido a confeccionar un personaje tan malvado, cínico y temerario, como Marla Grayson, cuyo comportamiento ni siquiera se molesta en intentar excusar o justificar a lo largo del filme con apelaciones a traumas del pasado o patrañas similares, el director británico cede finalmente a la presión moral y decide elaborar un desenlace que parece más destinado a complacer al espectador dando “su merecido” a un ser tan carismático como éticamente despreciable, y abundando con ello en la manida, cuestionable e idealizada moraleja de que “quien mal hace, mal acaba”.

Título original: "I Care a Lot"

Año: 2020

Duración: 118 min.

País: Reino Unido

Dirección: Jonathan Blakeson

Guión: J. Blakeson

Música: Marc Canham

Fotografía: Doug Emmett, Mike Valentine

Reparto: Rosamund Pike, Peter Dinklage, Eiza González, Dianne Wiest, Chris Messina, Isiah Whitlock Jr., Macon Blair, Damian Young, Arthur Hiou, Jamie Ghazarian, Kayla Caulfield, Georgia Lyman, Leah Procito...

Productora: Black Bear Pictures, Crimple Beck. Distribuidora: Netflix, GEM Entertainment. Amazon Original.

Género: Thriller. Comedia negra. 

BAJO CERO

“Bajo cero” me ha dejado fría. Y no precisamente por la sensación térmica, sino porque lo que supuestamente iba a ser el mejor thriller de acción de este año, protagonizado por dos Titanes del arte dramático, como Javier Gutiérrez y Karra Elejalde, se ha quedado (y nunca mejor dicho, considerando la cantidad de cargadores que se vacían durante los 106 minutos que dura la película) en un delirante y rocambolesco fuego de artificio.

Y eso que la situación límite de la que parte la historia: el asalto a un furgón blindado durante un traslado de presos de máxima peligrosidad, mientras rueda por desérticas carreteras secundarias en medio de una gélida noche de niebla cerrada, no puede ser más prometedora. De hecho, los primeros quince minutos de arranque de la película consiguen mantener la intriga preservando el anonimato del asaltante, cuya identidad y verdaderas intenciones solo conoce uno de los reos que viaja en el furgón policial. Pero, presa de la precipitación, el guionista descubre demasiado pronto sus cartas, a partir de lo cual, el desarrollo de la acción se pasa tanto de vueltas que descuida lo esencial: hacer que lo que nos están contando parezca creíble.

No dudo de que Lluis Quílez tuviese las más nobles y elevadas intenciones al concebir este trabajo que ha presentado como un llamado a la reflexión sobre la justicia, la venganza y el sentido del deber de un servidor público, en este caso un policía, enfrentado a un dilema moral que hace un guiño a la actualidad al recordarnos casos como el de Marta del Castillo. Pero su ejecución peca de un exceso de efectismo sanguinario (tiroteos, mutilaciones, muertes brutales y desangramientos), incurriendo en errores de bulto e incongruencias argumentales que restan efectividad al argumento y que no pasan desapercibidos para un espectador mínimamente despierto, como el que estos días se molestaba en publicar la una lista con algunos de los gazapos de la película, en un foro de internet:

“- Un furgón con presos peligrosos que desaparece toda una noche sin que nadie intente localizarlo, cuando se supone que estos vehículos deben estar dotados de un GPS que permite su búsqueda y localización, en caso de extraviarse. ¿Es que nadie se da cuenta de que algo sucede cuando no llega a tiempo o se desvía de su ruta?

– En la carreteras secundarias por donde circula el furgón no se cruzan ni con un solo vehículo en toda la noche.

– El asaltante utiliza una escopeta de cartuchos que dispara balas.

– Un policía que porta una pistola sin cargador de recambio.

– El coche de policía que iba delante del furgón tiene un accidente y nadie llama por radio de la central para ver qué ha pasado.

– El furgón se hunde por las ruedas traseras en un lago congelado y en el habitáculo interior lo que aparece inundado es la cabina del conductor.

