EL PODER DEL PERRO

Quienes aún no hayan podido olvidar la escena de la frágil y pálida Holly Hunter desvaneciéndose frente a un mar encabritado en las costas de Nueva Zelanda, con la falda de su adusto y recatado vestido negro desinflándose como lo haría al tomar tierra un gran globo aerostático, están de enhorabuena, pues la autora de tan poética estampa, Jane Campion, ha vuelto a imprimir toda su elegancia y sensibilidad narrativa a un nuevo trabajo cinematográfico que puede verse en Netflix y que ya suena como favorito para hacerse con el codiciado Oscar a la mejor película de este año.

Apoyándose en el sutil, aunque elocuente simbolismo de sus imágenes e inscrita en los parámetros del realismo psicológico, en “El poder del perro” sin embargo nada es lo que parece. Ni siquiera el propio género del filme, pues se trata de un drama (más bien una tragedia) disfrazado de western.

Nada nuevo si tenemos en cuenta que los mundos de Campion son siempre atormentados y ambiguos, tan delicados a nivel visual como despiadados y crueles en el plano pasional y emotivo, ya sea en la inhóspita Nueva Zelanda del siglo XIX de “El piano (1993), en mitad del desierto de “Holy Smoke” (1999) o en el Londres de “Retrato de una dama” (1996); su especialidad es la de crear atmósferas inquietantes, dominadas por reglas opresivas y asfixiantes, capaces de minar la resistencia y la estabilidad mental de sus reprimidos personajes, orillándolos peligrosamente a una opción autodestructiva.

Algo que se repite en “El poder del perro”, solo que esta vez la acción transcurre en el lejano oeste americano, más concretamente en la vieja Montana de 1925, ajena a la pujante ola de progreso que llegaba desde el Norte con el vértigo de los años locos, imponente en el esplendor salvaje de sus extensas planicies y zonas montañosas que ocultan ancestrales leyendas, secretos y maldiciones.

La paciencia ante la adversidad es la que nos hace hombres” sentencia Phil Burbank (Benedict Cumberbatch), un ranchero de la región, propietario de una vasta extensión de tierras y ganado, educado en Yale y aficionado a la música, que vive por y para el recuerdo del autor de esas palabras grabadas en su memoria: Bronco Henry. Una especie de maestro o mentor de quien conserva su montura, que limpia y pule con devoción, manteniéndola inmaculada en honor a la gran amistad que los unió, aún muchos años después de su muerte, y que por las noches acaricia de forma furtiva, como un cuerpo que se desea.

Bronco Henry es el modelo de hombría para Phil, el patrón a seguir, quien les enseñó todo lo que se precisa saber para ser ranchero a él y a su hermano, George Burbank (Jesse Plemons), demasiado dócil y sumiso para desairar las expectativas depositadas en ellos por sus padres cuando encomendaron a sus hijos el cuidado de sus tierras, pero totalmente desafecto a las labores del campo.

Phil y George son dos personajes antagónicos, una asociación imperfecta pero fértil que consigue multiplicar el patrimonio de los Burbank, con Phil ejerciendo de macho alfa y dirigiendo con mano firme a los hombres de la hacienda, mientras George ejerce como administrador y contable.

Obedecido y admirado por sus empleados, con quienes comparte anécdotas y vivencias en exaltación de su masculinidad, un terreno en el que cree moverse seguro, Phil es el arquetipo del cowboy, un tipo rudo, machista y misógino, que se baña en el río sólo cuando la roña forma una capa gruesa sobre su cuerpo. Un hombre inteligente, de lengua viperina, que acosa a su hermano llamándole “gordo” y sometiéndolo a un constante control. Pero todo cambia cuando George, una buena persona, sensible y tolerante, que a diferencia de su hermano mayor viste siempre de traje, se enamora de una viuda llamada Rose (Kirsten Dunst), con quien decide contraer matrimonio y quien, a su vez, tiene un hijo adolescente algo afeminado, Peter (Kodi Smit-McPhee), lo que desata los celos y la homofobia de Phil, que sufre una especie de castración emocional, manteniendo a raya en todo momento sus verdaderos impulsos y pasiones.

La llegada al rancho de sus nuevos habitantes acaba con la armonía entre los dos hermanos e impone un nuevo orden familiar que Phil no acepta: la presencia de Rose como señora de la casa, las reuniones sociales con el gobernador y la curiosidad de Peter (estudiante de medicina) sobre el nuevo entorno que lo rodea, que disecciona con su bisturí de cirujano husmeando por la finca.

