En los últimos meses, me he dado un atracón de series en distintas plataformas de streaming, sobre las que he decidido escribir una única entrada en mi blog, haciendo una pequeña reseña de cada una de ellas. Así que ahí les va esta faena de aliño que no tiene mayor pretensión que la de expresar ni opinión general sobre estos trabajos, algunos de los cuales han sido ya muy comentados, celebrados y detalladamente desmenuzados por la crítica.
QUERER

Una historia de relaciones humanas y familiares conflictivas que aborda una cuestión sobre la que se habla poco: los abusos sexuales dentro del matrimonio. Drama de gran intensidad emocional tratado desde la contención y con sensato realismo. Lo que hace que, por momentos, la serie se haga dura de ver, debido a la cotidianeidad y extrema dureza de las situaciones que se plantean.
La joven directora Alauda Ruiz de Azúa, quien ya diera muestra de su talento, sensibilidad y sutileza para aproximarse a los dramas familiares con su conmovedora “Cinco lobitos”, vuelve a indagar en los complicados entresijos de la institución familiar para mostrarnos lo que ocurre en el seno de una familia heteropatriarcal conservadora, de clase media alta, donde las dinámicas de poder y sumisión, basadas en la dependencia económica (normalmente de la mujer respecto al marido), han encubierto un historial de abuso sistémico que ha sido “normalizado” y tolerado socialmente durante siglos.
Ruiz de Azúa vuelve a hacer protagonista de la historia que quiere contarnos a una familia vasca. Pero ya no es la maternidad de la hija la que pone patas arriba la vida de sus padres (y la suya propia), sino la denuncia que una mujer pone a su marido acusándole de ejercer la violencia psicológica y sexual sobre ella durante décadas.
Iñigo Gorosmendi (Pedro Casbalnc) es un conocido empresario hecho a sí mismo, un marido controlador y un padre exigente, con un temperamento explosivo que desfoga en la privacidad de su hogar, ejerciendo de manera despótica su autoridad sobre su apocada mujer, Miren (grandiosa Nagore Aranburu a quien apenas le hace falta hablar para transmitirnos todo su miedo y su rabia contenida) y sus dos hijos, Aitor y Jon (Miguel Bernardeau y Miguel Garcés) que, más que quererle, han temido siempre a su aita, a quien consideran el cabeza de familia.
Tras treinta años de vida en común y cuando estos han abandonado ya la casa familiar para hacer sus vidas, Miren hace lo propio. Un día abandona el domicilio conyugal sin previo aviso y decide solicitar el divorcio y denunciar a su marido por violación continuada, siguiendo los consejos de su abogada (Loreto Mauleón). Denuncia a partir de la cual se desata una difícil situación, llena de tensión emocional, que arrastra a todo el entorno familiar y social de la pareja y desestabiliza la vida de los hijos, quienes se verán obligados a decidir si apoyan al padre o a la madre, y a tener que escuchar diferentes versiones de los hechos que se juzgan, algunos de los cuales pertenecen a la intimidad de sus padres que no conocían ni imaginaban.
El hijo menor, Jon, es un joven bisexual que tontea con las drogas y comparte un piso de estudiantes. Es a él a quien primero recurre Miren y quien se muestra más empático y proclive a creer a su madre. Mientras Aitor, el mayor, tiene un perfil más conservador y una vida más acomodada. No solo parece haber heredado el carácter autoritario y machista del padre (cosa que se refleja en su propia relación de pareja), sino que se resiste a creer que este sea un violador y de inicio culpa a Miren, por actuar sin importarle las consecuencias que una denuncia de estas características tiene para la familia, llegando a prohibirle que cuide de su nieto.
El viaje familiar avanza en paralelo al judicial, en pos de un mismo objetivo: conocer la verdad. Y es interesante ver la evolución que se produce en los personajes y su cambio de opinión a medida que se van revelando aspectos hasta ahora desconocidos de esta, incluso para sus protagonistas. Conmueve especialmente el abrazo sostenido entre la sufrida madre y ese hijo que, al final, acaba entendiéndolo todo. Pero la serie muestra que no es tan fácil tomar partido en una situación tan delicada y moralmente compleja.
