EL CASO ASUNTA

Hay dos escenas que ponen los pelos de punta del “Caso Asunta”, la serie que Netflix acaba de estrenar sobre uno de los crímenes más mediáticos y que más han conmocionado a la sociedad española en los últimos años: el de Asunta Yong-Fang (Aroma Eterno) Basterra Porto, una niña de doce años de origen chino, cuyo trágico salto a la fama se produjo en 2013, a título póstumo, cuando su cuerpo apareció sin vida en una pista forestal de Teo (A Coruña). Un asesinato premeditado y ejecutado a sangre fría, por el que resultaron condenados a dieciocho años de cárcel sus padres adoptivos, la abogada gallega Rosario Porto y el periodista bilbaíno Alfonso Basterra, acusados de ser sus autores materiales.

Una es cuando Candela Peña (soberbiamente caracterizada, aunque ligeramente sobreactuada en el papel de la madre de Asunta, al remarcar en demasía el acento gallego que quien fuera su abogado defensor, José Luis Gutiérrez Aranguren, afirma por cierto que Rosario no tenía) logra que nos asomemos al oscuro abismo de la perturbada mente de Porto, mirando fijamente a cámara mientras pronuncia la frase: “mi madre me enseñó que las cosas que no se dicen y no se cuentan, no suceden”. Y la otra, cuando Alfonso Basterra (¡qué gran trabajo el de Tristán Ulloa!) tranquiliza a su mujer, restándole importancia a la atrocidad que ambos están a punto de cometer, al decirle “piensa que le hemos dado doce años de felicidad (a la niña), que es mucho más de lo que habría tenido de seguir en ese orfanato”.

Como los asesinos que vuelven siempre al lugar del crimen, Ramón Campos, guionista y creador de la serie, compuesta por seis episodios de cerca de una hora de duración cada uno, vuelve a repasar esta estremecedora página de la crónica española de sucesos que ya abordara en ‘Lo que la verdad amaga: El caso Asunta (Operación Nenúfar)’, una serie documental con imágenes y testimonios reales, donde ya se ponía en cuestión algunos aspectos de la instrucción del caso y en cuyo episodio final terminaba dando a conocer el contenido de una carta que el padre de Asunta le dirigió desde la cárcel de Teixeira, donde aún cumple condena por el asesinato de su hija adoptiva, del que se sigue declarando inocente pese a que en la sentencia del juicio, que tuvo lugar dos años después del crimen, se considera probado que ambos progenitores drogaron a la pequeña con el fin de ahogarla sin que opusiera resistencia, para abandonar después su cuerpo en una pista forestal cercana a la casa familiar de la madre, en las afueras de Santiago.

La carta escrita por Alfonso Basterra, de su puño y letra, decía así:

“Estimado señor Campos,

En cartas anteriores le he transmitido la rabia y la ira que lleva destrozándome y devorándome desde hace tres años. Rabia e ira hacia el juez instructor, hacia el fiscal, los abogados de la acusación particular, los medios de comunicación y, muy particularmente, hacia la persona que acabó con la vida de mi niña.

Pero estos sentimientos me llevarían indefectiblemente hacia la locura y la autodestrucción y eso es algo que no puedo ni debo tolerar, porque abandonaría la esencia de mi yo, del que algo aún queda y acabaría derrotado por fuerzas ajenas a mí. De modo que tras mucho pensar, he entendido que el perdón es mi camino. La única forma posible de mantenerme en mi camino y sortear este gran reto que el destino me ha puesto.

Puede que no se lo crea, pero después de muchas horas de meditación considero que este nuevo rumbo es, además del acertado, el definitivo. No puedo volver a caer en episodios de cólera como los que he vivido.

Es más, he llegado a la convicción de que todos ellos actuaron bajo un signo profesional del que estaban convencidos y con arreglo a la más pura de las éticas. Equivocados totalmente, pero sin saltarse la ley y sin ánimo alguno de condenar por condenar. Se sorprenderá, pero cuando dentro de seis años, como mínimo, tenga el tercer grado en lugar de asesinar a los citados, como en tantas ocasiones imaginé, lo que realmente deseo es sentarme en una cafetería con ellos y debatir, si lo desean, lo que fue aquel juicio.