– Furgón totalmente sumergido y en el interior espacios sin inundar.

– Policía recibe varios disparos a pocos metros del furgón, su compañero (quien se supone es un agente experimentado), comprueba que está muerto pero, de repente revive, como un caminante de “Walking Dead” y, en vez de esperar refuerzos o ir a un hospital, se va malherido detrás del autocar secuestrado, conduciendo un vehículo a toda velocidad.

– Un yonqui que aguanta la respiración bajo el agua helada, como un profesional de la inmersión, sin temor a morir de una hipotermia, cuando los yonquis sólo miran por ellos y rara vez se sacrifican por los demás…”

Y así podríamos seguir a nada que nos pongamos quisquillosos.

Menos mal que las eficaces actuaciones de sus protagonistas (especialmente la de Karra Elejalde, entregado a su papel de “vengador justiciero muy a su pesar” e impecable en cada nuevo registro interpretativo que aborda. Menos brillante, aunque siempre correcto está, en cambio, Javier Gutiérrez, a quien esta vez no me termino de creer del todo), incluso la de los actores de reparto encabezados por Luis Callejo y Patrick Criado, Édgar Vitorino, Florin Opritescu, Miquel Gelabert Bordoy y Andrés Gertrúdix, un grupo de criminales peligrosos, cada uno con una personalidad y un prontuario delictivo diferenciado, soportan el peso de la película que avanza a toda prisa, cuesta abajo y sin frenos, hacia un desenlace final en el que los más optimistas han querido ver alguna reminiscencia de títulos tan brillantes como “Seven”, pero que en realidad resulta bastante más plano de lo que hubiese sido deseable, en su afán de dejar sentada una moraleja socialmente aleccionadora.

Título original: Bajocero

Año: 2021

Duración: 106 min.

País: España

Dirección: Lluís Quílez

Guión: Fernando Navarro, Lluís Quílez

Música: Zacarías M. de la Riva


Fotografía: Isaac Vila

Reparto: Javier Gutiérrez, Karra Elejalde, Luis Callejo, Patrick Criado, Andrés Gertrudix, Isak Férriz, Miquel Gelabert, Édgar Vittorino, Florín Opritescu, Ángel Solo, Àlex Monner, Sebastián Haro

Compañías: Morena Films, Amorós Producciones, Televisión Española (TVE), ICIC (Distribuidora: Netflix)

Género: Thriller. Intriga | Policíaco.

EL DESORDEN QUE DEJAS

El cine español se ha agarrado con fuerza a las plataformas digitales para vender su producto. Echando un rápido vistazo al catálogo de series esta Navidad, se puede comprobar cómo prácticamente todas ellas ofrecen uno o dos títulos de estreno de manufactura nacional. “El Cid” (Amazon Prime), “30 Monedas” (HBO), “Los favoritos de Midas” (Netflix)… Se trata, en su mayor parte, de series de consumo rápido, con pocos capítulos, que aprovechan el tirón de sus jóvenes protagonistas en trabajos precedentes y cuyas temáticas, siendo variadas, apuntan a cierta preferencia por el género de suspense, como la serie a la que me quiero referir.

Creada por Carlos Montero a partir de su propia novela, «El desorden que dejas» se nos presenta como un thriller ambientado en la Galicia rural y juega con dos planos temporales separados en el tiempo por la trágica desaparición y presunto suicidio de Viruca, una profesora de instituto admirada por sus alumnos, con quienes establece una relación tóxica de índole personal, que excede cualquier código deontológico.

Más allá del llamativo y logradísimo acento gallego de sus principales protagonistas: Inma Cuesta (“La novia”), Arón Piper (“Elite”), Roberto Enríquez (“Vis a vis”), Bárbara Lennie (“Petra”), ninguno de ellos nacido en la costa del cantábrico, hay varias cosas salvables de la serie. Especialmente seductor resulta ese juego narrativo en el que el pasado se hace presente y vemos a personajes ya fallecidos interrelacionarse con la protagonista, mientras esta intenta recomponer el puzzle de la vida de una mujer a la que no conoce de nada, pero con la que descubrirá que tiene más de una cosa en común, hasta desentrañar los verdaderos motivos de su muerte.