Compuesta de cuatro episodios bautizados con los títulos de: ‘Querer’, Mentir’, ‘Juzgar’ y ‘Perder’, Ruiz de Azua y sus guionistas abordan el tema con seriedad y sin sentimentalismos, mediante diálogos en los que, si bien se percibe el influjo de muchos de los postulados actuales del movimiento feminista a favor de la ley de violencia de género y el “solo sí es sí”, planteando la poco debatida cuestión del consentimiento dentro del matrimonio, la serie no adopta de inicio una posición maniquea.
A medida que avanza la historia, vamos conociendo más detalles acerca de la relación de dominio que existió entre ella e Iñigo. A través de situaciones y diálogos que nos van mostrando los claroscuros de ambos personajes, su fachada social y sus sentimientos más íntimos. Lo que nos hace aborrecerlos y compadecerlos al mismo tiempo. Se nos anima a comprender sus motivaciones y su dolor, más que a posicionarnos o a juzgarlos con severidad.
Eso es lo que la salva y lo que hace que, si bien no escapa de los clichés del wokismo en boga, la serie no llegue a ser del todo un panfleto.
Con una madurez e intensidad arrolladoras, Querer muestra que no hay un camino fácil para las víctimas de maltrato, que suelen sentirse solas ante el peligro porque no siempre reciben el apoyo social ni familiar necesario. El sentimiento de culpa y el miedo se apoderan de Miren, tras abrir una caja de Pandora que necesitaba ser aireada y que, sin embargo, abre un abismo bajo sus pies. Hasta que toca fondo y empieza a resurgir, impulsada por una desconocida sensación de libertad.






Título original: Querer
Año: 2024
Duración: 50 min.
País: España
Dirección: Alauda Ruiz de Azúa (Creadora), Eduard Sola (Creador), Júlia de Paz (Creadora), Alauda Ruiz de Azúa
Guion: Alauda Ruiz de Azúa, Eduard Sola, Júlia de Paz
Reparto: Nagore Aranburu, Pedro Casablanc, Miguel Bernardeau, Iván Pellicer, Loreto Mauleón, Natalia Huarte,
Miguel Garcés, Ainhoa Larrañaga.
Fotografía: Sergi Gallardo
Compañías: Movistar Plus+, Feelgood Media, Kowalski Films.
Distribuidora: Movistar Plus+
Género: Serie de TV. Drama. Familia. Abusos sexuales.
LOS AÑOS NUEVOS

Después de arrasar en los Goya con la brutal ‘As Bestas‘, Rodrigo Sorogoyen decidió embarcarse en una serie no apta para espíritus impacientes, teniendo en cuenta su parsimonia narrativa, que pese a su pretendida originalidad bien podría haber resumido en una película que se llamase “Cuando Harry encontró a Sally”, “Una cuestión de tiempo”, “Siempre el mismo día” o una saga como “Antes del amanecer” y que adolece de cierto tufillo a auto conmiseración generacional, la de quienes nacieron alrededor de los 80 (la década prodigiosa) que, por lo que se ve, anda bastante perdida en esto del amor y de las relaciones humanas.
La historia se centra en Ana (Iria del Río) y Óscar (Francesco Carril), dos desconocidos que dejan de serlo una Nochevieja (día en el que ambos cumplen 30 años) cuya vida dista mucho de ser la que soñaron. En una noche de fiesta que se alarga hasta el amanecer, chico conoce a chica en un garito del madrileño barrio de Malasaña e inician una relación de pareja que se prolongará a lo largo de una década, en la que iremos saltando de un 31 de diciembre a otro, para ser testigos de los altibajos de esa relación entre dos personas incompatibles que tienen distintas formas de ver la vida y la propia vida en pareja.
Ella, camarera en un bar de copas. Estudió periodismo, pero no encuentra nada de lo suyo, siempre muy guay, valiente, humanamente solidaria, liberada y caprichosa, es encantadora, la amiga que todos quieren tener y el alma de la fiesta, pero su único compromiso real parece ser el que tiene consigo misma, inestable y de culo inquieto, alguien que no cambia ni evoluciona salvo en el corte de pelo. Y él un llorica, hijo de padres separados con traumita, médico de guardia en busca de asentarse profesionalmente en un sistema sanitario público cuyas condiciones laborales dejan mucho que desear, al menos se puede permitir alquilar un piso en Madrid para él solo, aunque no cobra mucho (“he hecho las cuentas y me pagan diez euros la hora”, dice), un buenazo enamorado hasta las trancas.
