Han pasado 37 años desde que una aterradora, obsesiva y mentalmente perturbada Glenn Close pusiera patas arriba la vida del respetable abogado y padre de familia al que daba vida Michael Douglas en “Atracción Fatal”, fascinante thriller psicológico que a finales de los ‘80 desafió el sesgo de género en los casos de acoso que habitualmente nos muestra el cine, haciendo que fuera ella -y no él- quien sedujera y persiguiera de manera enfermiza al objeto de su malsano deseo. Una pesadilla que se repite en la oscura y atormentada miniserie británica “Mi Reno de Peluche” (Baby Reindeer), que ha dado la campanada en Netflix.
En su primer episodio vemos a un joven delgado, desgarbado y de barba rala, entrando a una oficina de policía londinense para tímidamente preguntar qué tiene que hacer a fin de interponer una denuncia por acoso. El oficial de guardia le pide detalles del caso y el joven le dice que está siendo acosado por una mujer que le envía decenas de SMS y mails al día, se presenta a diario en su trabajo y le monta guardia en la puerta de su casa. Sin darle demasiada importancia, el policía le pregunta desde cuándo sucede esto. “Desde hace seis meses”, responde el presunto acosado. Solo entonces el oficial levanta la vista y, mirándole fijamente a los ojos, le pregunta por qué ha tardado tanto tiempo en denunciarlo.
Una duda legítima, la primera de varias que surgirán a lo largo de los siete episodios de media hora de duración que conforman este extraordinario thriller autobiográfico, creado, escrito y protagonizado por el comediante escocés Richard Gadd, quien tuvo que lidiar durante tres años con una acosadora en serie que llegó a mandarle la friolera de 41.071 mil correos electrónicos, 350 horas de mensajes de voz, 744 tweets, 46 mensajes de Facebook y 106 cartas, y a la que, de manera inconsciente, él mismo reconoce haber abierto las puertas, con un inocente primer gesto de amabilidad.
Basada en una pieza teatral homónima estrenada en 2019 y en su anterior monólogo/performance titulado “Monkey see, monkey do”, aunque haya sido catalogada de comedia negra, “Mi reno de peluche” resulta bastante más dolorosa que graciosa, al querer mostrarnos Gadd las distintas formas de acoso (callejero, sexual, psicológico, ciberacoso…) y la manera en la que, en ciertos casos, puede terminar desarrollándose una patológica dependencia emocional entre acosador y acosado, como si el primero fuera capaz de intuir la grieta emocional en su presa y se colara por esa rendija, precipitando su derrumbe definitivo o empujando hacia una catarsis liberadora a su víctima.
La secuencia ya descrita del primer episodio es el punto de partida de la pesadilla vivida por el comediante Donny Dunn (alter ego de Gadd), que lucha por triunfar en el circuito del stand-up desde su prometedor debut en el Festival Fringe de Edimburgo de la mano de un experimentado guionista y productor televisivo (Tom Goodman-Hill), quien lo anima a instalarse en Londres, con la promesa de dar un empujón a su talento.
El perfil físico y psicológico de Donny es el de un perdedor de manual, un humorista torpe y sin gracia, incapaz de hacer reír al público, que sin embargo vuelve a intentarlo una y otra noche, como si hubiera desarrollado una masoquista adicción al rechazo. Su vocación es firme pero el éxito se le resiste, por lo que acaba trabajando de camarero en uno de los pubs del barrio londinense de Camden y viviendo de gorra en casa de la madre de su ex novia Keeley (Shalom Brune-Franklin).
Un malhadado día, una extraña y desaliñada mujer de mediana edad llamada Martha Scott (Jessica Gunning) entra al pub y se sienta en la barra, devastada y llorosa. Donny le sirve un té que ella dice no poder pagar, pese a que asegura vivir en un ático y ser abogada de políticos y personajes famosos.
Aunque no cree una palabra de su historia, Donny siente lástima por esa extraña y aparentemente desvalida criatura que cambia el rictus y parece florecer con ese simple gesto de amabilidad suyo, convirtiéndose en una visitante habitual del pub, al que acude a diario.
Inicialmente Donny encuentra a Martha entrañable, debido a su risa chillona y a la constante atención y cumplidos que le dedica y que se convierten en un bálsamo para su maltrecha autoestima. Y, casi sin quererlo, se ve envuelto en una complicada relación en la que ella se hace falsas ilusiones acerca de un posible romance entre ambos que él ni remotamente desea, pues su interés está centrado en Teri (Nava Mau), una mujer trans a la que ha conocido a través internet y con quien lleva viéndose ya un tiempo.
La constante presencia de Martha en su vida, quien stalkea sus redes sociales y le mandan miles de mails, SMS y mensajes de audio, a menudo escritos en lenguaje infantil y otras violentos y sexualmente explícitos, se convierte en un tormento para Donny que empieza a preocuparse seriamente cuando esta se cuela en su casa y amenaza y agrede a sus seres más próximos, de forma verbal y física.
