FROM

“Por un lugar del que no se puede salir, vagan los vivos como si estuvieran muertos…”

Hay lugares que no figuran en los mapas. Sitios donde parece que el tiempo no avanza, donde el sol sale solo para recordarnos que la oscuridad volverá en cuanto se ponga. From, la serie creada por John Griffin y producida por algunos de los creadores de Lost, como Jack Bender y Jeff Pinkner, nos introduce en uno de esos parajes del entorno rural. Un pueblo atrapado en el limbo entre la pesadilla física y el horror existencial, donde el peor enemigo no siempre muestra sus colmillos y tiene, en apariencia, rostro humano.

A medio camino entre el thriller psicológico y el cine de terror, la premisa de la que parte la infravalorada serie de MGM es tan sencilla como aterradora: quienes circulan por cierta carretera caen en una especie de agujero negro o gusano del tiempo y son conducidos hasta un pueblo que de día luce apacible y tranquilo pero, de noche, se vuelve mortalmente peligroso y del que, como de la isla en la que se estrelló el avión de “Perdidos”, no se puede escapar.

Una vez que sales de la autopista y te bloquea un árbol caído con cuervos dando vueltas en el cielo, tu destino está sellado. No hay forma de volver atrás. Los autos dan vueltas en círculo, como si el universo se burlara de ellos.

Las personas que entran accidentalmente en ese remoto pueblo estadounidense que parece existir en su propio plano dimensional se ven atrapadas por fuerzas desconocidas, como si sucumbieran a una pesadilla de la que algunos no llegan a despertar pues, a medida que cae la noche, criaturas maléficas y aterradoras emergen del bosque circundante, obligando a los residentes de Fromville a protegerse tras puertas cerradas, con talismanes y amuletos misteriosos.

Esos monstruos —más perturbadores por su calma y apariencia humana que por su extrema violencia— no corren. No gruñen. Solo tocan la ventana, sonríen y piden que los dejes entrar. Pero, de acceder a hacerlo, se transforman en bestias antropófagas que desgarran los cuerpos y engullen las vísceras de sus presas con una escalofriante frialdad.

Boyd Stevens, un exsoldado devenido en improvisado sheriff, a quien interpreta el actor Harold Perrineau (“Lost”) lidera aquí un talentoso reparto de actores y actrices que hacen un convincente trabajo coral, componiendo un grupo humano cuya lucha contra lo inexplicable se vuelve cada vez más desesperada. Especialmente tras el descubrimiento de que el mal que los rodea podría no estar solo en el bosque, sino dentro de ellos mismos.

Su primera conclusión es que hay algo en ese lugar que los controla y hace que pierdan la cabeza. Como le sucede a la dulce camarera del único deli del pueblo, Sara Myers (Avery Konrad), quien tiene ciertas habilidades psíquicas que hacen que sufra espeluznantes visiones y escuche voces que la impulsan a asesinar a su propio hermano Nathan (Paul Zinno) rajándole la garganta.

En la segunda temporada, Boyd y Sara se adentran —literalmente— en las entrañas del bosque en busca de respuestas. Boyd cae en un pozo profundo que lo lleva hasta una cámara de tortura medieval donde el tiempo y el espacio pierden su sentido y sale de allí con una extraña enfermedad degenerativa que le provoca una serie de alucinaciones que hacen presagiar que su viaje es menos físico que espiritual.

Cada personaje de la serie tiene su propia historia y vivencia respecto del lugar:

Donna (Elizabeth Saunders) es quien ejerce de líder en “la colonia” (una especie de comuna hippie que okupa un antiguo caserón del poblado, situado en lo alto de una colina, cuyos habitantes cultivan su propio huerto y hasta tienen un invernadero). Ella es la roca inquebrantable de la comunidad que, poco a poco, empieza a resquebrajarse.

Allí viven también Fátima (Pegah Ghafoori) y Ellis (Corteon Moore), el único hijo de Boyd, a quien culpa de la muerte de su madre. Ambos se han conocido y enamorado en la colonia y forman la pareja romántica “boho chic” de la serie.

Luego están Kenny (Ricky-He), quien ejerce como ayudante del sheriff, y su madre, Tai-Chen (Elizabeth Moy), que regenta el restaurante. Kenny mantiene una incipiente relación sentimental con Kristi (Chloe Van Landschoot), médico de profesión, quien ha improvisado un hospital en el antiguo pabellón deportivo del pueblo. Lo que no sabe Kenny es que pronto aparecerá en el pueblo Mari (Kaelen Ohm), quien fuera la pareja de Kristi desde que la salvo de su adicción a las drogas y esto hará que ambas retomen su relación.

Está también Jade (David Alpay), el escéptico tecnócrata al que la lógica de la razón no puede salvar. Un personaje cuya evolución en la serie resulta fascinante: de egoísta pragmático a visionario obsesionado con símbolos extraños de apariencia ancestral y una melodía que lo persigue como un presagio, asomándolo a la locura y alejándolo cada vez más del hombre de negocios seguro de sí mismo que fue hasta llegar allí.