Cocreada y escrita por el propio Sorogoyen, junto a Sara Cano y Paula Fabra, el guion pretende hacer gala de diálogos afilados y silencios incómodos, donde yo solo veo a dos actores haciendo de sí mismos y soltando frases simplonas. Intenta ser creíble. Pero resulta impostada en busca de una naturalidad que acaba siendo pretenciosa, anodina y cargante, mientras se queda corta en emoción, lógica narrativa y capacidad de sorpresa. Es de esas series en las que parece que todo ocurre mientras nunca pasa nada. Y ese todo que ocurre no es más que la vida misma, con sus frustraciones y decepciones, sus proyectos fracasados y su lucha por la supervivencia. La vida que transcurre entre encuentros y celebraciones con familiares y amigos de siempre, en una casa alquilada en La Sierra, en una sala de urgencias en plena pandemia o en un centro de desintoxicación, cenando en un restaurante con dos estrellas Michelin o comiendo en un VIPS. La vida proyectada en una maleta XXL para un viaje a Edimburgo que nunca hicimos, un DVD de “La mejor juventud” que nunca vimos, las paellas valencianas en Casa Amparo que nos comimos, las idas y venidas de Madrid a Lion, las escapadas a Berlín con el preceptivo colocón discotequero, un mal chiste (“sierra la boca”), una ruptura en un taxi… las fiestas y las dudas, las apuestas y las renuncias, lo que pudo ser y no fue, los polvos y las discusiones, las cosas que no pasan hasta que pasan, el conformismo, las carcajadas y el hastío, los trabajos en precario y los emprendizajes gastronómicos, la maternidad y las infidelidades, la falta de ilusión, el aburrimiento vital… Y cuando queremos darnos cuenta llega el capítulo 10 y su plano secuencia final mientras suena la canción de Nacho Vegas y da rabia y a la vez alivio porque se supone que siempre queda el amor.
La crítica ha dicho que es la mejor serie del año y ha utilizado adjetivos como “absolutamente magistral, tierna, perturbadora e hipnótica, dolorosa pero vitalista y esperanzada, maravillosamente humana” al referirse a ella (vaya usted a saber por qué). Pero en mi opinión, a “Los años nuevos”, como a sus protagonistas, le faltan dos hervores. Se me hizo insufrible.


















Título original: Los años nuevos
Año: 2024
País: España
Dirección: Rodrigo Sorogoyen (Creador), Paula Fabra (Creadora), Sara Cano (Creadora), David Martín de los Santos, Sandra Romero
Guion: Rodrigo Sorogoyen, Paula Fabra, Sara Cano, Antonio Rojano, Marina Rodríguez Colás
Reparto: Iria del Río, Francesco Carril, Ana Labordeta, Vladimir Perrin, Pablo Gómez-Pando, Carlos Blanco, Malena Gutiérrez, Ana Telenti, Simon Kirschner, Benjamín, Anna Alarcón, Vèronique Frumy, Eliot Tosta...
Música: Juan Ibáñez. Nacho Vegas
Fotografía: Lali Rubio, Alana Mejía González
Compañías: Coproducción España-Francia; Movistar Plus+, Caballo Films, ARTE France.
Género: Serie de TV. Romance. Drama generacional.
CELESTE

Sara Santano es una funcionaria de Hacienda, la segunda mejor de su promoción, a la que cuando está a punto de jubilarse le piden que resuelva un posible delito fiscal de más de veinte millones de euros, cometido por Celeste (Andrea Bayardo), una de las cantantes más famosas de música latina que pasa parte de su tiempo en España desde que se echó un novio de aquí (imposible no pensar en el caso de Shakira que acabarían con la colombiana pagando 14,5 millones de euros para evitar una pena de 8 años de prisión y el doble de dinero). El reto de Sara será certificar que la estrella mexicana ha pasado al menos 184 días del último año en nuestro país, lo que le obligaría a tributar en la Hacienda española. Lo hará revisando a conciencia tickets, albaranes, movimientos de cuentas y hasta sus redes sociales, y montándole un estrecho seguimiento y vigilancia que da lugar a situaciones rocambolescas, a medio camino entre la comedia y el suspense.
