A medio camino entre “Ciudadano Kane”, “Calígula” y “El Rey Lear”, la flamante serie de HBO cuya segunda temporada triunfó en los Premios Emmy de este año, «Succession», plantea un tema recurrente en la historia de la dramaturgia universal como es el de la ambición de poder en toda su desalmada, ilimitada y descarnada naturaleza depredadora.
La premisa argumental de la que parte no es nueva: el poder (al que se accede a través del dinero que todo lo compra) es la llave que abre todas las puertas, un saco sin fondo como la propia avaricia, una droga alucinógena extremadamente adictiva que inflama el ego de quien lo posee, obnubila el juicio, aniquila la dignidad, desafía la moral y consigue doblegar a placer la voluntad de los desgraciados que aspiran a él.
Quien lo ostenta no conoce y, por mantener ese privilegio, está dispuesto a sacrificar todo lo sacrificable, incluso la sangre de su sangre. Su éxito radica en poner precio y pagar por la sumisión y hasta la humillación de aquellos que le rodean, en quienes, sin embargo, sabe que no puede confiar, pues es consciente de despertar en ellos pasiones encontradas: temor y admiración, idolatría y odio, obediencia ciega vs. deseos de rebelión. El poderoso busca ser temido más que ser respetado. Y, sin embargo, teme constantemente ser traicionado por sus falsos aduladores.
“Succession” indaga en todo ello, a través de la encarnizada lucha por el control del negocio familiar que se produce en el seno de una acaudalada familia de Nueva York, propietaria de un potente conglomerado mediático empresarial, cuyos miembros se despedazan mutuamente, empleando grandes dosis de crueldad, intrigas y sarcasmo, con tal de lucir como los herederos más aptos a ojos del patriarca, Logan Roy, un auténtico déspota, carente de escrúpulos y empatía, quien ha conseguido levantar un imperio de la nada, la Waystar Royco (que según dicen podría estar inspirada en la News Corporation de Rudolph Murdoch, siendo la cadena de noticias ATN de la serie fiel reflejo de la conservadora Fox News).
Pero el todopoderoso magnate de origen escocés no parece dispuesto a soltar tan fácilmente las riendas del negocio cediendo el testigo a sus hijos, a los que menosprecia, manipula y utiliza a su conveniencia.
Al margen de las obvias referencias shakesperianas, hay quien ha dicho que “Succession” vendría a ser algo así como una especie de “Juego de Tronos” en el centro de Wall Street. Solo que aquí la violencia es de otro signo, yo diría que incluso más lesiva y salvaje, pues destruye desde dentro, reduciendo al ser humano a su versión más despreciable y abyecta.
Si los personajes de “Juego de Tronos” luchan por su honor y se mantienen leales a su estirpe, los de “Succession” no saben lo que es eso. Simplemente están obsesionados con el status y el poder. No temen a la muerte física, sino a la muerte social, al descrédito reputacional y a la pérdida de influencia pública (que ostentan gracias a la estrecha relación que existe entre el poder económico y el poder político, como se pone de manifiesto en la trama). Únicamente cuando todo eso está en riesgo, los Roy son capaces de hacer piña y actuar como una familia. Disfuncional, pero familia al fin, compuesta por personas despiadadas y cínicas en las que, sin embargo –y este es uno de los grandes méritos de la serie- se atisba cierto resto de atormentada humanidad que consigue hacerlos dignos de lástima, para que no nos resulten del todo odiosos.
Finalmente, Succession es una lúcida y corrosiva crítica sobre la realidad sociopolítica actual y el arbitrario y abusivo comportamiento de ese 1% que representa las élites económicas que dominan el mundo (el ilimitado poder que les otorgan sus privilegios de clase y las consecuencias que sus actos egoístas e inmorales tienen sobre el resto de la población, a quienes no consideran siquiera personas, como se deja claro en más de un diálogo y, singularmente, en el brutal episodio donde Logan Roy somete a sus subordinados al humillante juego de “jabalí al suelo”, obligándolos a comportarse literalmente como cerdos). Tal es el grado de depravación que el poder impone a quienes han vendido su alma al diablo, con tal de obtenerlo y/o preservarlo. Hay series de terror que dan menos miedo.
































Título original: Succession
Año: 2018
Duración: 60 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Jesse Armstrong (Creador), Adam McKay, Mark Mylod, Andrij Parekh, Adam Arkin, Miguel Arteta, S.J. Clarkson, Shari Springer Berman, Robert Pulcini
Guion: Jesse Armstrong, Susan Soon He Stanton, Georgia Pritchett, Jon Brown, Tony Roche, Jonathan Glatzer, Lucy Prebble
Música: Nicholas Britell
Fotografía: Andrij Parekh, Patrick Capone, Chris Norr
Reparto: Brian Cox, Jeremy Strong, Sarah Snook, Kieran Culkin, Katie Lee Hill, Peggy J. Scott, Christine Spang, James Cromwell, Zack Robidas, Mei C Li, Hiam Abbass, Edan Alexander, David Anzuelo, Swayam Bhatia, Mary Birdsong, Nicholas Braun, Christopher Convery, Peter Friedman, Natalie Gold, Molly Griggs, Greg Harvey, Marcus Ho, Noelle Hogan, Darius Homayoun, Raymond J. Lee, Matthew Macfadyen, Jared Martinez, Nikki Massoud, Quentin Morales, Scott Nicholson, Alan Ruck, Parker Sawyers, Jon Norman Schneider, Julian Wheeler, Rob Yang, J. Smith-Cameron, Arian Moayed, David Rasche, Dagmara Dominczyk, Justine Lupe, Ashley Zukerman, Juliana Canfield, Eric Bogosian, Larry Pine, Judy Reyes, Michael Izquierdo, Harriet Walter
Productora: Gary Sanchez Productions. HBO
Género: Serie de TV. Drama.

