Con «La Casa Guinness», Steven Knight —creador de «Peaky Blinders«— vuelve al género en el que mejor se desenvuelve: el de los grandes dramas familiares, donde los lazos de sangre y la ambición de poder se entrecruzan con amores imposibles, pasiones inconfesables, intrigas políticas y tensiones sociales. Sólo que esta vez Knight abandona el humo industrial de Birmingham para sumergirse en la densa atmósfera del Dublín decimonónico, recubierto de un oscuro manto de ceniza, resultante de la combustión del lúpulo y la cebada antes de su fermentación para obtener la cerveza negra más famosa de mundo.
Ambientada en 1868, la nueva apuesta de Netflix arranca con los preparativos para el cortejo fúnebre de Sir Benjamin Lee Guinness, insigne empresario y terrateniente irlandés, cuya muerte desencadena un terremoto en su familia y provoca serios altercados callejeros entre sus partidarios y sus detractores.
Nieto de Arthur Guinness (el fundador de marca familiar, quien en 1759 firmó un contrato de arrendamiento de 9.000 años para abrir una cervecería en Dublín conocida como St. James’s Gate), Sir Benjamin Lee fue el primer baronet, título creado un año antes de su muerte en reconocimiento a las 150.000 libras (unos 27 millones de euros actuales) que gastó en la restauración de la catedral de San Patricio y sería también el primero en dar el salto a la aristocracia británica, así como el primer alcalde de Dublín, elegido en 1851.
A su muerte, en 1868, era el hombre más rico de Irlanda y en su testamento legó la fábrica de cerveza a sus dos hijos mayores, Arthur y Edward, a partes iguales. Pero Edward, trabajador incansable, con gran visión empresarial, terminó comprando la mitad de su hermano y tomando el control de la compañía antes de cumplir los 30 años. En sus manos, Guinness multiplicó el valor de su marca sacando sus acciones a bolsa en 1886, con lo que Edward llegaría a ser, como su padre, uno de los empresarios irlandeses más ricos de su generación. Pero para eso habría de pasar algún tiempo aún…
Muerto Sir Benjamin, los cuatro hijos y herederos de este —Arthur (Anthony Boyle), Edward (Louis Partridge), Anne (Emily Fairn), la única hija, y Benjamin (Fionn O’Shea), el hermano menor alcohólico y la oveja negra de la familia— descubren que su testamento expone con crudeza la opinión que su padre tenía de cada uno de ellos, haciendo que afloren las fisuras morales y afectivas de su relación familiar y condenándolos a entenderse para conservar y multiplicar un patrimonio que fue creciendo a lo largo de seis generaciones.
“La Casa Guinness” explora las rivalidades y complicidades entre los hermanos, las tragedias familiares y los escándalos y secretos del que fuera uno de los clanes más poderosos y adinerados de Europa e Irlanda en el S. XIX y da cuenta de cómo los hijos consiguieron -no sin dificultades- transformar el negocio familiar y expandir el éxito comercial de la marca, tras la muerte del patriarca. El testamento de este actúa en este sentido como catalizador del conflicto y pone en marcha una lucha de poder fraternal que estructura el eje narrativo de la serie, en la que cada uno de los hijos representa un ángulo distinto del legado Guinness a la manera shakespeareana: Edward representa el deber, Arthur la ambición, Anne la sensibilidad social y Benjamin la decadencia.
La idea que sirve de base al guion original fue concebida por Ivana Lowell, descendiente directa de dicha estirpe, quien cuenta que la inspiración le llegó cuando estaba de visita en Irlanda, concretamente en la mansión Castletown, restaurada por su primo Desmond Guinness, en el condado de Kildare, mientras veía un episodio de Downton Abbey.
“Me di cuenta de que nuestra historia familiar era mucho más jugosa e interesante y además todo era cierto”, le contó a la BBC desde su hogar en East Hampton.
De regreso en Nueva York, escribió un relato de 20 páginas sobre los triunfos y los desafíos a los que tuvieron que hacer frente los descendientes de Sir Benjamin, quienes no solo consiguieron transformar la industria cervecera de Irlanda, sino también el paisaje del Dublín decimonónico, demoliendo suburbios enteros para levantar viviendas para los trabajadores de su fábrica en zonas socialmente deprimidas.
