FALLEN LEAVES

Ganadora del Premio del Jurado en Cannes y candidata al Oscar este año como Mejor Película de habla no inglesa, aunque el tema que aborda “Fallen Leaves” (titulada así en referencia a la célebre canción de Joseph Kosma y Jacques Prévert “Les feuilles mortes”, que se escucha en una deliciosa versión en finlandés durante los créditos finales de la película) es bastante simple y universal (chico conoce a chica y ambos encuentran el consuelo a una vida de soledad y estrecheces económicas en el amor al borde de la cincuentena), el contexto sociocultural y geográfico en el que se sucede la historia, una ciudad gélida como Helsinki, cuyos habitantes parecen más bien zombies o autómatas programados para comunicarse únicamente a través de monosílabos, con situaciones y líneas de diálogo (si es que a eso puede llamarse tal) que rayan el absurdo, hace que resulte difícil conectar con las emociones de sus hieráticos protagonistas, acostumbrados como todos los personajes de Aki Kaurismäki a hablar poco y beber mucho.

Supongo que no es fácil hacer una comedia romántica con corazón, sin poder valerse de una sola expresión facial, salvo el esbozo de una media sonrisa y un guiño de ojo ya casi al final. A falta de diálogos o de gestualidad con los que poder tocar nuestra fibra sensible, la puesta en escena de su última película es tan sencilla y parca en recursos, como elocuente. Pocas veces un benjamín de champagne, un plato y unos cubiertos en un carro de la compra o en el cubo de la basura, o el gesto de bajar los fusibles tras recibir la factura de la luz habían sido tan sugerentes. Pero no esperen hilarantes carcajadas o secuencias llenas de enredos: esto es una comedia romántica basada en el lacónico carácter nórdico.

En cuanto a su duración, no hace falta aclarar que no todas las películas largas son malas ni todas las cortas son buenas. Pero ahora que superar las dos horas de metraje parece ser la norma, en su favor habrá que decir que los 81 minutos de la película de Kaurismäki suponen un alivio frente a una cartelera asfixiada por la grandilocuencia de algunas superproducciones que a menudo solo logran que nos muramos de aburrimiento durante más tiempo.

En apenas una hora y veinte minutos, el director finlandés consigue demostrar la vieja teoría de que un autor consumado es aquel que con mínimas variantes consigue hacer siempre la misma película sin que se note, como si cada nuevo título de esa ‘trilogía proletaria’ compuesta por ‘Sombras en el paraíso‘, ‘Ariel‘ y ‘La chica de la fábrica de cerillas‘ le sirviese para reencontrarse con los mismos parias de la tierra que logran mantener cierta dignidad y salir adelante pese a las dificultades e infortunios de la vida, porque en el cine social, humanista y austero de Kaurismäki siempre hay lugar para el amor y la redención, aunque sea fugaz, de los perdedores de la clase trabajadora.

En “Fallen Leaves” esos personajes que vagan taciturnos por una ciudad casi siempre en tinieblas, son un hombre y una mujer de clase obrera enfrentados a la precariedad laboral en la próspera Finlandia. Ansa (Alma Poysti), que trabaja sin contrato y cobra por horas, primero como reponedora en un supermercado, luego lavando platos en un bar de trapicheo que acaba clausurado por la policía y finalmente en una fábrica; y Holappa (Jussi Vatanen), un operario de la industria siderúrgica reenganchado como obrero de la construcción, a quien terminan echando de todos los trabajos debido a su adicción al vodka. Dos tímidos patológicos que, desde que cruzan sus miradas en un karaoke donde todos peinan canas y tienen cara de tener pocos amigos, quedan prendados el uno del otro, mientras suenan baladas en finlandés de épocas pretéritas.

Tras varios encuentros fortuitos, Ansa y Holappa conseguirán por fin ir juntos al cine (consagrado como el sagrado divertimento del proletariado). Pero su relación tardará en consolidarse debido a un teléfono anotado en un papel que sale volando y a que ella no está dispuesta a vincularse con un alcohólico tras haber visto morir a su padre por ser un borracho. Es evidente que la suerte no está de su lado, pero tarde o temprano volverán a encontrarse, porque así lo han decidido.

