THE CROWN. SEXTA TEMPORADA (1ª PARTE)

“The Crown, el épico drama de Netflix sobre la familia real británica que alguna vez fue un placer ver, llega a su dramática temporada final sin haber logrado corregir los terribles defectos de la última temporada”, analiza Caryn James para la BBC.

Y es que, Peter Morgan, creador de la serie, continúa reescribiendo la historia para intentar resarcir la figura del actual rey, Carlos III de Inglaterra (encarnado en su edad adulta por un poco convincente y nada principesco Dominic West), a quien no solo se presenta en las dos últimas temporadas de la serie como un padre amoroso y ex esposo leal a la memoria de Diana (mimetizada por Elizabeth Debicki hasta el punto de que debe sufrir una tortícolis de tanto inclinar la cabeza para mirar hacia arriba por encima de las pestañas), sino también como un futuro monarca responsable y sensible al sentir del pueblo británico, capaz de trascender los rencores mundanos, para hacerse perdonar por este por no haber sabido o podido amar a la “princesa de corazones” siguiendo el guion de un cuento de hadas, como ella misma y todos los demás esperaban que hiciese.

Según Morgan, quien se permite especular y jugar con la realidad por encima de sus posibilidades en esta última entrega de la serie, imaginando cómo hubiesen sido las últimas 24 horas de Diana y lo que la Familia Real británica pudo haber dicho y hecho al respecto, no hubo un “sí quiero” de Lady Di al empresario y productor de cine Dodi Al-Fayed, en su viaje a París antes del trágico accidente en el Puente del Alma, donde ambos morirían el 31 de agosto de 1997. Y el entonces todavía Príncipe de Gales, padre de William y Harry, lloró desgarradora y desconsoladamente, lleno de remordimiento, al conocer la trágica noticia.

Ya en las primeras horas tras hacerse pública, Carlos fue capaz de intuir el devastador impacto que la muerte de Diana tendría en la sociedad británica y mundial que, desconsolada por la pérdida, empezaba a culpar a los Windsor, si no de su desaparición física, sí del trato que le habían dispensado en vida. Lo que amenazó gravemente la ya para entonces maltrecha imagen de la Corona y su estabilidad (“Esto es casi una revolución”, llega a decir la reina Elizabeth al ver por televisión las flores y los mensajes de condolencia que se amontonan a las puertas del palacio de Buckingham, en recuerdo y homenaje a Lady Di). Por lo que decidió hacerse cargo personalmente de la repatriación de los restos de la princesa a Londres e instó a su madre a abandonar su real y no se sabe si prudente o rencoroso silencio y a mostrarse empática con el dolor de su pueblo, diciéndole que debía actuar como «madre de la nación». Algo a lo que la reina encarnada en Imelda Stauton respondió hierática: «preferiría que no me sermoneen sobre cómo o cuándo llorar o mostrar mis emociones».

Sin embargo, tras mantener una surrealista conversación con el fantasma de Diana, a quien no duda en reprochar el «poner a esta familia patas arriba» antes de hacer las paces con su espíritu, la monarca cambia de opinión y decide interrumpir sus vacaciones en Escocia y regresar a Londres antes de lo previsto para llorar públicamente la pérdida de Lady Di en un mensaje a la nación que ya es historia, así como permitir que se celebre un funeral de Estado en homenaje a la madre del futuro rey, a la altura del que recibiría cualquier miembro de la institución monárquica, aunque Diana Spencer ya estuviese oficialmente fuera de la familia real británica.

El cambio de criterio de la reina es tan repentino como la apreciación de Carlos de lo que su exmujer significó para el país. Lo que hace que este nuevo relato resulte bastante forzado y precipitado, con el único fin de llevarnos en volandas hasta la dura e inolvidable escena del cortejo fúnebre en la que los dos hijos de Diana caminan tras su féretro, escoltados por su padre y su abuelo, el Príncipe Felipe (Jonathan Pryce), quien instruye al primogénito y futuro heredero de la Corona para aguantar el tipo, manteniendo la cabeza baja y concentrándose en la marcha, aclarándole que el pueblo no llora por Diana (a quien no conocía), sino que lo hace por él.