Con la emigración en su punto álgido tras la Gran Hambruna, podría decirse que la Casa Guinness hizo mucho por frenar el éxodo de mano de obra irlandesa, proporcionando puestos de trabajo y estabilidad a sus empleados: construyendo casas con mejores condiciones de habitabilidad para ellos, limpiando barrios marginales y creando parques y áreas de recreo. Pero la familia supo combinar hábilmente el paternalismo socioeconómico con la mano dura. Si bien ofrecían salarios altos, pensiones y becas a sus empleados, no dudaban en castigar a quienes desafiaban su autoridad, para lo cual contrataban espías y mercenarios privados. El paternalismo de los Guinness —mezcla de filantropía y control de sus intereses— es propio de una élite empresarial y económica que se presenta como benefactora, mientras mantiene un férreo dominio sobre la clase trabajadora. Algo que se refleja en la serie que, más allá de los dramas privados, funciona como una crónica de clase.
La tensión entre la aristocracia protestante y la mayoría católica empobrecida atraviesa toda la narración desatando continuas huelgas, altercados y protestas de la clase obrera que comienza a levantar la cabeza frente al poder de los grandes industriales, movilizados por los ideales nacionalistas inflamados gracias al activismo de los fenianos (germen de lo que después será el IRA), que están representados en la serie por los combativos hermanos Patrick (Niamh McCormack) y Ellen (Seamus O’Hara) Cochrane, y por Byron Hedges (Jack Gleeson), el primo bastardo, una especie de agente doble entre los Guinness y los revolucionarios irlandeses con quien Edward, el gran estratega de la familia, de carácter pragmático, no duda en hacer un trato, al entender que los fenianos pueden ser aliados indispensables para la expansión comercial de su marca de cerveza en Nueva York y a la vez garantizar el triunfo electoral de su hermano Arthur que se presenta como diputado por Dublín, para defender los intereses de la familia en la Cámara de los Comunes.
El problema surge cuando Byron negocia sin consultarle una suerte de “impuesto revolucionario”, cediendo el 15% del beneficio de cada botella de Cerveza Guinness que se venda en América para financiar la actividad terrorista de los revolucionarios irlandeses. Mientras, en Dublín, estos amenazan con sacar a Arthur del armario si no accede a hablar a favor de una república irlandesa católica e independiente en el Parlamento británico. Lo cual va en contra de los principios del propio Arthur, tan conservador, protestante y unionista como lo era su difunto padre.
Para atenuar el impacto que los rumores acerca de su homosexualidad pudieran tener en su reputación y, por extensión, en la de toda la familia, Edward y Anne deciden que Arthur debe contraer matrimonio, aunque este nunca llegue a consumarse, para lo cual Anne y la tía Agnes (Dervla Kirwan) abren un proceso de selección entre distintas damas casaderas de la alta sociedad. La agraciada es Lady Olivia Hedges (Danielle Galligan), la libertina y algo descarada heredera de una familia aristócrata londinense venida a menos, que enseguida sintoniza con el espíritu libre y salvaje de Arthur, desarrollándose entre ambos una peculiar camaradería, basada en su acuerdo tácito para mantener una relación abierta, que irá transformándose en algo más tóxico en el momento en que Olivia encuentra lo que necesita en los brazos del irresistible Sean Rafferty (James Norton), el astuto y leal capataz de la fábrica, quien ejerce además de mamporrero y guardaespaldas de la familia. Rafferty es el fixer que arregla problemas y tiene conexiones con los bajos fondos de la capital irlandesa, la mano dura que protege la integridad física y los intereses de los Guinness de amenazas internas y externas.
A nivel visual, “La Casa Guinness” deslumbra por su dirección de arte y su diseño de producción que reconstruyen un Dublín en transición. Calles empedradas, fábricas humeantes donde el vapor se mezcla con el sudor de los obreros y el fuego de las calderas, aristocráticos salones revestidos de madera oscura, interiores iluminados por lámparas de gas y mansiones solariegas en la campiña conforman un retrato detallado y verosímil de la época.