Y, por último, tenemos a la familia Matthews, compuesta por Jim, el padre (Eion Bailey),Tabitha, la madre (Catalina Sandino Moreno), Julie, la hija mayor (Hannah Cheramy) y el pequeño Ethan (Simon Webster).

En la primera temporada ellos son los últimos forasteros en llegar al pueblo, arrastrando su propio duelo desde el mundo exterior por la muerte accidental de su segundo hijo al caer de la cuna siendo un bebé. Lo que ha distanciado al matrimonio sumiéndolo en una profunda depresión. Su proceso de integración en la comunidad, que incluye comprender y acatar las normas que de manera colectiva han consensuado sus habitantes para garantizar su supervivencia, funciona como catalizador emocional para nuevas revelaciones.

En este extraño e inhóspito lugar, Julie, la hija adolescente, encuentra una especie de despertar espiritual al borde del abismo. Tabitha, su madre, parece tocar el umbral de otro plano: uno en el que unos niños, figuras recurrentes y simbólicas, la guían a través de un laberinto mental que roza lo onírico, suplicándole que los salve. ¿Pero de qué?

Guiada por los dibujos infantiles del bondadoso Victor (Scott McCord) (la persona que más tiempo lleva en el pueblo al que llegó siendo niño, sin que podamos precisar con exactitud el tiempo que ha transcurrido desde entonces ni si el autismo que sufre es de origen genético o se le produjo a consecuencia de haber visto cómo los monstruos salidos del bosque devoraban a todos los habitantes del lugar), Tabitha atraviesa un árbol del que cuelgan vistosas botellas de colores y aparece en lo alto de un faro, desde donde un niño vestido de blanco la arroja al vacío, para a continuación despertar en el hospital, creyendo haber vuelto a la vida real. Pero se trata de una esperanza fugaz, pues los acontecimientos que se producen a continuación vuelven a meterla en un bucle temporal que la devuelve al punto de partida, mientras viaja a bordo de una ambulancia bajo custodia policial.

El final de la tercera temporada la muestra descubriendo, junto a Jade, lo que podría ser una verdad devastadora: ¿y si los niños que ambos ven en sus visiones no son víctimas, sino guardianes de ese lugar?

A medida que la trama avanza, se divide en innumerables historias divergentes que se entrelazan, creando una red algo enrevesada. Con secuencias y subtramas que apenas duran un par de minutos por episodio en la que se acumulan las pistas y preguntas para las que no existen respuestas. ¿Es ese pueblo una cárcel? ¿Un experimento sociológico? Como sucedía en Lost, en la trama hay elementos que evocan la ciencia ficción: tecnología rota, patrones repetitivos, símbolos misteriosos, una torre de radio que parece comunicar con “algo más grande”. Pero la serie se resiste a esclarecer el misterio. Cada episodio, deja suficientes dudas sin resolver como para mantener enganchado al espectador.

From no ofrece certezas, solo intriga constante. A veces, la narración peca de alargarse mucho o de sembrar más interrogantes de los que puede resolver, lo que la hace ser una serie ideal para quienes prefieren las preguntas profundas a las respuestas fáciles.

Como el acceso al propio pueblo, la historia se desarrolla en círculos, no en línea recta. Una alegoría sobre lo que significa quedar atrapado: en un lugar, en una idea o en uno mismo.

El verdadero tema no es el encierro físico, sino la angustia vital. Cada personaje está atado a una culpa, a un trauma, a una decisión del pasado que no puede deshacer y que el pueblo, en su encierro, potencia, amplifica o castiga, como lo haría una condena en prisión a cadena perpetua. Su duda es existencial. ¿Quiénes somos cuando ya no queda futuro? ¿Qué nos hace humanos, si lo sobrenatural trasciende y subvierte toda lógica?

Al igual que The Mist o The Twilight Zone, From mezcla el terror psicológico, con crímenes escalofriantes y dilemas morales. La verdadera pregunta que terminan haciéndose sus personajes no es cómo salir de ese extraño purgatorio. Es si alguna vez fueron realmente libres antes de llegar a él.

Título original: From 

Año: 2022

Duración: episodios de 50 min.

País: Estados Unidos

Dirección: John Griffin, Jack Bender, Jennifer Liao, Jeff Renfroe, Brad Turner

Guion: John Griffin, Javier Grillo-Marxuach, Vivian Lee

Reparto: Harold Perrineau, Catalina Sandino Moreno, Eion Bailey, David Alpay
Elizabeth Saunders, Shaun Majumder, Scott McCord, Ricky He, Chloe Van Landschoot, Pegah Ghafoori, Corteon Moore, Hannah Cheramy, Simon Webster, Avery Konrad, Paul Zinno, Elizabeth Moy, Deborah Grover, Kaelen Ohm, A.J. Simmons, Nathan D. Simmons, Robert Joy...

Música: Chris Tilton

Fotografía: David Greene, Christopher Ball, Michael Wale, David Geddes

Compañías: AGBO, Epix, MGM International TV Productions, MGM Television, HBOmax.

Género: Serie de TV. Terror. Intriga. Fantástico

Deja un comentario