Y es que hay algo de realismo mágico a la gallega en los sueños de Raquel (Inma Cuesta) con su madre muerta y en las visiones que tiene de Viruca. Poco a poco, irá desentrañando un retorcido misterio que sacará a la luz la doble vida de la profesora fallecida, a la vez que terminará desenterrando los secretos más siniestros de algunos de los habitantes de ese apacible pueblo llamado Novariz.

Muy notables son las actuaciones de los tres chavales del elenco, Arón Piper (Iago), Roque Ruiz (Roi) y, en menor medida, Isabel Garrido (Nerea), tres adolescentes problemáticos, explorando sus propios límites e intentando expiar sus traumas infantiles. Así como la de las dos protagonistas, Inma Cuesta (la naturalidad personificada) y Bárbara Lennie (Viruca, un personaje que gana en complejidad a medida que vamos descubriendo detalles de su vida algo turbia).

Sin embargo, creo que el guión incurre en cierta exageración y en una abundancia de tópicos que reducen el argumento a algo poco creíble y desmerecen el resultado final, como el hecho de que una simple profesora de instituto, acosada por sus alumnos, se calce el uniforme de agente del CSI y lleve a cabo una investigación exhaustiva, a partir de una simple sospecha, poniendo en peligro su propia vida al seguir como un sabueso todas y cada una de las pistas que le conducen a los verdaderos motivos de la muerte de su predecesora en la cátedra de literatura o que acabe inevitablemente enrollándose con el ex marido de la profesora muerta, en una escena cuyo detonante es algo tan manido como que llega a su casa una noche empapada por la lluvia y debe cambiarse de ropa.

No es cuestión aquí de hacer spoiler, mucho menos tratándose de una serie de suspense, por lo que me limitaré a decir que ésa es en esencia la trama de “El desorden que dejas”, sobre la que se van liberando diferentes subtramas que terminan confluyendo en lo que se pretende sea un gran final. Lástima que, para cuando este se acerca, resulte ya todo demasiado previsible.

A pesar de ello, la serie se deja ver y puede tener su público. No es un enrevesado rompecabezas con giros inesperados que nos saquen los ojos de sus órbitas y nos descoyunten la mandíbula, pero tampoco incurre en demasiadas excentricidades ni defrauda las más altas expectativas. Se trata más bien de un trabajo discreto que apuesta por la sobriedad y que tiene a su favor la excelente elección de su localización en tierras gallegas, sin cuya atmósfera húmeda y sobrenatural, no podría funcional igual. Un thriller de manual. Fácil de digerir y fácil de olvidar.

Título original: El desorden que dejas

Año: 2020

Duración: 50 min.

País: España

Dirección: Carlos Montero (Creador), Carlos Montero, Silvia Quer, Roger Gual

Guión: Carlos Montero, Javier Holgado, Andrés Seara (Novela: Carlos Montero)

Música: Lucio Godoy, Ricardo Curto (Canción: Xoel López)

Fotografía: Isaac Vila

Reparto: Inma Cuesta, Bárbara Lennie, Tamar Novas, Arón Piper, Roberto Enríquez, Roque Ruíz, Isabel Garrido, Federico Pérez, Susana Dans, Alfonso Agra, Xosé A. Touriñán, Abril Zamora, Xavier Estévez, María Tasende, Camila Bossa, María Costas, Mela Casal, César Cambeiro

Productora: Vaca Films. Netflix España.

Género: Serie de TV. Intriga. Thriller. Drama Colegios. Enseñanza

THE UNDOING

A pesar del slogan con el que se presenta «The undoing«, la serie de HBO para la temporada de otoño-invierno, su final parece confirmar justo lo contrario: que a veces las cosas son exactamente lo que parecen ser, por más que nos empeñemos en buscarle cinco pies al gato intentando disimular, adornar o eludir la verdad.

