En 1943, la agente «Westminster» recibe instrucciones de su contacto en París, Walter Schellenberg (Jannis Niewöhner), jefe de información y contraespionaje del III Reich, quien realizó varias operaciones de inteligencia durante la Segunda Guerra Mundial a las órdenes de Heinrich Himmler. Schellenberg tiene una misión especial para ella: viajar a Madrid y entregar un mensaje secreto a su viejo amigo, el primer ministro británico, Winston Churchill, con una propuesta para el cese de hostilidades. «Si triunfas, la historia te recordará por esto más que por cualquier vestido que hayas confeccionado», le dice Schellenberg a su espía con nombre en clave que no es otra sino Gabrielle «Coco» Chanel, la célebre diseñadora de alta costura parisina, más conocida por su icónico perfume Nº5 que por las operaciones encubiertas que presuntamente realizó para los nazis durante la ocupación alemana.
Los historiadores no terminan de dar una versión concluyente sobre cuál fue el grado de implicación real de la diseñadora francesa en las actividades de inteligencia del mando alemán, aunque parece estar acreditado que fue una colaboracionista. Razón por la cual, al término de la guerra, tuvo que huir a la neutral Suiza, a fin de no ser procesada por su complicidad con los nazis.
La miniserie “New Look” se centra en ello y en cómo la guerra impactó de lleno en el trabajo de los diseñadores de la alta costura de París, donde se dieron cita en ese oscuro periodo de la historia algunos de los más grandes artistas del figurinismo, como Cristóbal Balenciaga (Nuno Lopes), Schiaparelli, Lanvin, Rochas, Patou, Van Cleef, Ricci, Cartier, Hermès o Pierre Balmain (Thomas Poitevin), seguidos de jóvenes promesas como Hubert de Givenchy o el impetuoso Pierre Cardin (Eliott Margueron), narrando en paralelo el ascenso de Christian Dior y el declive de Coco Chanel, dos de sus más destacados referentes, sin que ambos personajes nunca lleguen a interactuar.
Su creador, Todd A. Kessler, es un experto en contar historias sobre personajes controvertidos y carismáticos, y se percibe en la serie el estilo de los guiones que escribió para «Los Soprano«, «Bloodline» y «Damages«. Una narrativa que pocos creadores dominan con tanta destreza, en donde los personajes más repugnantes se convierten en arquetipos de la locura humana con los que a menudo resulta fácil empatizar.
Coco Chanel era una mujer sola, una empresaria voluntariosa y una artista enormemente egocéntrica que intentaba sobrevivir en un mundo de hombres. O eso es al menos lo que Kessler quiere contarnos, sin llegar a absolverla ni a condenarla por sus acciones durante la guerra. ¿Era una mujer inteligente que actuó bajo coacción o una terrible antisemita que aprovechó la oportunidad de espiar para los nazis? Su relevancia como diseñadora de moda de fama mundial le brindó la oportunidad de que la historia la tratara con indulgencia, pero sobre su memoria pesará siempre la sombra de la sospecha y la mancha indeleble de la sangre inocente derramada. En contraste con los horrores vividos por Dior y los suyos, por ayudar a la Resistencia y hacer siempre lo moralmente correcto.
La serie comienza en París, en 1955. Chanel (Juliette Binoche), quien había cerrado su salón al comienzo de la guerra, ha regresado a la ciudad tras vivir ocho años en el exilio y ofrece una rueda de prensa a un pequeño grupo de periodistas que le preguntan por el diseñador del momento. «Christian Dior arruinó la alta costura francesa y yo vuelvo para salvarla», declara con altivez, a la misma hora en que Dior (Ben Mendelsohn) está a punto de ser homenajeado en la Sorbona.
De hecho, es el primer diseñador de moda invitado a hablar en la prestigiosa institución académica en sus 700 años de historia y, como dice su rival, Dior es “un manojo de nervios”. Atormentado y supersticioso, vive obsesionado con las lecturas de tarot y su carácter de natural introvertido ya no puede disfrutar del éxito que tanto le costó alcanzar. Pero sabe que se debe a su público. En este caso, un grupo de entusiastas estudiantes de diseño que corean su nombre como si de una estrella de rock se tratase.
