Corría el año 2017 cuando Daniel Day-Lewis anunció que se retiraba del cine. Venía de rodar El hilo invisible, de Paul Thomas Anderson, tenía 60 años, tres Oscars y una reputación que hacía que cada nueva película suya fuese un acontecimiento mundial. No parecía necesitar nada más.
Pero ocho años después ha vuelto a rodar. Y lo ha hecho por una razón bastante más poderosa que seguir alimentando su leyenda de monstruo de la interpretación: impulsar la carrera de su hijo Ronan.
Juntos escribieron el guion de Anemona, la película que marca el debut de este como director (al menos como director de largometrajes pues en el pasado había dirigido el cortometraje The Sheep and the Wolf). Un intenso relato sobre los lazos familiares, la culpa y la redención, en la que se cuenta la historia de Jem Stoker (Sean Bean), un soldado retirado del ejército de SM, de profundas convicciones católicas, que deja a su mujer Nessa (Samantha Morton) y a su hijo Brian (Samuel Bottomley) en casa, para ir en busca de su hermano Ray (Daniel Day-Lewis), también ex combatiente, quien lleva años viviendo como un ermitaño.
Con un aspecto fuerte y atlético, un cabellera plateada rasurada al cero y un espeso bigote de morsa que podría intimidar al mismísimo Sam Elliott, el magnetismo del tres veces oscarizado Daniel Day-Lewis permanece intacto, interpretando a un hombre taciturno y melancólico que vive en un exilio autoimpuesto por el peso de la culpa, a raíz de un suceso ocurrido dos décadas atrás que guarda relación con los atentados del IRA y que tardaremos toda la película en conocer.
La primera parte es de una gran belleza visual y simbólica. La atmósfera opresiva de la cabaña que comparten ambos hermanos que llevan 20 años sin verse y la tensión del silencio que se instala entre ellos al reencontrarse anuncia un conflicto larvado de una enorme carga de profundidad. Una crisis familiar obliga a Jem a buscar a Ray y a pedirle que reviva algunos de los momentos más inquietantes de su vida. Y enla primitiva cabaña de Ray, ubicada en la profundidad de los bosques de Irlanda del Norte, los hermanos se enfrentan a los fantasmas del pasado, haciendo que surjan profundos resentimientos, rencillas casi olvidadas y tragedias no contadas.
Ronan Day-Lewis filma el paisaje norirlandés como si quisiera convertirlo en un estado de ánimo: bosques húmedos, cielos grises, playas desiertas e infinitas, interiores sombríos, personajes que parecen atrapados en una naturaleza, tan agreste y hostil como sus propios recuerdos. Hay imágenes oníricas poderosas y la fotografía de Ben Fordesman sabe encontrar belleza en la desolación. Pero también hay una cierta tendencia a subrayarlo todo. La película quiere que sepamos que estamos ante personas rotas, que detrás de cada silencio existe un trauma y abusa de la metáfora que está hasta en la dureza climatológica.
La familia actúa como el elemento central de la película, una familia desestructurada, marcada por la incomunicación, la violencia y la severidad religiosa, que resiste a base de parches y mentiras. El foco está en la relación entre Ray y Jem, dos hermanos distanciados física y emocionalmente por ciertos hechos que ocurrieron en su juventud.
El problema es que los autores del guión (padre e hijo) parecen confiar tanto en la gravedad de los hechos que quiere contarnos que no se preocupan de construir un relato capaz de sostenerlos. El pasado de los personajes se va revelando a cuentagotas, pero ese misterio no siempre suscita interés: a veces simplemente aplaza una información que habría resultado más eficaz si se hubiera contado desde el principio con más naturalidad.
Pero entonces aparece Daniel Day-Lewis y hace que todo cobre sentido.
Aislado, atormentado, endurecido por su pasado y refugiado en una naturaleza que funciona como prolongación de su estado de ánimo. Day-Lewis no interpreta el dolor con aspavientos. Está en la manera en que fija su mirada, en su economía de movimientos, en esa voz que parece salir de un lugar al que el personaje lleva décadas sin permitir que nadie entre. De hecho, cuando mejor funciona su personaje es cuando no emite vocablo alguno. Hay algo extraordinariamente físico en su manera de encarnar a Ray. Y cuando finalmente la emoción estalla al enfrentarse a aquello que el personaje lleva años tratando de mantener enterrado en el pasado, el actor se rompe y emerge la bestia.
Sean Bean está a la altura del duelo interpretativo, aunque su personaje tiene menos recorrido. Su Jem es el hombre que ocupó el lugar de su hermano y ha construido una vida aparentemente normal haciéndose cargo de la mujer y del hijo de este cuando desapareció. Lo que podría ser un interesante estudio sobre el reemplazo, la comunicación y la expresión del dolor se ve lastrado, sin embargo, por unos diálogos irregulares, reiterativos y, en ciertos casos, innecesarios.
En cuanto a la dirección de Ronan Day-Lewis, posee una mirada cinematográfica mucho más madura que su experiencia podría hacer pensar. Hay talento detrás de la cámara, gusto por la composición, sensibilidad para el paisaje y una voluntad clara de hacer un cine atmosférico. Lo que todavía le falta es confianza en la historia y, sobre todo, en el espectador. De ahí que subraye en demasía.
Y, aún así, no es poco lo que ofrece Anemone. Tiene imágenes hermosas y momentos muy logrados, como el de la gran granizada con pedruscos enormes que caen del cielo como una maldición bíblica. No necesita ser una buena película. El hijo ha conseguido devolver al padre al cine, aunque el regreso de Daniel Day-Lewis termine siendo más emocionante que la película que lo ha traído de vuelta.
Su contundente interpretación aporta cierta profundidad narrativa a un drama irregular y algo impostado que, como sentencia el crítico de Hollywood reporter, David Rooney, “por lo demás, carece de ella”.



















Titulo original: Anemone
Año: 2025
Duración: 125 min.
País: Reino Unido
Director: Ronan Day-Lewis
Guion: Daniel Day-Lewis, Ronan Day-Lewis
Reparto: Daniel Day-Lewis, Sean Bean , Samantha Morton , Samuel Bottomley , Safia Oakley-Green , Lewis Bray , Paul Butterworth, Karl Camilleri, JP Conway, Angus Cooper, Adam Fogerty , Richard Graham, Mark Holgate
Fotografía: Ben Fordesman
Música: The Haxan Cloak
Distribuidor: Universal Pictures International Spain
Género: Drama. Familia