Pero lo que nunca haré será exigirles perdón, todo lo contrario, seré yo quien les ofrezca mis disculpas por tan terribles pensamientos surgidos de una locura inimaginable que no deseo a nadie. Y por la misma razón haré lo propio con el asesino o asesina de mi niña, porque ahora sí, estoy convencido de que su acción fue fruto de esa locura, ya que nadie en pleno uso de sus facultades mentales cometería una monstruosidad como esa.

Para terminar le haré una confesión: cuando recupere mi libertad, tengo el firme propósito de desaparecer, nadie volverá a saber de mí, ni tan siquiera Rosario Porto.

Solo tengo una razón para seguir con vida, que no es otra que volver a ser un hombre libre y reunirme con mi niña, nunca antes. De hecho ya tengo pensado el cómo y el dónde, tan solo me falta el cuándo pero todo llega.

Mi verdadera condena no es la prisión, señor Campos, sino no haberla podido socorrer cuando más me necesitó. Eso es algo que nunca me podré perdonar. Así que cuando conozcan mi fallecimiento le ruego que descorche una botella de cava y brinde con los suyos, solo en ese momento comprenderá que he recuperado mi felicidad. Mi niña me necesita y yo a ella.

Atentamente: Alfonso Basterra Camporro».

Tal fue la fascinación por el autor de semejante misiva que el principal accionista de Bambú Producciones decidió elaborar, a partir de ella y de los hechos conocidos, un retrato psicológico de este y de su mujer, Rosario Porto (quien se ahorcó con el cinturón de su bata, en la cárcel de Brieva, en el año 2020, cuando nadie dudaba ya de su culpabilidad) amparándose en la ficción para rellenar las numerosas lagunas de esta tragedia familiar que sacudió la crónica de sucesos, ofreciéndonos varias hipótesis acerca de lo que pudo haber ocurrido aquella noche en la casa de Teo, sin dar por buena ninguna de ellas ni decantarse por un móvil concreto.

Y es que lo que importa a Ramón Campos, tanto en este trabajo como en el anterior, no es tanto saber quién lo hizo ni por qué, sino hacernos caer en la cuenta de cómo en base a los mismos hechos probados se podría llegar a distintas conclusiones y de los prejuicios que pudieran haber contaminado, tanto el proceso de investigación del caso instruido por el Juez Malvar (Javier Gutiérrez), empeñado en demostrar que el matrimonio se encaprichó con la niña y después se cansó de ella; como la decisión final encomendada a un jurado popular.

No puedo estar más de acuerdo con el crítico de El Correo, Oskar Belategui, cuando escribe que aquí Gutiérrez, siendo como es un gran actor, “se muestra un pelín pasado de rosca al bregar con un personaje gañán, que más bien parece un policía barriobajero”. De hecho, una de las críticas más demoledoras a la serie ha venido por parte de quien fuera el verdadero juez instructor del caso Asunta, José Antonio Vázquez Taín, que además de no reconocerse en el personaje, considera que la protagonista de la ficción debería de ser la niña y no los padres. «Parece que el único que sigue acordándose de Asunta y rezando por ella soy yo«, ha llegado a declarar.

Y es que, el nudo gordiano sobre el que pivota su argumento es la compleja y tóxica relación entre Alfonso Basterra y Rosario Porto, una extraña pareja de clase media alta, culta y viajada, con una preparación intelectual superior a la media, pero formada por dos personas psicológicamente inestables a los que vemos, tras los títulos de crédito, siendo entrevistados en televisión, cuando presumían de ser la primera pareja en adoptar una niña china en Galicia.

Rosario Porto o Charín Porto, como se la conocía en Santiago de Compostela, era una enferma mental diagnosticada y medicada por sus constantes cuadros de ansiedad, una persona en apariencia frágil, caótica y falta de afecto, en quien sin embargo destacaban su “arrogancia de clase” y “su exagerada conciencia sobre la posición social que ocupaba” en la capital gallega al ser hija única (también adoptada) de un reputado abogado de prestigio y una conocida catedrática en Historia del Arte, según cuenta Berta Dávila en un magnífico artículo publicado en Praza Pública. Aspecto sobre el que la serie prefiere no incidir demasiado. Como tampoco se cargan las tintas respecto a la clase de relación que la madre de Asunta tenía con su hija, de quien sin embargo Rosario llega a confesar que la saca de quicio.

La serie opta por la discreción en casi todo lo referente a la niña, a la que apenas vemos y no escuchamos hablar hasta el cuarto episodio, dejándola fuera de campo cuando es asesinada por sus padres.