Transformada en una especie de Terminator del fisco, Carmen Machi es la encargada de dar vida a este personaje áspero, incorruptible y justiciero, el odiado inspector de Hacienda que persigue el delito con convicción y rigidez funcionarial. Sara es viuda y no tiene nada en su vida, además de su trabajo. Ahora que está a punto de retirarse, le ha prometido a su única hija que buscará la manera de socializar y hacer nuevos amigos, pero se le da mal tratar con la gente. Lo suyo es investigar y sacar a la luz los trapos sucios del personal. Por eso acepta el caso. Quiere sacarse la espina de aquella antigua batalla perdida contra un futbolista «del Madrid» al que no consiguió emplumar, aunque no reconozca que también lo hace porque le sirve de distracción para no ahogarse en la soledad de su casa ahora que su marido ya no está.
Se trata de una sátira inteligente y bien interpretada, que pretende recordarnos que el fraude y la evasión fiscal siempre es lo que parece y requiere la complicidad de un sistema corrupto y adormecido.
En la época en la que “Hacienda somos todos” dice el personaje que interpreta Manolo Solo, el paparazzo Tony, que «el español medio prefiere encontrarse un bulto en la ingle que recibir una notificación de la Agencia Tributaria en el buzón» y no le falta razón. La mayoría padecemos un terror casi infantil, como si del Hombre del saco se tratase, a ser objeto de una investigación fiscal y sufrir las consecuencias de nuestro propio desconocimiento. A menos que el importe del desfalco supere los cinco ceros. Entonces el engranaje de la maquinaria estatal empieza a moverse para buscar una solución…
Un tema delicado que en otras manos podría haber sido soporífero. Pero Diego San José (bebiendo del costumbrismo de Ocho apellidos vascos, Fe de etarras yVota Juan) construye una historia inspirada en el morbo que aporta una interesante reflexión sobre la identidad laboral, la autorrealización en el trabajo y la soledad.










Título original: Celeste
Año: 2024
País: España
Dirección: Diego San José (Creador),
Elena Trapé
Guion: Diego San José, Daniel Castro,
Oriol Puig Playà
Reparto: Carmen Machi, Manolo Solo, Andrea Bayardo, Antonio Durán, Aixa Villagrán, Clara Sans
Música: Lucas Vidal
Fotografía: Alex García Martínez
Compañías: 100 Balas, Movistar Plus+.
Género: Serie de TV. Drama. Thriller. Comedia dramática
LAS ABOGADAS

Imposible no rendirse a la esmerada ambientación de esta serie que reproduce hechos históricos relativamente cercanos en el tiempo protagonizados por cuatro mujeres bien conocidas en la esfera pública española: Manuela Carmena (Irene Escolar), Cristina Almeida (Elisabet Casanovas), Paca Sauquillo (Almudena Pascual) y Lola González, fallecida en 2015 (Paula Usero), cuyo trabajo y entrega a la causa de la libertad (junto al de otros abogados laboralistas, algunos de los cuales se dejaron la vida, en sentido real y figurado, en la conquista de los derechos civiles, litigando ante los tribunales franquistas) fue clave en la Transición hacia la democracia española.
La historia transcurre en los últimos años de la dictadura franquista y aunque la serie tiene como núcleo temporal la matanza de Atocha, tomando el brutal atentado perpetrado por la ultraderecha en 1977 contra el despacho de abogados laboralistas que allí tenía Manuela Carmena como centro de la narración, abarca muchos más acontecimientos que antecedieron a este trágico suceso y que explican el contexto social y político en el que se produjo, como el asesinato del joven activista Enrique Ruano (Álvaro Rico), un estudiante madrileño de derecho afiliado al Frente de Liberación Popular e implicado en la lucha antifranquista, que apareció muerto a los tres días de ser detenido y torturado por la Dirección General de Seguridad (DGS), en lo que se vendió mediáticamente como un suicidio, cuando había sido asesinado por el régimen franquista. O el de Pedro Patiño (Ignacio Mateos), sindicalista comunista y amigo personal de Carmena al que mató la Guardia Civil en 1971 disparándole por la espalda. También se alude al encarcelamiento de los 10 de Carabanchel, entre ellos Marcelino Camacho y Nicolás Sartorius, o a los últimos fusilados por el franquismo en septiembre de 1975. Personas que fueron silenciadas y borradas de nuestra historia y que lucharon por derechos y libertades que hoy muchos dan por sentadas.
