THE CROWN. SEXTA TEMPORADA (GRAN FINAL)

Los cuatro últimos capítulos de “The Crown” son una especie de “coche escoba” que recoge lo ocurrido en la vida de la familia Windsor entre la muerte de Lady Di (Elizabeth Debicki) y el matrimonio de Carlos de Inglaterra (Dominic West) y Camila Parker Bowles (Olivia Williams), dedicando una especial atención al trauma que la trágica muerte de su madre supuso para los príncipes William y Harry, y que marcó de distinta forma su problemática adolescencia.

En el caso de Guillermo (Ed McVey), se nos cuentan sus últimos días en Eton College, mientras intenta superar el duelo por la pérdida de Diana. Lo que hizo que rechazara a su padre, a quien culpaba de que esta se hubiese acercado a los Al Fayed en su intento de huir de Londres, para no estar presente mientras Carlos organizaba una fiesta para su amante, Camila. Es interesante el enfrentamiento que se produce por ello entre padre e hijo en el episodio 5 (Pasión por Guillermo), así como el papel que jugó el abuelo, Felipe de Edimburgo (Jonathan Pryce), en la reconciliación de ambos.

Las acusaciones de Mohamed Al Fayed de que la familia real y los servicios secretos británicos estuvieron detrás del trágico accidente vuelven a poner la muerte de Lady Di de actualidad y William no duda en encarar a su padre a propósito del tema: «¿No crees que hay una relación entre esta situación y tu papel?». «Espero que no estés insinuando lo que creo», le responde el entonces Príncipe de Gales.

También asistimos al crecimiento de la popularidad del hijo mayor de Diana (con quien guarda un gran parecido físico), sobre todo entre las féminas, y al acoso mediático que sufre al cumplir la mayoría de edad coincidiendo con su acceso a la universidad en Escocia y con el inicio de su relación con la que entonces era su compañera de clase y hoy es la madre de sus hijos, Kate Middleton (Meg Bellamy).

Mientras, en el caso de Harry (Luther Ford), el príncipe que se disfrazó de nazi, sus gamberradas de adolescente son de algún modo también reflejo de ese trauma por la pérdida materna, a lo que se añade la frustración de ser “el segundo” en la línea sucesoria, “alguien de quien se espera que la pifie”. 

La tensa relación entre ambos hermanos, así como sus diferencias de carácter y los motivos que subyacen en su todavía incipiente enfrentamiento están bastante bien explicados y enlazan con la historia de la princesa Margarita (Lesley Manville) quien, pese a haber pasado por la misma situación que Harry (o incluso peor, pues al ser mujer quedaba prácticamente fuera de la línea sucesoria), mantuvo hasta el final de sus días su lealtad hacia su hermana, la reina Isabel II, que encontró en ella siempre un pilar en el que apoyarse.

La muerte de esta tras sufrir varias embolias, así como la de la reina madre a una avanzada edad, y la decisión de su marido, el Príncipe Felipe, de ocuparse personalmente de los preparativos de su propio funeral, así como su insistencia en que la reina también dejase instrucciones precisas sobre sus exequias reales (operación bautizada como “Puente de Londres”) hacen que Isabel II (Imelda Staunton) se enfrente por primera vez a la idea de su propia muerte y se plantee abdicar en favor de su hijo al cumplir los 80 años. Sin embargo, finalmente no llegará a hacerlo al recordar el juramento que hizo al acceder al trono de servir fielmente al pueblo inglés hasta el último de sus días.

Isabel convence a los representantes de la iglesia anglicana de que permitan a Carlos casarse con Camila, porque “un futuro rey no puede vivir en pecado”. Mientras se debate internamente sobre la conveniencia de ceder la Corona antes de convertirse en una monarca anciana. Previamente había llegado a pedir consejo al entonces primer ministro, el laborista Tony Blair, sobre cómo mejorar la imagen pública de la institución monárquica y aumentar así su grado de aceptación, en vista de su enorme popularidad. Descartando finalmente sus consejos de “hacer recortes” a costa de sacrificar el protocolo real, por entender que “la modernidad no siempre es la respuesta y que a veces la antigüedad también lo es”.