En lo musical, sin embargo, la serie no termina de funcionar. Como en “Peaky Blinders”, Knight incorpora temas modernos y ritmos contemporáneos, componiendo un soundtrack ecléctico y anacrónico que va del tradicionalismo de The Chieftains y The Mary Wallopers, a de Thin Lizzy, Fontaines D.C. Pero si allí la música era un sello estilístico y lograba subrayar el clímax de la acción, aquí rompe la inmersión y resta verosimilitud histórica.
El reparto ofrece interpretaciones notables aunque desiguales. Anthony Boyle compone un Arthur complejo, dividido entre el deber y el deseo, con una intensidad conmovedora. Y Emily Fairn dota a la frágil y enfermiza Anne de una serena dignidad y fuerza moral. Mientras Louis Partridge ofrece una actuación más plana, víctima quizá de un guion que prima el rol funcional del personaje a su desarrollo emocional y le otorga poco espacio para evolucionar.
A diferencia de lo que sucedía en «Peaky Blinders«, “La Casa Guinness” no es una serie de acción. Aquí, las explosiones no son físicas sino emocionales, aunque tiene también su parte violenta. Tanto los Guinness, como los fenianos, tienen sus matones. Pero de momento se limitan a darse brutales palizas, o a intercambiar amenazas y chantajes. Knight apuesta por un ritmo pausado que permite que las intrigas se fermenten a fuego lento y la serie encuentra su fuerza en esa contraposición entre lo público y lo íntimo: la fachada de respetabilidad del clan familiar frente a los secretos que lo corroen por dentro.
En ese sentido, bebe de la tradición de los grandes dramas familiares como The Crown, Downton Abbey o Succession, sin perder su acento irlandés ni su vocación trágica. Evitando retratar a sus protagonistas como villanos absolutos; más bien los presenta como herederos de un sistema que intentan transformar sin destruir, forzados a colaborar entre ellos y a convivir con sus propias contradicciones.
En suma, se trata de una serie elegante y emocionalmente compleja, con vocación de tener una larga vida en pantalla. Veremos hasta dónde piensa llevar Steven Knight el relato acerca de esta larga dinastía irlandesa sobre la que pesa una maldición histórica, que ha perseguido a sus miembros por generaciones, desde que Arthur Guinness, el fundador, tuviera 21 hijos, 11 de los cuales murieron antes de llegar a la edad adulta, y la mala racha siguió con sus descendientes. En 1880, Walter Edward Guinness, bisnieto de Arthur, fue asesinado en Egipto. Y en los años 20, Bryan Guinness protagonizó un sonado escándalo cuando su segunda esposa, Diana Mitford, lo dejó por Oswald Ernald Mosley, fundador de la Unión Británica de Fascistas, siendo el invitado de honor a su nuevo casamiento nada más y nada menos que Adolf Hitler. En 1945, Patrick Brown, nieto de Oona Guinness, murió en un accidente de coche que, se dice, inspiró la canción “A Day in the Life” de los Beatles. Y en 1978, Lady Henrietta -tía abuela de la familia- se suicidó tirándose desde un acueducto romano tras fugarse con un camionero.
Por si esto fuera poco, ya en la década de los 80, la mujer del banquero John Guinness fue secuestrada y dos años después, él murió tras caerse por una montaña, alimentando aún más la teoría de que la familia Guinness vivía bajo una especie de maleficio y que el destino de sus miembros era tan negro y amargo como la espuma de su propia cerveza.





































Título original: House of Guinness
Año: 2025
Duración: 52 min. por episodio
País: Reino Unido
Dirección: Steven Knight (Creador), Tom Shankland, Mounia Akl
Guion: Steven Knight
Reparto: Anthony Boyle, Louis Partridge,
Emily Fairn, Fionn O'Shea, David Wilmot,
James Norton,Jack Gleeson, Niamh McCormack, Seamus O'Hara, Dervla Kirwan,
Michael McElhatton, Danielle Galligan,
Hilda Fay, Cassian Bilton...
Fotografía: Nicolai Brüel
Compañías: Kudos Productions, Stigma Films. Distribuidora: Netflix
Género: Serie de TV. Drama de época. Siglo XIX. Irlanda. Familia Guiness. Cerveza negra.

