EL CUENTO DE LA CRIADA

La cuarta temporada de “El Cuento de la Criada” se ha hecho esperar al final menos de lo anunciado. Solo año y medio hemos tardado los fans de la serie en volver a ver a June Osborne en acción. Nunca mejor dicho, pues la protagonista de la espeluznante distopía que la escritora canadiense Margaret Atwood concibiera en la pequeña habitación de una pensión de Berlín Este en 1984, sin sospechar que se convertiría en un revulsivo para la lucha feminista en el siglo XXI, hace ya tiempo que dejó de ser mortal, para emular a las invencibles superheroínas del universo Marvel.

June, DeFred o DeJoseph (como se la conoce a lo largo de la serie) ha pasado de ser un personaje vulnerable y empático, con cuyas agudas reflexiones narradas con voz en off muchas mujeres nos podíamos sentir identificadas, a transformarse en una especie de Rambo con faldas, una madre coraje indestructible, a la que ni una bomba de neutrógenos conseguiría detener en su intento desesperado de rescatar a su hija de las garras de Gilead, una sociedad postapocalíptica, opresiva y totalitaria, cuya constitución se basa en el fundamentalismo del Antiguo Testamento, que rinde culto al valor supremo de la maternidad y en la que las mujeres jóvenes son esclavizadas sexualmente con fines procreativos.

El problema es que, en ese proceso de empoderamiento del personaje que ha ido creando y recreando la adaptación televisiva, la original idea que inspiró la obra literaria de Atwood y que era la base argumental que tanto impacto causó en su estreno, ha ido perdiendo consistencia y credibilidad, hasta quedar reducida a simple contexto, un marco claustrofóbico de una gran belleza estética y un impactante simbolismo visual, para lucimiento de un personaje mítico, confeccionado a la medida de su actriz protagonista, Elisabeth Moss, quien incluso se ha lanzado a dirigir el tercer capítulo de esta cuarta temporada que arranca con la inverosímil recuperación de June, en tiempo récord, de una letal herida de bala con septicemia incluida, tras haber logrado liberar, en una operación kamikaze, a ochenta y seis niños y a una docena de criadas.

Controlada por “Ojos” y vigilada por “Ángeles”, recordemos (para quienes aún no hayan visto la archipremiada serie) que la república de Gilead imaginada por Atwood es una proyección distópica de los Estados Unidos de América, tras haber caído su gobierno en manos de una oligarquía patriarcal, liderada por los llamados “Comandantes”, que ha reducido el papel de la mujer en esa sociedad a tres roles, con distinta consideración social según su rango, pero idéntica sumisión: las recatadas “Esposas” (vestidas siempre de azul), asistidas por las “Marthas” (encargadas de las labores del hogar) y, en lo más bajo de la escala social, las “Criadas” (divorciadas, lesbianas, madres solteras, profesionales, universitarias o prostitutas…) mujeres jóvenes en edad de procrear, cubiertas con hábitos rojos, cuya única misión es engendrar a los hijos de los Comandantes, a los que inmediatamente después de dar a luz deben de entregar para que sean criados por sus esposas, como si fueran propios.

El totalitarismo recreado por la autora canadiense es de una crueldad inimaginable, pero su denuncia sobre el sometimiento y el control ejercido sobre las mujeres en esa sociedad de vanguardia de apariencia medieval (especialmente en lo que a su capacidad de ser libres de decidir sobre su vida sexual y su función reproductora se refiere) es tan actual que resulta inquietante.

A través de la historia de June, “El cuento de la criada” nos advierte de todo aquello que hemos conseguido y que un estado regido por un patriarcado de carácter fundamentalista nos podría arrebatar de un plumazo: trabajo, posición social, igualdad de derechos, libertad de pensamiento, capacidad de crítica… Las ideas son peligrosas para la estabilidad de Gilead, razón por la cual las Criadas son reeducadas y disciplinadas (por la siniestra sociópata conocida como la Tía Lydia) con el propósito de destruir cualquier atisbo de conciencia individual.

Lo han perdido todo, incluso el nombre. Son propiedad de los hombres, por eso son rebautizadas como Defred o Dejoseph (que pertenece a Fred o a Joseph). Sólo son un recipiente para la vida, un vientre fértil para asegurar la descendencia de la oligarquía dominante, en un mundo donde la procreación es sagrada y la concepción limitada.

