El estreno de esta semana en Filmin se llama “Frieden” (“Laberinto de Paz”) y es una interesante y reveladora miniserie de época, ambientada en los días inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, que pone en tela de juicio la imparcialidad de “el país más neutral del mundo”, Suiza, y su papel durante la postguerra, al convertirse en el primer lugar de acogida para víctimas y verdugos (judíos liberados de los campos de concentración y desertores nazis que conseguían salir de Alemania), por ser paso fronterizo.
Creada por Petra Biondina y Mike Schaerer y protagonizada por un eficaz elenco de actrices y actores locales, encabezado por la joven Annina Walt (Klara), el carismático Max Hubacher (Johann) y el oscuro Dimitri Stapfer (Egon), se trata de una multipremiada superproducción centroeuropea, basada en hechos reales, en cuyo argumento se desliza con sinceridad y delicadeza, aunque quizá también con excesiva frialdad, una demoledora crítica hacia la conducta de muchos empresarios e instituciones del país helvético (desde la Fiscalía General hasta la Cruz Roja Internacional), en un tiempo aún convulso en el que, tras perder a uno de sus socios comerciales más importantes, como era Alemania, Suiza entró en una grave crisis económica y decidió vender en secreto su alma al diablo.
De hecho, podría decirse que representa un valiente acto de contrición histórica, al sacar a la luz una incómoda verdad, en la que se contrapone la falta de hospitalidad de las autoridades, reacias a dar permiso de residencia a los supervivientes de los campos de concentración liberados por el ejército aliado, y de la propia ciudadanía suiza que los recibe con desconfianza y rechazo; frente a la calurosa acogida que se dispensa, en cambio, a los criminales de guerra nazis, que se hicieron ricos a costa del expolio y el exterminio del pueblo judío y cuyo dinero es lavado en empresas de propiedad suiza.
La historia comienza en 1945, con la boda de Klara, única heredera de una acaudalada familia dueña de una importante industria textil, y su prometido Johann, un joven ambicioso e innovador, con grandes proyectos para su futuro profesional.
Tras la guerra se abre para toda Europa un tiempo nuevo de ilusiones renovadas y, mientras Klara trabaja para la Cruz Roja, en el auxilio a los jóvenes supervivientes del holocausto a los que Suiza da asilo de forma provisional, procurando deshacerse de ellos cuanto antes (cosa que consigue merced a un acuerdo con las autoridades religiosas israelíes enviándolos “de avanzadilla” a los territorios ocupados de Palestina, ya que “en Europa nadie los quiere”), Johann se centra en rescatar y modernizar la empresa de su suegro. Su intención es abrir una nueva línea de negocio con la producción de un tejido revolucionario sobre el que lleva tiempo investigando: la fibra sintética. Pero para ello necesita de una importante suma de dinero y los bancos se niegan a darle crédito. Por lo que se ve obligado a recurrir a inversores particulares, en concreto a un tío de su mujer, del que ignora que mantiene una estrecha vinculación con antiguos y adinerados criminales de guerra nazis que viven en el país helvético bajo una identidad falsa, actuando de facto como su testaferro.
Es así como Johann consigue hacerse con los fondos necesarios para cumplir el sueño de poner en marcha su negocio y consiente en contratar a un químico alemán (también de oscuro pasado en las filas del nacionalsocialismo) encargado del desarrollo de la fórmula y la patente, a quien incluso llega a dar acomodo en su casa familiar. Mientras su hermano Egon, un ex militar que sirvió en la frontera, atormentado por los remordimientos de lo que tuvo que presenciar y hacer durante la guerra, empieza a trabajar en la oficina del Fiscal General, teniendo como misión precisamente la de localizar, desenmascarar y deportar a los desertores nazis que hayan podido entrar a Suiza de forma ilegal.
Al enterarse de que su empresa ha estado sirviendo de tapadera para el lavado del dinero que los nazis robaron a sus víctimas y con el que lograron salir huyendo al ver que Alemania perdía la guerra, Johann se debatirá en un dilema moral que acabará costándole su relación con su hermano y con su mujer, cada vez más implicada en la causa de los judíos, gracias a los sentimientos que despiertan en ella dos refugiados de origen polaco: el joven Herschel (Jan Hrynkiewicz) -con quien llega a tener un fugaz encuentro sexual- y el pequeño Jenkele, cuyos padres murieron tras el incendio del gueto de Varsovia.
La compasiva Klara se dará cuenta de que la acción humanitaria y la supuesta solidaridad internacional de la que presume su país es sólo una fachada que dista mucho del verdadero altruismo y de que la tan celebrada paz tampoco tiene demasiado que ver con la justicia y acabará por dejar a Johann, atrapado en un sistema que hace la vista gorda hacia criminales capaces de las mayores atrocidades y en donde el fin justifica los medios, igual que sucede en tiempo de guerra.
«Laberinto de paz» es, en definitiva, un sólido drama de época que nos descubre una realidad poco conocida. Una sosegada exposición de una incómoda verdad histórica, cuyas motivaciones no distan mucho de las que subyacen en otras crisis de refugiados que se viven hoy en día y en donde ese principio de solidaridad se ve pervertido por intereses económicos.







FICHA TÉCNICA: Título original: Frieden (Laberinto de paz) Año: 2020 País: Suiza Dirección: Mike Schaerer Guión: Petra Biondina Volpe Música: Annette Focks Fotografía: Christian Marohl Reparto: Annina Walt, Max Hubacher, Dimitri Stapfer, Therese Affolter, Sylvia Rohrer, Urs Bosshardt, Stefan Kurt, Miron Sharshunov, Jan Hrynkiewicz, Gustav Strunz, Adrian Grünewald, Fabian Guggisberg, Lou Strenger, Oscar Bingisser, Britta Güntert, Caroline Imhof, Matthias Lier, Elidan Arzoni, Stephan Bissmeier, Kaspar Weiss, Sarah Sophia Meyer, Markus Amrein, Benito Bause, Rachel Braunschweig, Michael von Burg, Stefano Wenk Productora: Zodiac Pictures International Género: Serie de TV. Drama | Miniserie de TV. Años 40. Nazismo