Campion regresa al cine tras doce años de ausencia (su última película fue la romántica “Bright Star” en 2009, tras la que decidió volcarse en las series, filmando dos temporadas de “Top of the lake”, con Nicole Kidman y Elisabeth Moss, aclamada por la crítica aunque para el gran público pasó desapercibida) para adaptar y recrear la novela homónima de Thomas Savage de 1967, desde una mirada más actual que revela los entresijos de ese mítico Lejano Oeste y los conflictos que subyacen tras ese ideal masculino de conquista y progreso, una labor deconstructiva que profundiza, una vez más, en los rigores psicológicos del costumbrismo.

Sus referentes resultan obvios: el cine de John Ford (la figura de Phil con su sombrero de vaquero recortada a contraluz bajo el sol del cálido atardecer recuerda al Ethan Edwards de “Centauros del Desierto” (1956)). Pero también recoge la carga homoerótica que se oculta tras la violencia de “Río Rojo” de Howard Hawks (1948) o de la más reciente Brokeback Mountain (2005), desde la perspectiva de la virilidad en conflicto en ese ambiente rústico, árido y tradicionalista, en el que solo los pacientes son capaces de sobrevivir.

Campion retrata ese mundo con la magistral elegancia que le caracteriza, exhibiendo en cada plano la cadencia de un tiempo que transcurre lentamente mientras se acumulan los deseos, temores y frustraciones de sus personajes, haciendo aflorar una tensión subterránea que va en aumento a medida que transcurre el relato, cuyo ritmo creciente es subrayado y reforzado por la intensa banda sonora de Jonny Greenwood, dejando que la historia discurra por un cauce donde las emociones internas de los personajes marcan la trayectoria hasta el clímax del desenlace final.

Emociones que sus cuatro actores logran transmitir con idéntica sutileza y credibilidad, desde Benedict Cumberbatch en el que probablemente sea su mejor trabajo hasta la fecha, atravesándonos con su intensa mirada cargada de rabia, celos y frustración; hasta Kirsten Dunst, la esposa alcohólica de George, cuyo tormento no es solo el estigma por el suicidio de su marido sino el peso de la soledad por vivir en un mundo de hombres donde no parece haber cabida para una mujer. El desprecio y la hostilidad que Phil ejerce sobre Rose es una carga emocional tan pesada que el rancho se convierte en una cárcel para ella, haciendo que pierda el control y se de a la bebida.

“¿Qué clase de hombre sería si no ayudara a mi madre?”, se pregunta Peter mientras diseña pequeñas flores de papel para la tumba de su padre. «¿Qué clase de hombre hay que ser para sobrevivir?» Estas son las grandes cuestiones con las que arranca la película y que apenas quedan resueltas.

Pero “El poder del perro” es mucho más que su historia. Es poesía cinematográfica visual y auditiva. El soniquete de una pianola, la melodía amenazante de un silbido, el sonido de las cuerdas del banjo, el chocar de espuelas, el mugido del ganado, el rugir del viento, el crepitar del fuego, el crujido del cuero al tejer con él una cuerda, el tacto de la crin del caballo o el baño de Phil con el cuerpo desnudo cubierto de barro que se diluye en el agua clara de un arroyo bendecido por la luz del sol que se cuela por entre las ramas de los árboles… la película es un constante bombardeo sensual y sensorial, que contribuye a crear esa atmósfera hipnótica, casi onírica, de una belleza extraña, tan tensa como erótica y enigmática que nos mantiene alerta y cuyo carácter imprevisible está ligado a las asperezas topográficas del desierto de Montana donde transcurre la acción.

Y es que Jane Campion siempre fue una directora con una inteligencia y delicadeza naturales, pero “El poder del perro” confirma su notable capacidad para dejar al descubierto sentimientos reprimidos y pasiones silenciadas sin necesidad de desnudarlos de una manera explícita. La suya es esa mirada de los que ven más allá de las apariencias, como Bronco Henry, capaz de ver lo que solo unos pocos elegidos consiguen percibir entre los pliegues de una montaña.

Título original: "The Power of the Dog"

Año: 2021

Duración: 128 min.

País: Coproducción Australia-Reino Unido-Nueva Zelanda.

Dirección:Jane Campion

Guión: Jane Campion. Basado en la novela de Thomas Savage

Música: Jonny Greenwood

Fotografía: Ari Wegner

Reparto: Benedict Cumberbatch, Jesse Plemons, Kirsten Dunst, Kodi Smit-McPhee, Thomasin McKenzie, Frances Conroy, Keith Carradine, Peter Carroll, Adam Beach, Karl Willetts, Geneviève Lemon, Yvette Parsons, Tatum Warren-Ngata...

Productora: See-Saw Films, Max Films Productions, BBC Films, Brightstar Films, Max Films, Cross City Films.

Distribuidora: Netflix

Género: Western. Drama psicológico

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