Hay barrios donde la hierba siempre está recién cortada, donde los coches no tienen ni una mota de polvo y sus habitantes sonríen con una disciplina casi militar. En una de esas urbanizaciones de lujo transcurre “Vicios ocultos”, la serie de Apple TV+, protagonizada por el increíblemente atractivo Jon Hamm (Mad Men), quien vuelve a meterse en la piel de un ejecutivo de éxito al que, de pronto, se le tuerce el destino, cuando encuentra a su mujer en la cama con una estrella del baloncesto y deciden divorciarse, quedándose ella con la custodia de sus dos hijos adolescentes, la mansión familiar y casi todos sus bienes. Una noche de mal vino, se lía con una compañera de trabajo y alguien se chiva a recursos humanos, por lo que es despedido de la firma en la que trabajaba, con solo unos meses de indemnización y sin la posibilidad de quedarse con su cartera de clientes.
¿Qué ocurre cuando un hombre que lo ha tenido todo descubre que ya no tiene nada… pero vive rodeado de quienes siguen teniéndolo todo? “Vicios ocultos” -una mezcla de elegante sátira social, comedia negra y thriller suburbano- intenta responder esa pregunta.
Andrew Cooper es el protagonista de su historia. Un hombre que hasta hace poco tiempo lo tenía todo. O eso creía. Era uno de los principales ejecutivos de una firma de inversiones de alto riesgo en Wall Street, estaba casado con Mel (Amanda Peet), una psicóloga con la que tiene dos hijos adolescentes y, a lo largo de su vida, fue amasando un gran patrimonio, hasta mudarse con su familia a uno de los barrios más exclusivos de las afueras de Nueva York, no tan distinto al que vivía Don Draper, en “Mad Men”. Pero de golpe todo empezó a desmoronarse.
“Cancelado” en el mercado laboral por las malas referencias de su ex jefe Jack Bailey (Corbin Bernsen) y por mantener un affaire con una subalterna, lleno de deudas y con una enorme cantidad de gastos, cuando la vida se encarga de despojarlo de ese escudo de apariencia —trabajo, matrimonio, estatus— que hacía que pareciese imbatible, “Coop” no sabe qué hacer. Pero no cae, se desliza…
Su exesposa sigue viviendo en la casa que era de ambos con el hombre con el que le engañó, Nick (Mark Tallman), un egocéntrico ex basquetbolista que jugó en la NBA y él tiene una amante, Samantha “Sam” Levitt (Olivia Munn), amiga de Mel, con la que tiene una relación poco clara; una adorable hermana, Alli (Lena Hall), con problemas psiquiátricos, de la que ha decidido hacerse cargo. Y su relación con sus hijos, Tori (Isabel Gravitt) y Hunter (Donovan Colan), se ha vuelto cada vez más difícil desde el divorcio. Así que, sin muchas alternativas a las que agarrarse, pero decidido a mantener su ritmo y modo de vida, por todos ellos, se transforma en un ladrón de guante blanco.
Con el estilo y la visión estratégica que le caracterizan, decide aprovechar la información privilegiada que tiene sobre la agenda de compromisos sociales (salidas, vacaciones y fiestas) de sus amigos y vecinos, para entrar en sus casas cuando no están y robarles sus pertenencias más valiosas (obras de arte, carísimos bolsos de marca, joyas y relojes de lujo que a veces ni siquiera sabían que tenían) para venderlas en el mercado negro, como una forma desesperada de conseguir el dinero que necesita para seguir habitando en el ecosistema que él mismo ayudó a construir y seguirse codeando con los miembros de una clase social a la que aún aspira a seguir perteneciendo.
Pero lo que empieza siendo una solución temporal termina haciéndose hábito y nuestro hombre le irá cogiendo el gusto a lo de sisarle a los ricos para seguir viviendo como si él aún lo fuera, dedicándose de lleno al crimen (des)organizado.
Lo interesante aquí no es el crimen, sino el contexto. Coop se ve empujado al límite y decide romper las reglas para sobrevivir, un poco a la manera de Walter White, el protagonista de “Breaking Bad”. Pero no roba para alimentar a su familia o repartir el dinero entre los pobres; roba porque no sabe existir fuera de ese ambiente de falsedad y opulencia. Una crítica sutil pero efectiva al espejismo del éxito capitalista y a esa gente frívola que no valora lo que tiene hasta que lo pierde y cuya ambición parece ser insaciable.
El punto de partida no es nuevo, pero “Vicios ocultos” lo actualiza con una sensibilidad contemporánea, centrándose en la superficialidad de las élites modernas y su desconexión con la realidad en la que sobrevive el resto de la sociedad, que simplemente no pueden llegar a entender pues ellos juegan “en otra liga”.
Inteligente, incómoda, sugerente y venenosa, no te hace reír a carcajadas, pero sus guionistas sueltan dardos sarcásticos con gran sutileza y puntería. Las interacciones entre vecinos, esposas, amantes, ejecutivos y terapeutas están plagadas de dobles sentidos y microviolencias verbales que giran en torno a esa crítica al estilo de vida “aspiracional” de los ricos y a sus necesidades creadas.
