La escena que da inicio a “Los perdonados”, la nueva película del realizador británico John Michael McDonagh («Calvary” y “El irlandés”), no puede ser más sugerente en su concepción estética, ni más potente y reveladora desde un punto de vista narrativo.
Adaptación de la novela homónima de Lawrence Osborne, tras los inusuales créditos iniciales (que son los que habitualmente se colocan al final, con agradecimientos y todo el staff técnico que ha participado en la película incluidos, como se hacía en los clásicos de antaño), vemos a una sofisticada pareja británica bebiendo champagne y cruzando el estrecho a bordo de un barco de bandera española con destino a Marruecos.
Apenas un breve cruce de impresiones entre ambos personajes y esa expresión lánguida y ausente, de profundo desdén, que tanto el excepcional Ralph Fiennes (“El Paciente Inglés”), como la elegante Jessica Chastain (ganadora del Oscar por “Los ojos de Tammy Faye”) exhiben a lo largo del filme, son suficientes para hacernos comprender que David y Jo Henninger forman un matrimonio en crisis. Él, un reputado médico pagado de sí mismo y cargado de prejuicios intelectuales, sociales y raciales, que últimamente se enfrenta a varias demandas de pacientes por negligencia; ella, una escritora de libros infantiles que ya nadie lee, atrapada en un matrimonio que agoniza.
La pareja viaja desde Londres al norte de África para participar, junto a otros burgueses, políticos, periodistas y celebrities ingleses, franceses y neoyorquinos, no menos esnobs, de la exótica soirée organizada por Richard (Matt Smith) y Dally Margolis (Caleb Landry Jones), unos excéntricos amigos homosexuales, en la villa de lujo que uno de ellos ha adquirido en mitad del desierto.
Tras una breve parada para reponer fuerzas en Tánger, en la que David bebe demasiado alcohol, como acostumbra, dando rienda suelta a su implacable cinismo, y en la que marido y mujer mantienen un diálogo ácido e hiriente, cargado de reproches y de displicente ironía, evidenciándose la mala relación entre ambos, este insiste en ponerse al volante del coche de alquiler para llegar cuanto antes a la casa de sus amigos. Un trayecto de varias horas que emprenden ya siendo noche cerrada, por caminos desconocidos y polvorientos, hasta que repentinamente la fatalidad sale a su encuentro, atropellando a un joven vendedor de fósiles que deambula por la carretera, algo habitual en la zona, ya que lo que hoy es un desierto en su día fue un mar y en las inmediaciones de la ciudad marroquí de Anza abundan los restos de fauna y flora petrificada cuya venta a los turistas incautos permite a sus moradores subsistir.
A resultas de la colisión, el chico muere en el acto y los Henniger, presa del pánico, deciden cargar el cadáver en el asiento trasero del coche y seguir conduciendo hasta la casa de Richard, con la esperanza de que éste los ayude a evitar las consecuencias del fatal accidente, como en efecto así ocurre, sin demasiado esfuerzo por su parte.
Ante el aparente desinterés de la Policía local por investigar lo ocurrido, el cuerpo sin vida de Driss (Omar Ghazaoui), que así se llama el muchacho fallecido, (quien resulta ser el hijo único de un líder bereber) se descompone por efecto del calor sofocante en el garaje del antiguo palacete, con la única compañía de un ventilador y del personal de servicio, a la espera de que su familia lo reclame, mientras los planes del fin de semana festivo siguen adelante según lo previsto. Cuestión que deja pronto al descubierto las intenciones del director y guionista de la película, quien podría haber hecho que marido y mujer optasen por darse a la fuga o por intentar ocultar el crimen pero, en lugar de eso, decide mostrarnos la forma en la que sus protagonistas gestionan la culpa en un mundo que los exonera de ella en función de su situación de privilegio, asumiendo un discurso crítico y moralizante, de marcado carácter social, que deja al descubierto la desidia de un sistema policial corrupto que opta por mirar hacia otro lado cuando las víctimas son de origen humilde.
A partir de ese momento, «Los perdonados» se convierte en un despiadado retrato de la alta burguesía y la jet set occidentales, que se comporta de manera hedonista, desconsiderada e irracional, en un ecosistema propio del período colonial que el director se esfuerza por acercar al presente, con una estética excéntrica y algo surrealista que por momentos recuerda a las mejores pelis de Luis Buñuel o de Federico Fellini (de hecho, tanto el matrimonio protagonista, como la pareja de anfitriones y el resto de los invitados al ágape obsesionados con pillarse «un ciego» de fin de semana con el consumo de alcohol y otras substancias y olvidarse del resto del mundo, bien podrían haber sido personajes de “El ángel exterminador” o “El discreto encanto de la burguesía”), para recordarnos que ciertas cosas nunca cambian, como la sensación de impunidad de la clase pudiente.