Compuesta de 10 episodios y dirigida por Patricia Ferreira, la serie mantiene el interés utilizando imágenes de archivo para dar mayor contexto a la reconstrucción dramática de la memoria histórica, abordando algunos de los más candentes temas de discusión en aquel momento en el activismo de izquierdas, como la discriminación de las mujeres en la lucha obrera; la activa implicación de Paca Sauquillo, vinculada a movimientos cristianos de base desde que trabajó con el padre Llanos en El Pozo del Tío Raimundo, en los movimientos chabolistas que llevaron a la creación de las primeras asociaciones de vecinos de Madrid; el desigual coste que tenía la resistencia para los descamisados y para los jóvenes miembros de las clases acomodadas; las tímidas críticas al modelo soviético y a la defensa del Eurocomunismo y el progresivo alejamiento de ciertos militantes de la ortodoxia comunista o la decisión del PCE de no defender a los acusados de delitos de sangre de ETA o del FRAP… sin llegar a profundizar demasiado en estos debates que aparecen planteados en la serie, más en la esfera emocional que en la política o ideológica, sin llegar a hacer un verdadero análisis crítico.
Una serie con mucho potencial, pero a la que le falta profundidad y valentía que, con la loable intención de homenajear a las abogadas que se enfrentaron a la dictadura, incurre en el involuntario descuido de hacerlas parecer cuatro jóvenes que, desde su situación de privilegio social, pudieron permitirse estudiar y luchar por sus ideales, confrontando el oscurantismo del tardofranquismo con el luminoso espíritu de aquella juventud libertaria, inspirada por un contexto internacional marcado por movimientos que van desde la Beat Generation al mayo francés o la Revolución Cultural China de Mao Zedong, que se implicó políticamente para poder cambiar las cosas haciendo gala de una gran inteligencia y un voluntarioso idealismo en la creencia de que una España mejor era posible.




















Título original: Las abogadas
Año: 2024
País: España
Dirección: Patricia Ferreira (Creadora), Marta Sánchez (Creadora), Juana Macías, Polo Menárguez
Guion: Patricia Ferreira, Marta Sánchez, Irene Niubo, Virginia Yagüe
Reparto: Paula Usero, Irene Escolar,
Almudena Pascual, Elisabet Casanovas, Manuel Canchal, Álvaro Rico...
Fotografía: Ángel Iguácel
Compañías: Rtve, Mod Producciones
Género: Serie de TV. Drama.Biográfico. Años 70. Drama judicial. Franquismo. Democracia. Memoria histórica.
LOS AMOS DEL AIRE

Majestuosa secuela de la maravillosa “Hermanos de sangre”, que reconstruía las vivencias de la compañía Easy, un batallón de soldados norteamericanos apostados junto al ejército aliado en terrero europeo, “Los amos del aire” es la segunda entrega de una trilogía que se completa con “The Pacific” que retrataba la guerra desde la perspectiva de los soldados aliados apostados en Asia, y tiene todo lo que podrías esperar de una serie producida por Steven Spielberg, Tom Hanks y Gary Goetzman (‘Licorice Pizza‘ o ‘Greyhound‘). Está magníficamente interpretada por un escogido elenco de jóvenes estrellas en ciernes (Austin Butler, Callum Turner, Anthony Boyle, Nate Mann, Rafferty Law, Barry Keoghan, Josiah Cross, Branden Cook y Ncuti Gatwa), filmada con un talento descomunal y montada con el tacto meticuloso que un artesano pondría programar un reloj suizo. Pocas veces se ha visto en la pequeña pantalla tal ambición visual, comandada por Cary Joji Fukunaga (True Detective, Sin tiempo para morir), quien se encarga de dirigir los cuatro primeros episodios en los que se establece el tono y el ritmo de la narración. Un realizador que convierte las batallas aéreas en auténticas obras de arte.