La serie es escrupulosamente respetuosa con las escenas de la muerte de Lady Di, de la que hace un relato elegante, sin caer en el morbo y sin ofrecer imágenes reales ni recreadas del accidente. Aunque no se resiste a utilizar material de archivo para ilustrar cómo el pueblo británico se echó a las calles para llorar la muerte de Diana con toda clase de muestras de afecto a su figura.

Aunque igualmente rotos de dolor, el momento del reconocimiento del cadáver de su hijo del millonario egipcio Mohamed Al-Fayed (Salim Dau) en la morgue y el de Carlos de Inglaterra ante el cuerpo de Diana, se abordan de forma diametralmente opuesta. El primero retira la sábana y besa el rostro inerte de Dodi invocando el poder de Alá. Mientras de Carlos solo vemos el rostro lloroso y desencajado de West cuando entra a la morgue de París, con la cámara fija en él y no en lo que está viendo.

El primogénito del dueño de Harrod´s (interpretado de forma bastante anodina por Khalid Abdalla) aparece retratado como un casanova poco convincente y casi a su pesar, un ser pusilánime a quien mueve el deseo de resultar digno a ojos de su exigente padre, este sí obsesionado con emparentar con la Casa Real británica para deshacerse del estigma de su origen árabe y hacerse respetar por occidente, quien amenaza con “cortarle el grifo” a su hijo si no consigue conquistar a Diana, a quien se presenta como una mujer vulnerable y confusa que intenta retomar el control de su vida tras su traumática separación, y a la vez como una mujer inquieta que se fue despojando de las presiones y esclavitudes protocolarias de la monarquía para encontrar su propia voz

Si en la temporada 5 nos habíamos quedado en el viaje de la Princesa de Gales a tierras francesas, donde conocía a «Mou-Mou», quien la invitaba a pasar el verano junto a sus hijos en su villa de Saint Tropez. Al inicio de esta sexta, Diana decide aceptar su hospitalidad para alejarse de Londres, donde Carlos planea ofrecer una gran fiesta para celebrar los 50 años de Camilla. Momento a partir del cual, la serie recrea multitud de escenas ya míticas de ese último verano de Diana, como el robado que la muestra enfundada en un bañador azul sentada en la punta del trampolín del espectacular yate de los Al-Fayed.

Sin embargo, la escena más reveladora e íntima (aunque nunca haya sido real), es cuando la vemos hablando por teléfono con su supuesta terapeuta sobre el abrumador cortejo de Dodi, quien acaba de regalarle un poema de amor mal rimado grabado en una placa de plata. Por consejo de esta, Diana decide poner fin a la relación y volver a Londres para no volver a incurrir en lo que su psicóloga llama “su adicción al drama”. Morgan se inventa entonces un último día para Lady Di en el que se masca la tragedia que se avecina y donde se incluye una última conversación telefónica con sus hijos, en la que les asegura que no se casará con Al-Fayed y promete estar en casa al día siguiente para reunirse con ellos.

Ese verano la popularidad de Lady Di estaba por las nubes, no sólo por su activismo contra las minas antipersona, sino porque su rostro está en todas las portadas de la prensa rosa, convirtiéndose en objetivo preferente de los paparazzi que la siguen a todas partes para dar testimonio gráfico de sus posibles andanzas amorosas, mientras sus hijos pasan sus vacaciones junto a su padre y al resto de la familia Windsor, en el castillo de Balmoral. Lo que los asesores de Carlos aprovechan para “contraatacar” proponiéndole que se retrate con estos, para ofrecer a la opinión pública una imagen de estabilidad y tradición familiar frente a los escándalos de la princesa díscola.