En cuanto a Alfonso Basterra… podría decirse que era un “don nadie” que había conseguido ascender en la escala social dando un “braguetazo”, y había construido su vida alrededor de su mujer y de su hija, para las que se hace imprescindible en la gestión del día a día (ya que Rosario parece estar incapacitada para la logística doméstica familiar) incluso tras la ruptura del matrimonio, provocada por la infidelidad de ella.

¿Qué lleva a dos personas cultas, racionales, con buena posición social, a querer matar a una niña superdotada con la que formaban una familia en apariencia perfecta?”, se pregunta Belategui en El Correo, quien describe a Alfonso como “un hombre humillado, fracasado y amargado. Un ‘pringado’ con un volcán de ira en su interior, al que sobrepasa el divorcio porque sigue enganchado de su mujer. Y no solo porque necesita de su dinero, sino porque de verdad quiere cuidarla y no romper la familia”.

Una pregunta que la serie no llega a contestar, como otras muchas interrogantes que en el juicio quedaron sin respuesta. ¿Cómo es posible que las cámaras de videovigilancia captaran a Asunta andando por la calle, cuando había ingerido ya 27 pastillas de Orfidal? ¿Por qué nunca se llamó a declarar al amante de Rosario Porto? ¿Por qué Basterra guardaba fotos aparentemente indecorosas de su hija en el ordenador? ¿Lo eran realmente? ¿Cómo es que aparecieron manchas de semen de un extraño en la camiseta de la niña? ¿Por qué Rosario nunca denunció que pocos días antes del asesinato un asaltante entró en su casa e intentó ahogar a Asunta en su dormitorio? ¿A qué se refería cuando le dijo a su marido si le había dado tiempo a “eso” o cuando aseguró que su “mente calenturienta” les traería “muchos problemas” en una de las conversaciones que mantuvo la pareja desde sus respectivas celdas, que fueron grabadas por la policía?

Otros indicios, en cambio, no dejaron lugar a dudas. El análisis del pelo de la niña y el Lorazepam que tenía en el estómago al momento de practicársele la autopsia. Las cuerdas de color naranja que estaban en la casa de Teo y las que aparecieron junto al cadáver en la pista forestal. El pañuelo, aún húmedo, con ADN de la madre y mocos de la niña en la papelera de la casa de Teo, las distintas versiones de Rosario acerca de si la niña le acompañó o se quedó haciendo los deberes…

Con semejantes ingredientes, el morbo está servido. Y las reinterpretaciones y especulaciones acerca del caso vuelven a abrirse. Pero una cosa es la ficción y otra la vida real. Lo hecho, hecho está. Ni para la pobre Asunta ni para sus padres hay ya vuelta atrás.

Título original: El caso Asunta

Año: 2024

Duración: 50 min.

País: España

Dirección: Ramón Campos, Gema R. Neira, Jon de la Cuesta, David Orea Arribas, Carlos Sedes, Jacobo Martínez.

Guion: Ramón Campos, Jon de la Cuesta, Gema R. Neira, David Orea Arribas.

Reparto: Candela Peña, Tristán Ulloa, Javier Gutiérrez, María León, Carlos Blanco, Alicia Borrachero, Francèsc Orella, Raúl Arévalo, Ricardo de Barreiro.

Música: Adrian Foulkes, Federico Jusid

Fotografía: Daniel Sosa, Diego Cabezas

Compañías: Bambú Producciones, Netflix.

Género: Miniserie de TV. True Crime. Basado en hechos reales.

1 Comentario

  1. Egun on, Amaia, Qué buena eres escribiendo y observando! Un abrazo enorme,

    Carmen Peñafiel Saiz

    Irakaslea

    Catedrática / Full Professor

    Vicepresidenta de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación (AE-IC) https://ae-ic.org/

    Junta Directiva del Colegio Vasco de Periodistas y de la Asociación Vasca de Periodistas https://kazetariak.eus/

    ‘Gureikerhttp://gureiker.info/ ‘ Ikerketa Talde Kontsolidatua /Grupo Consolidado Eusko Jaurlaritza-Gobierno Vasco

    carmen.penafiel@ehu.euscarmen.penafiel@ehu.eus

    Departamento de Periodismo

    ?. (+34) 94 601 23 78

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