Espectacular y emotiva, “Los amos del aire” se basa en el libro homónimo de Donald L. Miller adaptado al cine por John Orloff, y cuenta la historia del 100º Grupo de Bombarderos de la Octava Fuerza Aérea de los Estados Unidos, una de las compañías de aviadores del ejército estadounidense más relevantes de la Segunda Guerra Mundial, encargados de bombardear objetivos estratégicos para la Alemania nazi, en misiones a menudo suicidas, lo que les valió el apelativo de “Bloody Hundredth” (la sangrienta centena) por la gran cantidad de bajas que sufrió el escuadrón de pilotos durante los dos últimos años de la guerra, mientras llevaban a cabo peligrosas misiones por Europa con 177 aviones perdidos en acción.
Metidos en pesadas fortalezas volantes que a menudo acababan agujereados por la metralla teutona, siendo pasto de las llamas, los pilotos de la 100 eran un blanco preferente para los aviones de la Luftwaffe que había dejado al Reino Unido en ruinas durante la Blitzkrieg. Además de tener que enfrentarse al enemigo en la batalla por el control de los cielos, debían de lidiar con la gélida temperatura a 7.000 metros de altura, la falta de oxígeno y las limitaciones propias de las claustrofóbicas aeronaves de la época, por no mencionar el terror psicológico, la presión de la responsabilidad y el estrés emocional que ponía a prueba cada día su heroicidad y vulnerabilidad. Algunos duraron poco con vida al ser abatidos sus aviones, otros fueron capturados o heridos y solo unos cuantos afortunados consiguieron regresar a sus hogares con los suyos.
Como ya sucediera en “Hermanos de sangre”, el guion se centra en un par de personajes que sirven de guía al espectador, sin restar protagonismo a un reparto absolutamente coral. Se trata del mayor Gale “Buck” Cleven y el mayor John “Bucky” Egan, amigos y compañeros de armas e indiscutidos líderes del escuadrón con personalidades bien disímiles: mientras que el primero es tranquilo, reservado y prolijo, su extrovertido y rebelde compañero tiende a jugar en el límite enredado en noches de fiesta y alcohol en los pubs cercanos a las bases inglesas que albergaban a los soldados estadounidenses.
Ambos son trasladados al sur de Groenlandia, desde donde realizarán sus primeros vuelos como pilotos de los enormes aviones destinados a bombardear las reservas, arsenales y otros objetivos clave de las fuerzas alemanas en el norte de Europa. Pero a pesar de su confianza en sí mismos, pronto descubrirán la complejidad de su tarea. El miedo, la muerte y la brutalidad en combinación con el desafío de mantener en formación y fuera de peligro aquellas pesadas máquinas entre densas nubes y a miles de metros de altura.
Cleven es interpretado por Austin Butler, en quien todavía asoman algunos tics del personaje de Elvis Presley que encarnó en el biopic de Baz Luhrmann. Mientras el actor británico Callum Turner es quien da vida a Egan. También están Barry Keoghan (protagonista de Saltburn), quien encarna al teniente Curtis Biddick logrando robarse cada una de las escenas en las que aparece (especialmente una en la que grita “soy irlandés”); Anthony Boyle, quien interpreta al teniente Harry Crosby, narrador de la historia y elsargento Ken Lemmons, ingeniero mecánico que interpreta Rafferty Law.
Aunque las historias particulares de sus personajes en algunos casos ni siquiera llegamos a conocerlas y, en otros, carecen de desarrollo, profundidad e interés. Las escenas de combate son únicas y se complementan a la perfección con la banda sonora compuesta por Blake Neely, haciendo de cada uno de sus nueve episodios una experiencia impactante a nivel visual y emocional.
«Creo que la línea maestra desde ‘Hermanos de sangre’, ha sido siempre: contemos la verdad», explicaba en una entrevista John Orloff, cocreador y guionista de ‘Los amos del aire’, a propósito de su final y cómo decidieron establecer el paralelismo entre los bombardeos aéreos a puntos de interés estratégico para el III Reich y la destrucción y tragedia que suponían para la población civil, tanto de un bando como del otro. Algo que presencia Bucky en Londres y en Alemania.