El guion se esfuerza por trasladarnos continuamente la tensión entre “la civilización” occidental y la cultura autóctona de credo musulmán, construyendo unos diálogos que pecan de cierta intencionada obviedad, plagados de etiquetas, prejuicios y lugares comunes en ambas direcciones, como el leal y fiel sirviente que habla con sabiduría ancestral a través de aforismos, al que su compañero recomienda abrirse una cuenta de Twitter, o cuando David recuerda a Jo que los musulmanes tratan a sus mujeres “como burros de carga” o intenta desmitificar la fascinación que sienten los occidentales por la cultura islámica desde los cuentos de «Las mil y una noches», recordando que los grandes escritores, desde Oscar Wilde hasta Paul Bowles, han visto siempre a Marruecos como un oasis de lujuria y perversión, un decorado exótico de sofocante sensualidad y exuberante magnetismo, en el que, desde Truman Capote a Gore Vidal o William Burroughs dieron rienda suelta a sus más inconfesables deseos y apetencias. Lo que, en el caso de algunos destacados literatos homosexuales franceses, como Jean Genet, Michel Foucault o Roland Barthes, Todd Shepard denomina “el homoerotismo francés hacia los árabes” siendo, en su mayoría, fornicadores y pederastas. Una conducta que, a los ojos de los marroquíes, nos hace parecer impuros, gente de moral degradada por toda clase de vicios y, por tanto, dignos de desprecio y merecedores de que escupan en nuestra bebida, como vemos hacer a uno de los sirvientes de la casa.
La tensión entre ambos mundos se corta con cuchillo cuando hace su aparición el padre de Driss (Ismael Kanater), quien se presenta a reclamar su cuerpo con la intención de darle sepultura en las arenas del desierto, conforme manda la tradición de su pueblo. Desolado, Abdellah no está dispuesto a aceptar una indemnización económica por lo ocurrido. A cambio, exige resarcir el daño poniendo como condición a David, el autor material de su muerte, que le acompañe a enterrar y llorar a su hijo, con la promesa de traerle de vuelta en un par de días.
Aunque algo renuente y temeroso por su integridad física, David decide a regañadientes acompañar a los familiares del chico, emprendiendo un viaje iniciático de 48 horas que supone una mudanza espiritual tanto para sí mismo, como para Jo, aunque por distintas razones.
Cuando ambos parecen haberse entregado a los placeres de la banalidad, David se ve obligado a salir de su zona de confort para asumir el resultado de sus acciones y expiar su culpa, sumergiéndose en la realidad de un pueblo nómada, abierto a conocer, entender y empatizar con el dolor causado y exponiéndose por primera vez a ser vulnerable. Para Jo, esas 48 horas resultan también un punto de inflexión, embarcándose en una fugaz aventura extramatrimonial con Tom Day (Christopher Abbott), un joven atractivo y mundano, analista de inversiones en la Bolsa de Nueva York, que conseguirá despertarla de su letargo.
Al igual que ocurriera con Port y Kit Moresby en “El Cielo Protector”, tanto David como Jo se sumergen en los misterios el desierto del Sahara que se convierte en un protagonista más de la historia. Un oasis para el espíritu en el que los turistas occidentales son incapaces de encajar y que, sin embargo, les fascina aunque no logran comprender.
Como observa acertadamente Borja Crespo en El Correo, “a McDonagh, irlandés de pura cepa, le gusta bucear con la cámara en la soledad existencial y los dilemas morales”. De ahí que el personaje de David se vea atrapado en el tormento de haber acabado con la vida de una persona y la aparente impunidad que su acomodada posición le otorga.
Con un elenco y unas interpretaciones excepcionales, entre las que destaca la del magnífico Ralph Fiennes y la credibilidad de las actuaciones del elenco marroquí, en el que deslumbran con luz propia Saïd Taghmaoui, Ismael Kanater y Mourad Zaoui, “Los perdonados” es un thriller psicológico que llega a salas comerciales tras su paso por el Festival de Toronto, en el que sutilmente se muestra cómo la capacidad de redención, el concepto del honor o la necesidad de vivir en paz con uno mismo, no entienden de dinero.
Evocando el espíritu de filmes como «El talento de Mr. Ripley» o «Las dos caras de enero«, McDonagh aborda todo ello bajo la elegante capa del cine de suspense y realiza un recomendable thriller psicológico de factura clásica, echando mano de unos escenarios de belleza exuberante y decadente, gracias a un diseño de producción espléndido, obra de Willem Smith y a una fotografía cuidada al milímetro que evoca los ardientes atardeceres de ‘El paciente inglés‘ o ‘El cielo protector‘, de Bernardo Bertolucci, a los que acompaña una inquietante banda sonora compuesta por Lorne Balfe que introduce la sensación de que algo terrible puede suceder en cualquier momento.


















Título original: The Forgiven
Año: 2021
Duración: 117 min.
País: Reino Unido
Dirección: John Michael McDonagh
Guion: John Michael McDonagh. Novela: Lawrence Osborne
Música: Lorne Balfe
Fotografía: Larry Smith
Reparto: Ralph Fiennes, Jessica Chastain, Caleb Landry Jones, Saïd Taghmaoui, Matt Smith, Abbey Lee, Mourad Zaoui, Ismail Kanater, Christopher Abbott, Alex Jennings, Marie-Josée Croze, David McSavage, Ben Affan...
Productora: House of Un-American Activities, Brookstreet Pictures, Head Gear Films, Metrol Technology, Assemble Media, Kasbah-Film Tanger, Lipsync Productions
Género: Drama. Thriller psicológico.