Teniendo como punto de partida algo tan poco novedoso como un brutal asesinato acaecido en pleno corazón de la bella y exclusiva Manhattan, los guionistas de este thriller psicológico, tan previsible como poco memorable pese a su deslumbrante reparto interpretativo de fama mundial intentan, de manera un tanto burda y efectista, despistar al personal con la vieja táctica del cluedo. Esto es: haciendo recaer las sospechas de la autoría del atroz crimen en todos y cada uno de los personajes principales, uno por cada uno de los seis capítulos en los que se desarrolla la serie (nada que no hayan hecho antes Agatha Christie o Sir Arthur Conan Doyle, más y mejor), para finalmente confirmar las sospechas iniciales, con lo que el espectador tiene la molesta sensación de haber sido inducido a una auténtica pérdida de tiempo, cuyo desenlace nos lleva de nuevo a la casilla de salida, sin la recompensa de la sorpresa de último minuto que tanto se estila en el mejor cine de suspense.

Por no hablar de la superficialidad con la que se abordan los debates de fondo, apenas sugeridos, como el de la infidelidad conyugal o el de la desigualdad social y la forma en la que ello afecta a la acción de la Justicia. Y es que, pese a su ampulosa producción, que nos pone los dientes largos paseándonos por los áticos de superlujo de la Quinta Avenida en el Upper East Side, desde donde se divisa como una constante el sky line neoyorquino, esta adaptación de la novela “Tú ya lo sabías” de Jean Hanff Korelitz, a manos de David E. Kelley (uno de los guionistas de la exitosa “Big Little Lies”, con la que esta de Susanne Bier guarda evidentes similitudes) se queda corta en casi todo, fallando en sus intenciones en la medida en que difícilmente puede generar intriga una trama que carece de emoción y de verdad interpretativas, algo en lo que tiene bastante responsabilidad la pareja protagónica, formada por un Hugh Grant venido a menos en su rol de seductor, pese al ridículo e irritante abuso de los gestos y tics que han hecho célebre al actor británico, en contraposición al acartonamiento de la siempre etérea Nicole Kidman, pulcra, hierática y esbelta, (hay quien dice que con peluca de sofisticado rizo pelirrojo y las arrugas alisadas en postproducción con photoshop) perfecta como una muñeca de porcelana, pero tan distante que, pese a ocupar cada uno de los planos del montaje, se diría que permanece ausente de cuanto acontece y cuyos retoques faciales impiden ya cualquier atisbo de expresividad.

Poco más que añadir acerca de este divertimento menor, salvo quizá que se trata de una miniserie de apenas seis capítulos. Ideal para una larga sobremesa de domingo, especialmente si eres un incondicional de Kidman y Grant.

Título original: The Undoing

Año: 2020

País: Estados Unidos

Dirección: David E. Kelley (Creador), Susanne Bier

Guion: David E. Kelley, Jean Hanff Korelitz

Música: Evgueni Galperine, Sacha Galperine, Víctor Reyes

Fotografía: Anthony Dod Mantle

Reparto:
Nicole Kidman, Hugh Grant, Donald Sutherland, Noah Jupe, Edgar Ramirez, Ismael Cruz Cordova, Matilda De Angelis, Lily Rabe, Noma Dumezweni, Michael Devine, Jim Cleary, Fala Chen, Vedette Lim, Maria Dizzia, Jack Ronan Grindley, Lara Barbieri, Dante DiGiorgio, Frank Fernandez, Kathryn Grace, Kate Greer, Michael Iacono, Sultan H. Khane II, Billy Lake, Robert Myers, Logan Taylor, Melania Zalipsky, Victoria Zalipsky

Compañías: David E. Kelley Productions, Blossom Films, Made Up Stories, HBO.

Género: Serie de TV. Thriller. Intriga.