“El embrujo que proyectamos desde hace siglos es nuestra inmutabilidad. La tradición es nuestra fuerza”, explica la monarca al primer ministro en audiencia privada, convencida de que la gente no quiere ver en la monarquía lo mismo que tiene en casa.

Del mismo modo, Isabel II se convence a sí misma de que “el reino está mejor con ella a cargo” (o por lo menos, eso piensa Peter Morgan) pues considera que ni su hijo Carlos, ni el resto de la familia están preparados aun para sucederle. “La monarquía es algo que eres, no lo que haces. La Corona es un símbolo de permanencia. De estabilidad. De continuidad. Si abdicas, simbolizarás la inestabilidad y la falta de permanencia», le dice su propia voz interior, en un intenso momento de zozobra interior y vacilación ante la responsabilidad del futuro, recordándole las advertencias de su abuela, la Reina María.

Isabel se asoma a su último otoño, conocedora de que el destino le tiene reservada una última y enorme responsabilidad, la de preparar concienzudamente su legado para salvaguardar su propia posteridad. Porque, como se remarca en el último episodio de la serie, la corona es un símbolo… y los símbolos trascienden a las personas, porque tienen una vocación atemporal.

Lo demás es historia reciente. Incluido el melancólico lamento de “sleep deare sleep” la melodía interpretada por Paul Burns, el gaitero del Real Regimiento de Escocia que la despertaba cada mañana, a quien la reina pidió personalmente que la tocase en su funeral que finalmente tuvo lugar en 2022, uno de los momentos más conmovedores del servicio religioso. Con 92 años, Isabel II concluía así el reinado femenino más longevo de la historia.

La escena de cierre de ‘The Crown’ está magistralmente bien concebida. Si en la primera parte de esta temporada resultaba sorprendente el regreso de Lady Di en forma fantasmal, ahora el impacto es doble pues las actrices Claire Foy y Olivia Colman que interpretaron el papel de la monarca en anteriores etapas de su vida regresan en pequeños encuentros para dialogar con su versión de la tercera edad, interpretada por Imelda Staunton.

Como describe la revista Fotogramas, tras celebrar la boda de su hijo, la reina conversa con su marido en la Abadía de Westmister, bajo la que yacen los restos de antiguos monarcas. «Aquí es donde estaremos tú y yo», le advierte él mientras señala la losa bajo sus pies, antes de dejarla a solas junto al féretro, la corona y el cetro. Una réplica casi exacta de la que, años después, se convertiría en una de las imágenes más icónicas del funeral de Isabel II, con lo que la serie consigue llegar así, aunque sea de forma metafórica, a los últimos días de la monarca inglesa que escucha la gaita entonar su sentencia final, mientras camina hacia la puerta de salida o, mejor dicho, hacia la luz. Pero no está sola. A sus pasos no tardan en sumarse los de Foy y Colman, tres facetas de una misma mujer que para su familia nunca dejó de llamarse Lilibet. A pesar de los pesares y de los últimos altibajos, un merecido y bello final para una gran serie.

Título original: The Crown

Año: 2016

Duración: 60 min. x 10 episodios

País: Reino Unido

Dirección: Peter Morgan (Creador), Stephen
Daldry, Philip Martin, Julian Jarrold, Benjamin Caron, Jessica Hobbs, Alex Gabassi, May el-Toukhy...


Guion: Peter Morgan, Tom Edge, James Graham, Edward Hemming...

Reparto: Imelda Staunton, Jonathan Pryce, Lesley Manville, Dominic West, Olivia Williams, Bertie Carvel, Claudia Harrison, Marcia Warren, Khalid Abdalla, Salim Daw, Elizabeth Debicki, Ed McVey, Luther Ford, Meg Bellamy.

Música: Rupert Gregson-Williams, Martin Phipps, Lorne Balfe

Fotografía: Adriano Goldman, Ole Bratt Birkeland, Stuart Howell, Frank Lamm, Rasmus Videbæk, Fabian Wagner

Compañías: Netflix, Left Bank Pictures, Sony Pictures Television International

Género: Serie de TV. Drama Histórico. Biográfico. Política. Monarquía británica

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