Pese a los esfuerzos por dulcificar su personaje, Carlos emerge a ratos como un ser malcriado y calculador, lleno de ira y frustración, que explota contra su secretario privado, Mark Bolland (Ben Lloyd Hughes), el experto en relaciones públicas a quien vimos en la temporada anterior orquestando un plan para blanquear la imagen de Camilla (“la otra” en discordia) que ha terminado permitiendo que se convirtiera en Reina.

Carlos grita a sus subalternos y exige que la cobertura informativa sobre Camilla desplace los titulares sensacionalistas de Diana retozando con Dodi Al-Fayed en St Tropez. Una relación encantadora y feliz, pero no el gran romance que muchos quisieron vender, que empieza y acaba como una amistad entre dos seres atrapados por las presiones familiares.

Lo que se nos cuenta ahora es que Lady Di habría iniciado una relación sentimental con Dodi casi por matar el aburrimiento de su primer verano como mujer divorciada. La idea que Morgan nos quiere trasladar es la de que, más allá del consuelo y la diversión del momento, esa relación no significó gran cosa pues Diana siempre estuvo enamorada de Carlos, quien a pesar de los pesares guardaba cierto cariño y admiración hacia ella, así como un enorme sentimiento de culpabilidad, debido a su traición con Camila Parker Bowles (Olivia Williams), el gran, verdadero y único amor de su vida al que ha guardado eterna lealtad.

En cuanto a sus hijos, William y Harry, la serie no incide demasiado hasta ahora en cómo les afectó la muerte de su madre, aunque sí apunta al temor y rechazo que acabaron desarrollando hacia los paparazzi y la prensa sensacionalista que supusieron una amenaza constante para la vida de Diana, a menudo sumida en picos de ansiedad por el acoso mediático, a quien vemos luchar por deshacerse de ellos, en las calles o en alta mar, llegando a pactos o dándose a la fuga, protagonizando persecuciones dignas de «Fast&Furious«, como la que acabó provocando el accidente que acabó con su vida cuando un enjambre de decenas de fotógrafos motorizados se dieron a la caza de la princesa por las calles de París. Fue tal el impacto de aquel triste suceso, que en 2010 se aprobó una ley para impedir que los paparazzi conduzcan imprudentemente en busca de una fotografía.

William y Harry tendrán mucho más protagonismo en la segunda parte de esta sexta temporada de la que todavía nos falta por ver seis entregas más, que verán la luz el 14 de diciembre, poniendo el broche final al relato con la boda de Carlos y Camilla. Así que, de momento, continuará…

Título original: The Crown
Año: 2016-2023
Duración: 60 min. cada episodio
País: Reino Unido
Dirección: Peter Morgan (Creador), Stephen Daldry, Philip Martin, Julian Jarrold, Benjamin Caron, Jessica Hobbs, Alex Gabassi, May el-Toukhy, Christian Schwochow, Paul Whittington, Philippa Lowthorpe, Erik Richter Strand, Samuel Donovan...
Guion: Peter Morgan, Tom Edge, James Graham, Edward Hemming, Laura Deeley, Jon Brittain, Duncan Macmillan, Amy Jenkins, David Hancock, Malcolm McGonigle, Nick Payne, Meriel Baistow-Clare, Daniel Marc Janes
Reparto: Imelda Staunton, Elizabeth Debicki,
 Jonathan Pryce, Dominic West, Khalid Abdalla,
Olivia Williams, Lesley Manville, Salim Dau, Bertie Carvel...
Música: Rupert Gregson-Williams, Martin Phipps, Lorne Balfe
Fotografía: Adriano Goldman, Ole Bratt Birkeland, Stuart Howell, Frank Lamm, Rasmus Videbæk, Fabian Wagner
Compañías: Netflix, Left Bank Pictures, Sony Pictures Television International
Género: Serie de TV. Drama Histórico. Biográfico. Corona británica

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