Donny se castiga a sí mismo (y es castigado por otros) por haber permitido que Martha se acerque a él, por haberse sentido halagado porque al fin alguien disfrutara de sus bromas y se riera de sus chistes y porque, como admite después de su primer encuentro: «sentir lástima por alguien que acabas de conocer es un sentimiento condescendiente y arrogante». Lo que no sabía es que puede resultar también peligroso.
Al comprobar su historial delictivo en internet, se da cuenta de que la taza de té que le sirve “a cuenta de la casa” a esa acosadora ex convicta, que no parece estar en pleno uso de sus facultades mentales, es la peor decisión que podría haber tomado. Aunque, bien mirado, ese horror vivido a lo largo de tres años le acabara sirviendo a Gadd para cimentar su éxito profesional: un monólogo convertido en obra de teatro, transformado en una miniserie televisiva alabada por el mismísimo Stephen King y de la que ya se dice que podría ser una de las grandes ganadoras en la próxima entrega del Emmy.
Haciendo gala de una honestidad poco convencional en su dolorosa autoflagelación, el escocés ha intentado ser lo más fiel posible a la crudeza de su propia vivencia y ha huido de los estereotipos y clichés habituales, optando por una representación más humana y compleja de los personajes, sin querer dar una versión romantizada o caricaturizada del acoso, como suele suceder en otras series, como «You«, negándose a convertir a Donny (es decir, a sí mismo) en una inocente víctima, de la misma forma en la que, por monstruosa y perturbada que nos parezca, el personaje de Martha guarda siempre una pizca de humanidad. Algo a lo que contribuye la portentosa capacidad interpretativa de Jessica Gunning, cuyo mofletudo rostro parece el de una dulce y risueña muñeca inflable, para al segundo siguiente transformarse en un lienzo inexpresivo o en una máscara de resentimiento, cuya lengua es capaz de vociferar las más atroces amenazas y obscenidades, y cuya mirada destila una profunda ira y un odio arrasador.
Esta contradicción es una de las muchas que aparecen a lo largo de esta serie que huye de la condescendencia, si bien pareciera querer abrir un espacio para la comprensión hacia sus personajes, al mostrarlos como dos seres psíquica y emocionalmente rotos. Aunque la razón de la codependencia entre ambos no quedará del todo clara hasta el perturbador episodio quinto, en el que se desvela la naturaleza del trauma que acarrea Donny desde que llegó a Londres siendo un veinteañero y retomó el contacto con Darrien, su antiguo mentor, un exitoso escritor de comedia, decidido a poner a prueba los límites de su deseo de triunfar, quien explotó la ambición del joven aspirante a la fama para saciar su propia necesidad de poder.
Es, sin duda, el capítulo más crudo y difícil de ver de toda la serie, donde se habla de forma descarnada del abuso sexual asociado al consumo de drogas que anulan la voluntad y se revela la profunda cicatriz que ese encuentro dejó en el humorista, llenándolo de culpa y de vergüenza y convirtiéndolo en un hombre traumatizado y dependiente de la aprobación y atención de sus abusadores. Lo que explica –aunque no justifique– su fragilidad, confusión e inhibición sexual, que podría estar en el origen de su retorcida relación con Martha y del fracaso de sus relaciones amorosas, incluida su ruptura con Teri a quien, según su propia confesión, “la quería menos de lo que me odiaba a mí mismo”.
Especial mención merece también la escena de la confesión que Donny hace a sus padres acerca del abuso experimentado y de las dudas que tiene acerca de su sexualidad. Y la comprensiva reacción del padre, con referencia al abuso sufrido por él mismo y por otros muchos niños en las escuelas católicas de Irlanda y Escocia.
Aunque la serie alcanza su clímax, su momento “Rosebud”, cuando conocemos la razón que le da título, tras haber sido Martha finalmente condenada a nueve meses de cárcel con una orden de alejamiento de cinco años de su víctima.
“Bebé reno” (o “reno de peluche” en su traducción al español) es el mote con el que esta se dirige cariñosamente a Donny desde que decide enamorarse de él, pero su origen no se revelará hasta ese último minuto. Un enigmático instante de dolorosa y auténtica empatía que no es sino la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de sentir su padecer y, en este caso, la conexión de una vivencia traumática compartida. Con una última pregunta que queda sin responder: ¿por qué si Martha asumió su culpabilidad y Donny su condición de abusado, el gran y originario depredador nunca fue denunciado ni castigado por su abuso?






















Título original: Baby Reindeer
Año: 2024
Duración: siete episodios de 35 min.
País: Reino Unido
Dirección: Richard Gadd (Creador), Weronika Tofilska, Josephine Bornebusch
Guion: Richard Gadd
Reparto: Richard Gadd, Jessica Gunning, Nava Mau, Tom Goodman-Hill, Danny Kirrane...
Fotografía: Krzysztof Trojnar, Annika Summerson
Compañías: Clerkenwell Films y Netflix
Género: Serie de TV. Thriller psicológico. Basado en hechos reales. Miniserie de TV Autobiográfica. Acoso. Abusos sexuales.