En la misma entrevista, el guionista habla de una de las escenas más impactantes del final:cuando Rosie se adentra en el horror del campo de concentración de Poznań. Una secuencia potente que sirve como una versión más corta de lo que ocurre en el episodio 9 de ‘Hermanos de sangre’. «Una de las cosas que hemos intentado hacer en esta serie era mostrar Europa bajo la ocupación nazi y el campo de prisioneros de guerra era para mí, una metáfora de cómo es la vida bajo el fascismo. Rosie es judío y ha tomado la decisión de realistarse y luchar contra el mal conscientemente porque, si ves a la gente subyugada e impotente, tienes que hacer algo. Si no, no hay civilización. Esa escena es un recordatorio de ello», explicaba Orloff.























Título original: Masters of the Air
Año: 2024
País: Reino Unido
Dirección: John Shiban (Creador), John Orloff (Creador), Cary Joji Fukunaga, Anna Boden, Ryan Fleck, Dee Rees, Timothy Van Patten
Guion: John Orloff. Libro: Donald L. Miller.
Reparto: Austin Butler, Callum Turner,
Anthony Boyle, Barry Keoghan, Nikolai Kinski, Stephen Campbell Moore, Sawyer Spielberg, Isabel May, James Murray...
Música: Blake Neely
Fotografía: Adam Arkapaw, Jac Fitzgerald, David Franco, Richard Rutkowski
Compañías: Amblin Television, Playtone, Apple Studios, Parliament of Owls.
Productor: Steven Spielberg, Tom Hanks, Gary Goetzman. Distribuidora: Apple TV+
Género: Serie de TV. Bélico. Drama | II Guerra Mundial. Aviones. Ejército.
Trilogía IIGM Spielberg/Hanks
DISCLAIMER

Del director de “Roma”, “Gravity”, “Y tu mamá también”, llega ahora “Disclaimer”, un auténtico culebrón televisivo aderezado de suspense y protagonizado por dos gigantes de la interpretación como Cate Blanchet y Kevin Kline, centrado en una famosa documentalista cuya vida familiar y laboral se complica al recibir un libro de forma anónima, en el que se revela una vieja tragedia de la que fue protagonista durante su juventud y que creía haber enterrado para siempre en el fondo de su memoria.
Siempre a medio camino entre el cine comercial y el cine de autor, el mexicano Alfonso Cuarón no ha dado esta vez con la fórmula adecuada para contar esta historia, empezando por el tiempo que emplea para ello: siete larguísimas horas divididas en siete episodios de una hora de duración que, por no tener, ni nombre tienen y que bien podrían haberse resumido en una sola entrega.
Presumiendo de una complejidad que en realidad no es tal, la serie plantea un juego entre la realidad y la ficción contando tres historias de forma paralela, que suceden en tiempos distintos. Conocemos a Blanchett durante la ceremonia de entrega de un premio, como la respetada documentalista y periodista de investigación Catherine Ravenscroft, casada con Robert (Sacha Baron Cohen), un hombre de negocios que maneja grandes inversiones en fundaciones filantrópicas, con el que tiene un hijo veinteañero, Nicholas (Kodi Smit-McPhee), un tanto taciturno y torturado. E inmediatamente nos acercamos a la desventurada existencia de Stephen Brigstocke (Kevin Kline), un profesor universitario a punto de jubilarse, cuya esposa Nancy (Lesley Manville) ha muerto de cáncer hace algunos años. Revisando las cosas de su amadísima mujer de la que siempre fue dependiente y subordinado, Stephen encuentra el manuscrito de una novela y unas fotos de alto contenido erótico en las que aparece una joven mujer. Es Catherine, unos 20 años atrás (interpretada por Leila George), posando desnuda y aparentemente muy excitada en una sesión de fotos que transcurre en la cama de un cuarto de hotel.
El tercer hilo narrativo, a modo de ficción dentro de la ficción, permite al espectador visualizar el relato de “The Perfect Stranger”, título del manuscrito en el que Nancy, la mujer de Brigstocke, narra de forma truculenta y novelada, la muerte accidental de Jonathan (Louis Partridge), el hijo de ambos, quien se ahogó en el mar al intentar salvar la vida del pequeño Nicholas, durante unas vacaciones en Italia, en las que Catherine y él se conocieron por casualidad y terminaron teniendo un tórrido encuentro sexual.