Mientras su abnegada asistente Madame Zehnacker (Zabou Breitman) logra convencerlo de que debe salir a escena, sus modelos le preceden desfilando algunas de las exquisitas creaciones que lo consagraron como modisto de fama internacional, desde que presentara su primera colección en 1947, recién instalado en su maison de la avenida Montaigne, cambiando para siempre el panorama de la moda parisina con una nueva silueta femenina que fue calificada por Carmel Snow, redactora jefe de la revista Harper’s Bazaar, como el “New Look” de la alta costura francesa.
La cámara casi acaricia los vestidos de satén blanco, seda azul y tul limón. Las faldas amplias, largas y ahuecadas con enaguas, los talles ceñidos que aportan estilo a la silueta marcando el regreso de la corsetería, los hombros estrechos y los escotes amplios representan una nueva feminidad…. La audiencia enloquece.
En una escena que recuerda mucho el inicio del piloto de «The Newsroom«, una joven llega hasta el micrófono y formula su pregunta: ¿es cierto que mientras trabajaba para Lucien Lelong (John Malkovich) durante la guerra, Dior ayudó a crear vestidos para las esposas y novias de los nazis que ocupaban París, mientras que Coco Chanel cerró su boutique por lealtad patriótica?
Christian duda en responder y los siguientes 10 episodios revelan por qué. En la guerra nada es lo que parece. Sí, Lelong mantuvo abierto su atelier de moda incluso cuando las tropas alemanas invadieron Francia. Y aunque no diseñó nada él mismo, pues carecía del talento necesario para ello, empleó a artistas como Dior y Balmain para que crearan vestidos a demanda de los clientes que llamaran a su puerta. Lelong no está orgulloso de vestir a las mujeres de los oficiales nazis, pero decide cooperar porque sabe que así evita que sus modistas caigan en la indigencia y porque entiende que alguien debe mantener con vida la reputación de París como capital mundial de la moda.
La historia retrocede entonces hasta 1943, cuando Christian no era nadie, sólo uno de los empleados de maison Lelong, y Chanel, que vivía cómodamente instalada y rodeada de esvásticas en el hotel Ritz (tomado por las fuerzas de ocupación alemana), era la diseñadora de alta costura parisina más famosa del mundo.
La serie se adentra en el difícil dilema moral de vivir en una ciudad ocupada. ¿Qué es exactamente la colaboración? ¿es un colaboracionista quien actúa por instinto de supervivencia? Chanel no diseñó para el enemigo, a diferencia de Dior, pero se acostó con él. Muchas mujeres fueron públicamente humilladas y violentamente castigadas, incluso asesinadas, por prestar tal «colaboración horizontal». Pero la serie no juzga a sus personajes, simplemente pretende que entendamos por qué hacen las cosas que hacen.
Los primeros episodios giran en torno a las actividades clandestinas de la hermana menor de Christian, Catherine ( Maisie Williams, la Arya Stark de «Juego de Tronos«), en la que está inspirado el nombre de su perfume «Miss Dior», quien se convirtió en una heroína de la Resistencia tras haber sido capturada y tan brutalmente torturada por la Gestapo que se cree que no pudo tener hijos a causa de ese maltrato; y, aun así, no haber traicionado a sus camaradas. Lo que le valió ser condecorada por su valor, tanto por los franceses como por los británicos.
Más que de hermano mayor, Christian, un homosexual de naturaleza frágil e insegura, ejerce con ella un rol paternal dada la diferencia de edad que media entre ellos y prefería que Catherine no se involucrara en actividades peligrosas, pero su amor filial y su patriotismo son más fuertes que el miedo y hacen que acceda a esconder a miembros de la resistencia en su propio apartamento e incluso ayude a financiar algunas de sus misiones, al entregar su nómina a su hermana. El arresto, la tortura y posterior desaparición de Catherine, recluida durante cinco años en el campo de concentración de Ravensbrück, sin que se sepa nada de su paradero, así como su inesperado regreso como superviviente del holocausto, física y emocionalmente destruida, despertando a gritos de sus continuas pesadillas y luchando contra la amnesia debido a la inanición y el horror vivido, supondrán para él un durísimo vía crucis personal y familiar.