Hay una observación constante sobre lo artificial, lo performativo y lo hueco. Sin embargo, la serie no profundiza tanto como podría en el impacto real de esa desconexión social, emocional o económica. Es más una radiografía estética que una autopsia moral. En ese sentido, le falta garra.
Jonathan Tropper aprovecha el carisma de Hamm para crear un personaje no tan distinto al de “Mad Men” (una de las mejores series del siglo XXI y la que lo hizo famoso), un tipo cautivador, que puede ser encantador y pedante, irritante y tierno, a la vez. Pero Coop no es Draper. Aunque luzca físicamente igual de impecable, vista sus mismos trajes, conduzca un coche caro y siga empleando su magnética sonrisa como herramienta de seducción. Es un triunfador arruinado. Un cínico que se mueve entre el encanto y la cobardía. Alguien que hace lo que sea preciso para seguir jugando a un juego cuyas reglas ya no lo incluyen.
Hamm consigue que lo odies y al mismo tiempo quieras verlo salir ileso de cada golpe. Un poco porque las víctimas de sus robos son tan o más impresentables que él, unos multimillonarios engreídos, insoportables y crueles a los que odian casi todos, en especial el personal doméstico que trabaja para ellos. Mientras que Coop es, al fin y al cabo, un seductor millonario en deconstrucción.
Su historia va de lo que sucede cuando el éxito ya no basta para justificar tu existencia. Cuando te das cuenta de que el amor de los tuyos vale más que el deportivo de lujo en tu garaje. Cuando eres capaz de ver que tus vecinos no son personas, sino espejos deformantes de todo lo que no quieres admitir en ti. Y lo más perturbador de todo es que, al final, podrías entender perfectamente por qué hace lo que hace.
De ahí que “Vicios ocultos” no sea exactamente una comedia. Aunque tire de humor negro en los saludos amables que enmascaran desprecio y en los secretos e infidelidades que laten bajo las fachadas de perfección. Aquí no hay mártires, solo personas ricas tratando de no hundirse, aferrándose de forma un tanto patética a su estatus, como si fuera la única tabla de salvación en medio de un océano que ni siquiera saben que existe.
La serie apunta con el dedo señalando una realidad incómoda: la del éxito como espejismo y la riqueza como disfraz. No intenta aleccionarte, pero sí hacerte dudar: ¿hasta qué punto nuestras vidas están construidas sobre cosas materiales que podríamos perder de la noche a la mañana? Pero lo hace con delicadeza. Observa más de lo que denuncia. Y aun así, logra retratar con precisión el gran vacío existencial en el que muchos millonarios viven. Por lo que se diría que estamos más bien ante una sátira social.
Visualmente es cautivadora. Empezando por el opening para el que dirección de arte crea un mundo de lujo virtual por inteligencia artificial, que salta por los aires. El tema de apertura se llama «The Joneses» (de Hamilton Leithauser y Dominic Lewis), una estrofa de cuyo estribillo dice: «No puedes seguirle el ritmo a los Joneses«. Y, como curiosidad, Jon Hamm protagonizó «Las apariencias engañan» (2016). Como en aquella película, nada es realmente auténtico en Westmont Village, ni siquiera el dolor. Todo parece comprado en el mismo catálogo de diseño. Los colores fríos, las casas impolutas, la música ambiental, el club de golf, el de tenis, las relaciones, las sonrisas… Todo es demasiado perfecto y desoladoramente falso. Diseñado para ser admirado, no para ser vivido.
Más ácida que “Mujeres desesperadas”, aunque sin la sofisticación ni la profundidad de “Mad Men”, “Vicios ocultos” no revoluciona el género, pero dentro de su tono policial un tanto absurdo, encuentra resquicios para ocuparse del drama personal del protagonista (un tipo que empezó de abajo, llegó a la cima de “el sueño americano” y tuvo que empezar de nuevo, descubriendo en el camino su lado más oscuro) y lo ejecuta con estilo, ingenio y mala leche. A ratos peca de excesiva elegancia y su crítica social podría ser más afilada, pero consigue lo más importante: entretenernos y hacernos pensar.








































Título original: Your Friends & Neighbors
Año: 2025
Duración: 50 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Jonathan Tropper (Creador),
Craig Gillespie, Stephanie Laing, Greg Yaitanes
Guion: Jonathan Tropper, Josh Stoddard, Jennifer Yale, Danielle DiPaolo, Bryan Parker, Evan Endicott, Jamie Rosengard.
Música: Dominic Lewis
Fotografía: Zack Galler
Compañías: Apple Studios, Fortunate Jack Productions. Apple TV+
Género: Serie de TV. Comedia dramática. Sátira social.