El deseo de venganza de apodera de Stephen al descubrir algo de lo que no había estado al corriente, y decide publicar el libro de forma independiente, bajo un seudónimo, haciéndoselo llegar a Catherine (a quien culpa de la muerte de su hijo e indirectamente de la de su mujer), así como a su familia y a sus compañeros de trabajo, con intención de desenmascararla como la mujer adultera que es, provocando el caos en la vida de los Ravenscroft.
Mientras Catherine trata de evitar el escarnio público y detener al agresivo Stephen que se convierte en una especie de acosador al estilo de Joe Goldberg (el asesino que interpreta Penn Badgley en la serie “You”), su marido y su hijo se dejan llevar por lo que leen, tratándola como si fuera un monstruo. ¿Pero será realmente cierto lo que cuenta The Perfect Stranger? ¿Dónde están los límites entre la verdad y la imaginación? Al inicio de la serie, la presentadora del premio que le otorgan advierte en su discurso: “Cuídense de la narrativa y la forma, su poder nos puede acercar a la verdad pero también puede ser un arma con gran capacidad de manipulación”.
En efecto, Cuarón pretende engañarnos permanentemente, nos manipula, nos hace dudar utilizando todos los recursos narrativos a su alcance para probar que la peor mentira es aquella que se asume ciegamente como verdad.
Basándose en la novela de Renée Knight, el realizador mexicano juega con el misterio acerca de lo que pasó años atrás. Una verdad que solo Catherine conoce y que no tiene forma ni fuerzas, por caprichos de la trama, de explicar hasta el final, elevando la tensión y el drama de una manera tan intensa como poco creíble hasta convertir la serie en una especie de thriller policial, lleno de casualidades sin sentido. ¿Es lógico que Robert enloquezca como lo hace, presa de un ataque de celos con carácter retroactivo, al enterarse de que su esposa le fue infiel con un adolescente hace más de 20 años? Puede molestarte, pero obsesionarte hasta hacerte dudar de que haya estado fingiendo en las relaciones intimas que han mantenido dentro del matrimonio desde entonces es too mucho. Algo parecido pasa con Nicholas, cuya fragilidad emocional se desequilibra al enterarse de lo sucedido, entregándose a las drogas y la autodestrucción en una actitud inexplicable y exageradamente victimista. Mientras el viejo Stephen disfruta de una venganza servida en plato frío: lanzando «la bomba» y dejando que los celos y las tensiones familiares hagan el resto.
Para darle algo de seriedad al asunto, Cuarón echa mano de una constante, reposada y analítica voz en off que se supone que es la de Catherine, la cual lanza un montón de sentencias pretenciosas a manera de prólogo al inicio de cada episodio, pretendiendo abordar las relaciones de pareja, la problemática de la cancelación social y laboral, además de otros asuntos que es mejor no comentar para no hacer spoiler. Recurso que, por reiteración, llega a ser también un tanto cargante y agotador.
Pero no todo es negativo. Si por algo se salva «Disclaimer» (aparte de por la calidad de su ejecutoria a nivel de producción) es por sus protagonistas. Si Blanchett ennoblece todo lo que toca, Kline dignifica en la medida de lo posible a su personaje, un tipo que se va volviendo una caricatura cada vez más exagerada de sí mismo. El carisma del actor permite seguirlo en sus cada vez más riesgosos y agresivos actos, hasta llegar a un punto en el que su monstruosidad resulta absurda y gratuita. Personalmente calificaría a «Disclaimer» como una serie con ínfulas. Y me quedo la sensación de que, detrás de un thriller bastante más convencional de lo que cree ser, hay desaprovechada una gran historia que no termina de salir a la luz.



























Título original: Disclaimer
Año: 2024
País: Reino Unido
Dirección: Alfonso Cuarón
Guion: Alfonso Cuarón. Novela: Renee Knigt
Reparto: Cate Blanchett, Leila George,
Kevin Kline, Sacha Baron Cohen, Adam El Hagar, Lesley Manville, Louis Partridge,
Kodi Smit-McPhee.
Música: Finneas O'Connell
Fotografía: Emmanuel Lubezki, Bruno Delbonnel
Compañías: Coproducción Reino Unido-Italia; Esperanto Filmoj, Anonymous Content, Parts Labor. Productor: Alfonso Cuarón. Apple TV+
Género: Serie de TV. Drama. Intriga. Thriller psicológico.

