ANORA

Hay directores de cine a los que les gusta deambular por los márgenes de la sociedad, en busca de personajes con historias susceptibles de ser contadas. Y no se trata precisamente de historias de superación, edulcoradas por la épica del voluntarismo optimista que tanto se lleva ahora, sino historias de personajes que cargan a sus espaldas con todo el peso de la vida real, fruto de las circunstancias de su origen, de la mala fortuna o de sus propias malas decisiones.

Uno de esos cineastas es Sean Baker (un Fernando León de Aranoa de la vida), nativo de New Jersey (la patria chica de Tony Soprano), graduado en la Universidad de Nueva York y doctorado con honores en el cine indie quien, desde que comenzara a rodar películas de bajo presupuesto, con actores no profesionales, se ha interesado por contar lo que les sucede a las personas que habitan en los márgenes del sueño americano, luchando cada día por su supervivencia y por salir del arroyo social.

Los protagonistas de sus películas son un repartidor a domicilio que se desloma a lomos de su bici para cubrir una deuda imposible de pagar, unos mercaderes de ropa de marca falsificada, unos niños que malviven solos en un motel barato y, muy a menudo, trabajadoras y trabajadores del sexo, como la actriz de porno online de “Starlet”, la prostituta transgénero de “Tangerine” o la ex porn-star de cine para adultos “Red Rocket”. Y ahora, “Anora” (que en ruso debe querer decir “brillo” o “luz”, aunque ella prefiere que la llamen Anie, no tanto para disimular sus orígenes familiares pues el apellido Mikheeva no deja lugar a dudas, como para presumir de arraigo en el país que, al fin y al cabo, la vio nacer), una diosa que ilumina la noche con sus largas uñas postizas de las que sobresale una mariposa en relieve y sus extensiones fluorescentes.

El nombre del personaje está bien elegido pues su presencia resplandece en cada escena a lo largo de las dos horas largas que dura la proyección de la película. Una turbia historia de humillación constante, pese a estar contada desde una perspectiva aparentemente liviana y tragicómica, bajo la mirada sincera, tierna y compasiva de su director y guionista que, fiel a su estilo, plantea preguntas incómodas a la audiencia sobre los prejuicios, las desigualdades sociales y la complejidad humana.

Vitalista, malhablada y con una energía arrolladora, Anora es una pequeña fuerza de la naturaleza que encarna con absoluta entrega y credibilidad Mikey Madison (a la que algunos recordarán de la serie “Better Things”) quien, tras hacerse con el Bafta, parte ya como la favorita para llevarse también el Oscar por este trabajo que la consagra como una de las más prometedoras actrices de su generación, en el que interpreta a una chica de veintitrés años, que trabaja como stripper en el Headquarters, un club nocturno de Brooklyn y se gana la vida con los “lap dances” que ofrece a los clientes en los reservados del establecimiento, junto a otras “compañeras del metal”.

Aunque se niega a identificarse como prostituta, ocasionalmente también ofrece sus servicios como escort fuera del club erótico.

Anie chapurrea algo de ruso, gracias a una abuela emigrante que nunca llegó a aprender inglés, lo que hace que el dueño del antro en el que trabaja la asigne a un cliente especial. El atolondrado hijo de un oligarca moscovita, para el que la vida se reduce a una orgía sin fin, con barra libre de drogas, sexo y alcohol.

Vanya (Mark Eydelshteyn), que así se llama el muchacho, es un niñato enjuto y hortera, enganchado a los videojuegos y acostumbrado a vivir al límite, que se encapricha de Anie, ofreciéndole 15 mil dólares por pasar una semana juntos y prestarle sus servicios en exclusiva. A partir de lo cual, la relación entre ambos se convierte en una montaña rusa, un jolgorio y un absoluto dispendio de lujo y de placer que los llevará de Conney Island hasta Las Vegas, donde contraen matrimonio en un arranque de inconsciente impulsividad.

Anie piensa que le ha tocado la lotería con el ruso, aunque sea un eyaculador precoz, y que la vida le ofrece al fin la oportunidad de salir del arrabal, por lo que se despide de su trabajo y se muda a la mansión de su nuevo marido, viviendo durante unos días un cuento de hadas a ritmo de Blondie, Tatu y Take That, como si de una versión trash de “Pretty Woman” se tratara. Pero no es más que una fantasía que pronto se desvanece, para dar paso a la cruda realidad cuando los poderosos padres de Vanya deciden presentarse en los Estados Unidos a bordo de su jet privado dispuestos a anular el matrimonio de la pareja, enviando de avanzadilla a Toros, Garnick e Ygor, un trío de matones armenios en busca de su desastroso hijo, quienes protagonizan junto a Anie las escenas más desternillantes de la película, que por momentos recuerdan al cine de Quentin Tarantino. Baker insiste en recordarnos que no dejan de ser tres atribulados currelas, metidos en un tremendo lío que, en varias ocasiones, se ven desbordados por la resistencia de la irreductible chica que se aferra a la esperanza y se resiste a perder el estatus que jamás soñó poder alcanzar.

“Hay mucha comedia física, en la mejor tradición del slapstick, así como huellas del cine naturalista y existencialista de John Cassavetes; y quizá algo de la herencia del neorrealismo italiano, con su épica de la dignidad de los pobres y humillados. Estoy bastante seguro de que si Vittorio de Sica, el director de “El ladrón de bicicletas”, hubiera visto el final de “Anora”, un final que tras muchas emociones y risas, te golpea directamente en el corazón, habría aplaudido. Y, por supuesto, derramado al menos una lágrima, como el resto del público”, escribe José Martínez Ros, crítico de Mondosonoro.

Y es que, “Anora”, a la que algún crítico ha definido como «una ‘screwball’ del siglo XXI», un burbujeante descorche de champán antes de quedarse tibio, dista mucho de ser una película fácil. Aunque en la superficie tenga la apariencia de una comedia frívola, disparatada y refrescante, por su estética juvenil-choni-colorista, Baker construye una historia honesta y a menudo dolorosa, a partir de personas muy jóvenes que viven aprisionadas en un mundo que las deshumaniza, en el que sin embargo siempre hay resquicio para la evasión, como lo hay para la solidaridad y la empatía, cuando se producen encuentros como el de Anie con Ygor (Yuri Borisov, más que justamente nominado a mejor actor secundario en los Oscar por la contenida ternura de su personaje), atrapado como ella en un sistema que no le permite ser quien realmente desea. La inesperada conexión entre ambos se convierte en el eje emocional de la película, cuyo desenlace tiene un aire de fábula decadente y a la vez conmovedora, recordándonos que nunca estamos completamente solos en nuestra desgracia, a modo de triste (des)consuelo.

Título original: Anora

Año: 2024

Duración: 138 min.

País: Estados Unidos

Dirección y Guion: Sean Baker

Reparto: Mikey Madison, Mark Eydelshteyn, Yura Borisov, Karren Karagulian, Vache Tovmasyan, Darya Ekamasova...

Música: Matthew Hearon-Smith

Fotografía: Drew Daniels

Compañías: Cre Film, Filmnation Entertainment. Neon

Género: Comedia. Drama. Prostitución. Cine independiente.

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