COMPARTIMENTO Nº 6

Por más tratados que se hayan escrito y más estudios que se hayan realizado intentando arrojar luz sobre cuál es la verdadera naturaleza del amor, reduciendo la cuestión a un mero trámite bioquímico, aún resulta humanamente inexplicable por qué dos personas de distintas procedencias, idiomas y nacionalidades, con niveles socioeconómicos y expectativas vitales y profesionales e incluso preferencias sexuales aparentemente antagónicas (aunque la bisexualidad es una opción cada vez más normalizada), se sienten de pronto atraídas, y si esa atracción parte de un aspecto puramente sexual o se llega a ella mediante un recorrido previo de carácter sentimental propiciado por la convivencia, el conocimiento, la comprensión, la amistad y hasta la compasión mutuas.

El director finlandés Juho Kuosmanen tampoco consigue desvelar el misterio, pero hace de ello el leit motiv de su película “Compartimento Nº 6”, Gran Premio del Jurado en el último Festival de Cannes. Un intenso, honesto e íntimo viaje físico y emocional que tiene lugar a finales de los años noventa, pese a la cinta de cassette con el ochentero Voyage, voyage de Desireless que suena en el walkman de la protagonista, Laura (Seidi Haarla), una estudiante de antropología finlandesa que está haciendo sus estudios universitarios en Moscú, obsesionada con ver in situ los petroglifos (grabados rupestres) dibujados en un yacimiento arqueológico situado en la gélida región de Múrsmansk -de triste actualidad- en la frontera con Ucrania, Noruega y Finlandia, un inhóspito espacio polar a orillas del mar de Barents, en la región de Laponia, que destacó por ser la ciudad con mayor consumo de vodka por metro cuadrado y el puerto marítimo más grande de la URSS, convertido en cementerio nuclear tras la guerra fría.

Para llegar hasta allí y poder contemplar los petroglifos situados en el Lago Kanozero, más de 1.200 figuras horadadas en la roca con alces, ballenas y seres humanos pintados hace miles de años, la joven finesa se despide de su novia y casera, Irina, y emprende un viaje a bordo del tren transiberiano, sacando un billete para el coche cama que le da derecho a compartir un minúsculo y claustrofóbico habitáculo con un inquietante y malencarado pasajero ruso, de nombre Liojha (Yuri Aleksándrovich Borísov), aficionado al vodka y con habilidades de buscavidas, quien viaja al norte para trabajar en una explotación minera.

Se trata de dos “Extraños en un tren, como en la película de Alfred Hitchcock, que al principio se repelen pero que, una vez superada la desconfianza inicial (sobre todo por parte de ella), irán conociéndose mejor durante la travesía ferroviaria, desarrollándose una inesperada química entre ambos y tejiendo un vínculo sentimental disonante y sin embargo armónico que los mantendrá unidos al menos hasta el final del trayecto. Porque, si algo queda claro en la película del finlandés Kuosmanen es que todo viaje llega a su fin y que las relaciones humanas suelen ser más bien volátiles.

Esta idea del principio y el fin está presente, no sólo en la obsesión de Laura por volver a los orígenes de la tradición eslava visitando los petroglifos de Kanozero en pleno ocaso del siglo XX, casualmente el mismo escenario escogido por Andrei Zviáguintsev para rodar “Leviatán”, la apocalíptica y desgarradora crónica de la descomposición de la humanidad en general y de Rusia en particular; sino también en su fugaz relación con su novia Irina que no parece tener intención de esperarla a su regreso, y en la idea del propio viaje en el tren que los lleva hasta los confines de la tierra.

El mísero y sin embargo hermoso paisaje siberiano cubierto de nieve que por momentos recuerda a las imágenes de “Dr. Zhivago” se abre paso junto al traqueteo de las vías por las ventanillas del vagón a las que Laura se asoma a menudo para grabar con su cámara de video o en busca de un respiro en medio de un viaje que no le gustaría haber tenido que hacer sola y que parece hacérsele demasiado largo y pesado. Pero no será ese su principal descubrimiento durante la travesía. La extraña personalidad de su vecino de compartimento, mezcla de barbarie, ignorancia, atrevimiento, generosidad y lealtad a partes iguales, la conmoverá de tal forma que acabará enganchada a él, aunque ambos sepan que la suya es un relación destinada a naufragar, como la de Rose y Jack en “Titanic”, a la que el propio Liojha hace referencia durante la catártica escena de juegos en mitad de la ventisca de nieve que los alcanza en ese vórtice del fin del mundo, ubicado entre Finlandia, Rusia y Noruega, al que viajan.

Es justo reconocer que, en buena medida, lo mejor de la película se sustenta en la brillante actuación de sus protagonistas, especialmente de Yuri Borísov, quien compone un personaje extraordinariamente complejo y a la vez de una simpleza primaria, que en ocasiones resulta atemorizante y en otras inspira cierta ternura.

Tal vez no se pueda considerar una historia de amor como tal, pues tiene diversos discursos, alguno de ellos de marcado carácter social, y un clima un tanto adolorido, pero si así fuere, sería de las más raras y hermosas que se han contado hasta ahora, con un poso de enigma existencial y de frialdad eslava que la distingue de otros largometrajes sobre encuentros románticos en un tren, como el “Breve Encuentro” de David Lean o “Antes del amanecer de Richard Linklater, con la que quizá comparta más semejanzas a nivel argumental, solo que a diferencia del encanto de las calles de Viena o de París y de la comodidad del interrail de la Europa continental, la película del finlandés Kuosmanen transcurre en un territorio ruinoso, helado y hostil, que los protagonistas recorren a bordo un tren viejo, sucio e incómodo, en el que tanto los pasajeros como los guardias son rudos, ásperos e inexpresivos.

Se trata de un viaje duro y solitario en medio de un invierno que el espectador puede sentir casi en el cuerpo (en ese sentido, la película tiene algo táctil, palpable: el frío se siente pero también los olores a alcohol de destilación casera y a mantas de lana viejas). Y a pesar de ello, hay cierta belleza en sus imágenes que parecen extraídas de una vieja polaroid, como el recuerdo cálido, benéfico y compasivo de alguien que mira atrás y nos cuenta lo mejor de una historia que le ocurrió cuando era joven.

Título original: Hytti nro 6aka 

Año: 2021

Duración: 107 min.

País: Finlandia

Dirección: Juho Kuosmanen

Guion: Andris Feldmanis, Juho Kuosmanen, Livia Ulman. Novela: Rosa Liksom

Fotografía: Jani-Petteri Passi

Reparto: Seidi Haarla, Yuriy Borisov, Dinara Drukarova, Vladimir Lysenko, Galina Petrova, Dmitriy Belenikhin, Yuliya Aug, Tomi Alatalo, Nadezhda Kulakova, Polina Aug

Productora: Coproducción Finlandia-Alemania-Estonia-Rusia; Elokuvayhtiö Oy Aamu, Achtung Panda! Media, Amrion, Kinokompaniya CTB, Eurimages

Género: Drama. Romance | Trenes 

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