MALDITA SUERTE

Lord Doyle planea pasar el resto de sus días en Macao, la meca del dinero y el vicio. Cada noche, cuando se encienden los rótulos de neón, recorre los casinos de la ciudad —el Greek Mythology, el Mona Lisa, el Hong Fak— para probar suerte en las mesas de bacarrá, punto y banca, uno de los juegos de naipes más rápidos y arriesgados. Nada de estrategia; puro azar. Pero ni Doyle ostenta el título de lord ni su fortuna es legítima. Es un impostor con un pasado turbio, uno de esos occidentales varados en Asia que han encontrado en su adicción a los juegos de azar un refugio en el que dar rienda suelta a su perverso placer autodestructivo.

En un momento de crisis, la suerte le abandona y empieza a pasarlas canutas para pagar la ostentosa vida que lleva. Sin blanca y contra las cuerdas, Doyle conoce a Dao-Ming, una enigmática prostituta china que le cambiará la vida para siempre. De la noche a la mañana, le sobreviene una racha ganadora de tintes sobrenaturales que le convierte en una celebridad local y en una amenaza para los dueños del negocio. Pero en un país en el que el materialismo convive sin fricciones con la superstición, la buena suerte podría enmascarar algo más oscuro, ser el engañoso disfraz de una maldición.

Atrapado en un bucle de partidas en casinos y altas dosis de alcohol, Lord Doyle explota al máximo el dinero de su cuenta bancaria. Pero cuando las deudas empiezan a apretarle y los jefes de los casinos le apremian para que pague, se da cuenta de que una detective privada (Tilda Swinton) le sigue los pasos por unos chanchullos del pasado. Y decidirá jugárselo todo a una última carta.

Así se resume el argumento de la novela de Lawrence Osborne “Maldita Suerte”, en la que se basa la última película de Edward Berger, cuya filmografía tiene por costumbre partir hasta ahora siempre de un texto literario (The Terror, la publicó Dan Simmons en 2007; Patrick Melrose se basa en una saga de cinco novelas escritas por Edward St. Aubyn; Sin Novedad en el frente es un clásico de Erich Maria Remarque y Cónclave es una novela del británico Robert Harris). Aunque lo suyo no es tanto adaptar novelas como someterlas a un proceso de destilación: eliminar lo accesorio hasta que solo queda el nervio, la pulsión, el veneno.

Maldita Suerte es, en apariencia, una historia sobre el azar pero, en el fondo, se trata de un estudio sobre el deseo, que ha decidido prescindir de un aspecto que en la novela resulta fundamental: la exploración de la idiosincrasia y la cultura cantonesa.

Mientras Osborne -un verso suelto de las letras británicas que ha vivido en México, Nueva York, Estambul y Bangkok, donde reside en la actualidad- nos habla de las tormentas del monzón y de lo que supone adaptar la vida a las inclemencias del tiempo para los habitantes de Macao, o de su herencia colonial, pues fue colonia portuguesa de 1557 a 1999, lo que ha dejado un fuerte impacto en la psique asiática; el realizador alemán se queda con los fuegos artificiales y los grandes casinos que lo asemejan a Las Vegas. Un territorio donde el dinero fluye como las aguas que llevan al protagonista a Taipa, a Cotai y a las islas de Hong Kong.

En ese paisaje donde la identidad de los personajes se disuelve bajo las luces de una ciudad que parece no apagarse nunca, Lord Doyle —fugitivo, ludópata, impostor— no busca la redención; aspira, más bien, a prolongar su caída con cierta elegancia. No quiere salir de la espiral de degeneración en la que se ha metido a conciencia, sino redecorarla.

Como observa acertadamente Francesc Miró en Cinemanía: “la inmersión cultural queda limitada aquí a lo anecdótico -el festival de los fantasmas hambrientos-, en favor de una mirada mucho más occidental. Y aunque ello facilite la identificación con el personaje de Colin Farrell (un actor notable, polifacético y sin miedo al riesgo, que anduvo perdido entre la embriagadora fama y la confusión de sus adicciones) uno siente que solo está viviendo su particular descenso a la locura cuando la novela es mucho más”.

Donde sí acierta el realizador alemán es en su retrato de la aristocracia británica rancia, cruel y decadente. Aunque el personaje de Farrell, que no es sino un infiltrado en ese mundo, un wannabe.

La película funciona mejor a medida que se acerca al trance final. Las secuencias en los casinos —ese desfile hipnótico de fichas, cruce de miradas y silencios cargados— están rodadas con precisión quirúrgica. Berger entiende que el juego es una liturgia y hace que cada gesto tenga algo de ritual y cada apuesta sea una confesión en si misma, construyendo una tensión moral que recuerda, en otra clave, a la que exploraba en Sin novedad en el frente, solo que aquí las trincheras han sido sustituidas por mesas de bacarrá.

El elemento místico, articulado a través del personaje de Dao-Ming, introduce un enigma que sostiene buena parte del interés de la historia. No sabemos si la buena racha de Doyle se debe a un milagro, a una maldición o tan solo es una ilusión alimentada por su propia desesperación. La película no resuelve esa duda; la cultiva retorciendo y enrareciendo la historia hasta un punto que roza el surrealismo, para dejar flotando en el aire una idea: la de que la suerte no existe, pero la necesidad de creer en ella sigue siendo una de las formas más irresistibles de autoengaño.

Sin embargo, hay algo deliberadamente frío en el conjunto. La relación entre Doyle y Dao-Ming (Fala Chen) se percibe más como un pacto transaccional que como una historia de amor auténtico, lo que mantiene al espectador a cierta distancia emocional. Quizá sea intencionado. Pero esa distancia termina jugando en contra de una película que fascina, pero rara vez conmueve.

Menos interesado en mantener la fidelidad al texto original que en capturar el estado mental del personaje interpretado por Farrell, atrapado en una buena racha que huele, desde el primer momento, a catastrófica derrota, Berger filma con oficio y maestría visual una obra que tendría todos los elementos para ser hipnótica pero que al final termina siendo un trampantojo. Demasiadas luces de neón.

Título original: Ballad of a Small Playeraka 

Año: 2025

Duración: 104 min.

País: Reino Unido

Dirección: Edward Berger

Guion: Rowan Joffe. Novela: Lawrence Osborne

Reparto: Colin Farrell, Tilda Swinton, Fala Chen, Alex Jennings, Deanie Ip,

Música: Volker Bertelmann

Fotografía: James Friend

Compañías: Good Chaos, Nine Hours, Stigma Films, Netflix

Género: Thriller psicológico. Juego. Azar

1 Comentario

  1. Cuando oí hablar de la película no me atrajo mucho, pero después de leer tu crítica -aunque no es del estilo de filmes que me atraen- creo que voy a verla. Tus comentarios y tu narrativa siempre invitan a ‘descubrir’ a los personajes, la temática o los escenarios elegidos en el guión. Eskerrik asko.

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