Como advierte Oskar Belategui, en El Correo: “Quien no conozca el cine de Kaurismaki flipará con estos dos enamorados tristes que ni se hablan ni se besan. Mientras quienes ya compartan el minimalismo del director de ‘Nubes pasajeras’ no se verán sorprendidos por el laconismo de estos amantes que ni siquiera saben su nombre y no tienen dónde caerse muertos”.

Y es que hay cosas a las que el cineasta finlandés no renuncia y que constituyen ya la marca de la casa, como las pequeñas salas de cine como espacios de encuentro y de comunión para quienes viven agobiados por la falta de dinero y de oportunidades, pero nunca de sueños, o ese perrito feúcho (una de las mascotas arquetípicas del cine de Kaurismäki) que la protagonista recoge de la calle cuando cree (equivocadamente) que su amor la ha olvidado, al que bautiza con el nombre de «Chaplin» en honor al gran genio del cine mudo, a quien la escena final de la película rinde tributo y de quien el director finlandés toma prestado el espíritu para recrear casi sin palabras, con poética veracidad y una extraña forma de ternura, nuestros propios “Tiempos Modernos”.

Kaurismäki no es demasiado sutil a la hora de explicitar sus referentes cinéfilos, pero lo hace con tanta devoción que se le perdonan ciertos excesos, como la abundancia de carteles de sus películas favoritas en el decorado de bares y pubs, el plagio/homenaje al argumento de “Breve Encuentro” de David Lean cuando Holappa es atropellado por un tranvía al acudir al llamado de Ansa o los chistes a costa de Bresson y de Godard después de ver una peli de zombis (‘Los muertos no mueren‘, de Jim Jarmusch).

Lo mismo ocurre con su siempre ecléctica selección musical, que esta vez incluye desde la Sinfonia n.6 de Chaikovski hasta una versión actualizada del «Mambo italiano» de Bob Merrill o a Carlos Gardel cantando “Arrabal amargo” en un bar de mala muerte llamado “Buenos Aires”. Lo que no debe sorprender a nadie, considerando que Kaurismäki es desde siempre un gran amante del tango argentino.

Sus personajes habitan en los arrabales de la sociedad de consumo, donde el excedente de comida se tira al contenedor en lugar de dársela al hambriento y la vivienda es un lujo que no está al alcance de todos. Ansa vive en un minúsculo apartamento heredado y redecorado por ella misma con un colorido estilo atemporal (una estética que ha creado escuela en otros cineastas actuales como Wes Anderson), mientras Holappa duerme con otros compañeros de trabajo en un barracón o en el banco de un parque a la intemperie. Y en plena era de la revolución digital, llama la atención que ninguno de los dos usan ‘smartphones’. Sus dispositivos móviles podrían ser de hace veinte o treinta años. Solo los viejos transistores de radio en el que ambos escuchan a diario las noticias de la invasión rusa a Ucrania y un calendario de 2024 colgado en la pared ubican la acción en el presente sacándola de esa especie de limbo anacrónico, para inspirar una declaración política en forma de proclama pacifista puesta en boca de la protagonista: “¡Maldita Guerra!”.

La tristeza es el corazón de la película. El mundo ficticio de Kaurismäki es triste porque el mundo real lo es, pero no todo está perdido. En esa especie de archipiélago social, abatido, somnoliento y apático, en el que casi nadie se relaciona ni interacciona que retrata Kaurismäki con tanta sobriedad y un extraño sentido del humor, el amor (y la amistad) no es la solución definitiva, pero si la muleta para poder sobrevivir a una vida gris, un trabajo mediocre y un sueldo miserable. Y, a nada que se mire un poco, eso es algo que resulta bastante contemporáneo y extrapolable a la totalidad del mundo capitalista occidental. Piénselo por un momento. ¿Qué sería de nosotros sin los amigos, los amores, el cine o una mascota que nos haga compañía en nuestras vidas, aunque no pueda decirnos con palabras lo que siente?

Título original: Kuolleet Lehdet

Año: 2023

Duración: 81 min.

País: Finlandia

Dirección: Aki Kaurismäki

Guion: Aki Kaurismäki

Reparto: Alma Pöysti, Jussi Vatanen, Janne Hyytiäinen, Nuppu Koivu.

Fotografía: Timo Salminen

Compañías: Sputnik, Finnish Film Foundation

Género: Comedia romántica Drama. Alcoholismo. Cine social.

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