Ese es el contexto en el que resiste la combativa June, separada de su marido, quien consigue huir a Canadá, y de su pequeña hija Hannah, que es secuestrada y entregada a la familia de un Comandante para su crianza como un hija más de Gilead.

En esta cuarta temporada, todos sus esfuerzos se centrarán en procurar su liberación, convertida ya en una especie de guerrillera subversiva, tras haber conseguido desatar un conflicto bélico entre Gilead y su vecina Canadá, que mantiene retenidos a sus primeros amos, los Waterford, Serena (Yvonne Strahovski) y Fred (Joseph Fiennes), a la espera de juicio, acusados de crímenes contra la humanidad; mientras tiene que lidiar con la adaptación de todos esos niños rescatados que no han conocido otra realidad y no entienden el mundo de quienes creen haberlos salvado, incidiendo una vez más en lo pernicioso del adoctrinamiento.

Bruce Miller, creador de la serie, ya ha advertido de que la narración irá in crescendo en intensidad emocional y también en brutalidad (con lo que el sufrimiento está asegurado), y de que, al margen de la “sororidad” que sigue estando en la base de la serie y se sigue ensalzando, en esta temporada se abordará especialmente el papel que juegan los hombres en esa lucha femenina de liberación. Destacando que, incluso en los peores pozos de podredumbre, se encuentran buenas personas, con el sentido de la responsabilidad, la humanidad y la diligencia necesarias para jugarse el tipo por ayudar a esas mujeres que son tratadas como ganado (como el Comandante Joseph Lawrence (Bradley Whitford), ideólogo del asunto, a quien el invento se le ido de las manos, capaz de reconocer ante June que “a Gilead no le importan los niños, ni la fidelidad, ni los valores de antaño… le importa el poder”; o Nick Blaine (Max Minghella), paradigma del “no me quieras tanto y quiéreme mejor”, en la que sigue siendo una de las relaciones más complejas, más interesantes y seguramente más tóxicas de la serie) y que, solo con ellos de su parte existe esperanza de redención para una sociedad en la que, como dice June mientras es castigada por la vengativa Tía Lydia (Ann Dowd): “no hay luz ni hay rastro de Dios».

De momento, solo hemos visto tres capítulos y todo parece indicar que lo que ocurre en esta cuarta (y quizá no última) temporada de “El cuento de la criada” es que hay una revolución en marcha y que la República de Gilead está ya desmoronándose.

Ojalá y no se cumplan los peores presagios, expresados por Laura Fernández en El País, para quien “la transformación de una obra de culto en una mina de oro puede acabar, literalmente, con esa obra de culto”. 

“La batalla y la huida constante convierten esta nueva entrega en una especie de survival horror, es decir, una historia de supervivencia en un lugar devastado que tiene más que ver con The Walking Dead que con el terrorífico fundamentalismo doméstico. El canibalismo psíquico de la impecable primera temporada es aquí sobre todo fuerza bruta y explícito cliché vengativo, por completo alejado de la vanguardia que proponía Atwood, ese misterioso futuro de aspecto medieval que funcionaba a la perfección como alegoría de un presente en el que nada debía darse por supuesto”, observa en su atinada crítica, para concluir que “aunque por fuera lo parece, porque la estética es tan potente que, ante el vislumbre de cada cofia, reaparece el terror inicial; por dentro, “El cuento de la criada” hace tiempo que dejó de ser lo que era. Instalada, en tanto que éxito imprevisto, en una huida hacia delante que, curiosamente, está quedándose atrás”.

La escritora canadiense Margareth Atwood junto a la encarnación de su criatura, Elisabeth Moss, caracterizada como «la criada» June Osborne
Extracto del especial que El País dedicó a la serie de HBO

Título original: "The Handmaid's Tale"

Año: 2017

Duración: 60 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Bruce Miller (Creador)

Guión: Bruce Miller, Ilene Chaiken, Dorothy Fortenberry, Lynn Renee Maxcy...

Música: Adam Taylor

Fotografía: Colin Watkinson, Zoe White, Stuart Biddlecombe

Reparto: Elisabeth Moss, Joseph Fiennes, Max Minghella, Yvonne Strahovski, Bradley Whitford, Ann Dowd,Alexis Bledel, Jordana Blake, O.T. Fagbenle, Samira Wiley, Nina Kiri, Amanda Brugel, Edie Inksetter, Madeline Brewer...

Productora: MGM Television, Hulu

Género: Serie de TV / Drama/ Distopía / Religión / Feminismo

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