Williams hace un excelente trabajo transmitiendo todo ese desgarro y el férreo compromiso de la joven señorita Dior con el antifascismo y, a pesar de los 28 años que median entre ella y Mendelsohn (en comparación con los 12 años de diferencia que había entre los hermanos reales), ambos actores se complementan bien y consiguen crear un fino equilibrio entre la delicada sensibilidad de Christian y la firmeza de carácter de la joven y decidida Catherine.
En paralelo, vemos cómo Chanel se involucra por primera vez con los alemanes, valiéndose de las conexiones de su querido amigo, el barón Vaufreland (Christopher Buchholz), para conseguir la liberación de su sobrino André (Joseph Olivennes), soldado francés que también ha caído prisionero de los nazis. Él, y la pequeña hija de este, Gabriela, son la única familia que la diseñadora tiene en el mundo. Así que Coco no duda en entregar su alma al diablo para poder liberarlo. En su caso, el diablo es el siniestro Gunther von Dincklage (Claes Bang), un espía nazi con porte y maneras de seductor al que apodan «Spatz» que la conduce hasta el mismísimo Himmler (Thure Lindhardt) y acabará convirtiéndose en su amante.
La historia de Chanel está tratada con extrema delicadeza, lo que supone que mucho de lo que la serie cuenta sobre ella no se corresponda exactamente con la realidad. En la serie, Coco cierra su boutique porque sus socios judíos, los hermanos Wertheimer (Charles Berling y Jérôme Robart), se la han jugado tomando el control de su negocio. Y, en su desesperación por recuperarlo, accede al ofrecimiento de los jerarcas nazis de colaborar con ellos a cambio de aplicar contra los Wertheimer “las leyes arias”, lo que les obliga a huir a los Estados Unidos. Pero es una verdad a medias. Chanel fue abiertamente antisemita y homófoba desde al menos 1923. Cerró su boutique diciendo públicamente que «no era momento para la moda», una decisión que le permitió despedir a 4.000 trabajadores que habían participado en la huelga general francesa de 1936. Von Dincklage la ayudó a instalarse en el Hotel Ritz durante la ocupación de París y ella trabajó a gusto para los nazis, como parte de la fallida Operación Modellhut, un complot para enviar a Churchill una propuesta de paz a espaldas de Hitler; incluso pagó los gastos médicos y de manutención de Schellenberg después de la guerra.
Lo que sí es cierto es que, tras la victoria aliada, los hermanos Wertheimer decidieron renegociar el contrato original de Chanel en los términos que exigió la diseñadora porque les preocupaba que la publicidad de su batalla legal sacara a la luz las actividades encubiertas de Chanel y perjudicara la marca. Y también que Coco era amiga de Churchill, razón por la cual le fue confiada una misión tan confidencial. Es más que probable que nunca fuera arrestada ni juzgada por colaboracionismo debido a su vínculo con la aristocracia británica.
Rodada en París, como era de esperar, la producción de la serie es absolutamente deslumbrante. La Casa Dior colaboró con los creativos, diseñando y reproduciendo muchos de los vestidos que se muestran en ella, cuyos títulos aparecen escritos en pantalla como si de una obra de arte se tratase, al igual que los nombres de cada personaje. Pistas visuales que resultan útiles, debido a la rotación interminable de celebridades (no solo diseñadores, también otra clase de artistas, como el escenógrafo y pintor Christian Bérard o el poeta y dramaturgo Jean Cocteau) que desfilan ante nuestros ojos.
Pero, si por algo merece ser vista “New Look” es por el apabullante talento actoral que logra reunir. Binoche está magnífica como la manipuladora Chanel, una mujer dispuesta a apuñalar a cualquiera por la espalda con unas tijeras dentadas si eso le ayuda a salvar el pellejo. «Chanel puede ser muy traicionera», advierte Lucien Lelong y no se equivoca. La dicotomía de caracteres entre ambos protagonistas es radical. Mientras Dior es leal, honorable y decente, Coco es egocéntrica y amoral. Tendente a salirse con la suya y a descargar sus frustraciones con cualquiera que se ponga a tiro, incluyendo a su amiga y confidente de toda la vida, Elsa Lombardi (Emily Mortimer) quien tiene por su causa un final trágico.
Sin embargo, el de Coco Chanel es sin duda el personaje más vivo y colorido de la serie, y su desenfadada villanía resulta cautivadora.
La clave la tiene uno de los hermanos de Dior, recluido en un psiquiátrico. “Todos somos dos mitades: la luz y la oscuridad -le dice a Christian cuando acude a visitarle-. La mitad oscura debe estar en la mitad inferior, presionada hacia la tierra, para que la luz pueda elevarse. Debes enseñarle eso al mundo”. De ahí que la estética de sus diseños cumpla ese patrón.
Buen amigo de sus amigos, fiel amante de Jacques (David Kammenos), un humilde camarero, y hermano cariñoso, Mendelsohn aporta una profunda melancolía al personaje de Dior. Un artista extremadamente sensible, discretamente amanerado, que lucha por crear belleza a partir del horror. Es imposible no llorar al ver cómo su rostro se inunda de dolor al contemplar los horrores de los que no pudo proteger a su hermana.
Igualmente soberbio, aunque no pueda imitar el acento francés, está John Malkovich. Su voz atemperada transmite un digno desaliento al personaje de Lelong. Hay una encantadora escena que lo reúne con Glenn Close, quien fuera su partenaire en «Las Amistades Peligrosas«, cuando Carmel Snow, la poderosa editora jefe de Harper’s Bazaar, llega a París y ambos mantienen una charla sobre quién debería ser el rostro de la moda parisina tras el fin de la guerra. Dior obtuvo ese honor sin proponérselo, gracias a su talento natural y a sus estupendas creaciones.
Al abrir su propia casa de costura, con la financiación del “rey del algodón”, Marcel Boussac (Patrick Albenque), no pretendía cambiar la historia, simplemente quería crear hermosos vestidos para que los lucieran las mujeres. “La elegancia requiere intimidad”, dice expresando su frustración al contemplar el palaciego taller que sus nuevos patrocinadores corporativos le están presionando a ocupar, porque no cree que la belleza pueda surgir de entornos intimidantes. Sin embargo, al crear los diseños más deslumbrantes, hacer historia era una consecuencia inevitable. Y vaya si la hizo.
Ochenta años después, aquí estamos hablando de ello, gracias a una serie de manufactura exquisita y deslumbrante que se disfruta como un thriller ambientado en la II Guerra Mundial, pero que es mucho más que eso. Un lujoso escaparate para la memoria creado a partir de una hermosa y desgarradora historia sobre el triunfo y la pérdida, la búsqueda de la belleza y el anhelo de supervivencia.
































































Título original: New Look
Año: 2024
Duración: 10 episodios de 50 min.
País: Estados Unidos-Francia
Dirección: Todd A. Kessler Julia Ducournau, Jeremy Podeswa
Guion: Todd A. Kessler
Reparto: Ben Mendelsohn, Juliette Binoche, Maisie Williams,John Malkovich,
Claes Bang, Zabou Breitman, Glenn Close,
Emily Mortimer, Nuno Lopes, David Kammenos, Charles Berling, Jannis Niewöhner,Thomas Poitevin, Thure Lindhardt, Eliott Margueron...
Fotografía: Jaime Reinoso
Diseño de Producción: Anne Seibel
Compañías: Apple Studios. Apple TV+
Género: Miniserie de TV. Drama biográfico. Thriller. II Guerra Mundial. Moda. Años 40.

