TABOO

Taboo es una de esas series de la prodigiosa BBC de cuya existencia no nos enteramos hasta que son incluidas, ocho años después de su estreno, en el catálogo de Netflix. Concebida por el prolífico Steven Knight (el genio creador de Peaky Blinders), junto a uno de sus actores fetiche, esa bestia de la interpretación que es Tom Hardy, y al padre de este, el escritor Edward «Chips» Hardy, y producida por el incombustible Ridley Scott, se trata de un trabajo de primer nivel cuya acción se sitúa en el Londres de 1814, una ciudad insalubre, enferma y pestilente, en plena resaca de las guerras napoleónicas y en un momento de reconfiguración del poder imperial británico.

La historia arranca con el regreso a la ciudad de un enigmático caballero (aunque de gentelman tenga más bien poco) de mirada cansada y una cicatriz en forma de estilete en su ojo izquierdo, que responde al nombre de James Keziah Delaney (Tom Hardy) quien vuelve a Inglaterra, tras haber sido dado por muerto en el naufragio de un navío de la Compañía de las Indias Orientales y pasar una década en África —un periplo marcado por la violencia y una serie de experiencias primitivas que lo envuelven en un halo de misterio y lo llevarán al límite del razón—. La muerte de su padre, Horace Delaney, fallecido en extrañas circunstancias, hacen que se persone a reclamar su herencia: una pequeña porción de tierra en el nuevo mundo, en disputa por la corona británica y el gobierno estadounidense, mientras ambos libran la Guerra de Independencia, y a intentar averiguar las causas de su reciente orfandad.

El estrecho que separa la actual isla de Vancouver de la isla de Nootka es, debido a su situación geográfica estratégica, objeto de deseo por ambas partes en conflicto y aunque la Compañía de las Indias Orientales ha llegado a un acuerdo con la hermanastra de Delaney, Zilpha Geary (a quien da vida Oona Chaplin) para el traspaso de su propiedad, será la negativa del protagonista a cederla la que de inicio a una serie de intrigas destinadas a acabar, como sea, con la vida de James, cuyo regreso no pasa inadvertido.

La alta sociedad londinense reacciona con desconfianza y fascinación ante este hombre de andares sobrados, sombrero de copa, abrigo largo y pulido bastón, que parece desafiar las convenciones morales de la época, y pronto corren rumores ligados a sus oscuros antecedentes familiares: la madre de Delaney era mestiza y habría sido comprada por su padre a un comerciante de esclavos. Tras años de maltrato conyugal, perdió la razón y fue internada en una institución psiquiátrica de la época, donde sufrió abusos y vejaciones aún mayores, hasta morir en el abandono. Un pasado que le marca y le martiriza de por vida, al igual que su obsesión por Zilpha, a quien nunca logró ver como a una medio hermana. Entre ambos nació una relación incestuosa, pasional y destructiva, que funciona dentro del relato como metáfora de una familia, y por extensión de un imperio, que se devora a sí mismo.

Pero, más allá del drama romántico que sirve de hilo conductor a una trama llena de brujería, ocultismo, superstición y nigromancia, Taboo se propone revelar las tensiones estructurales de la sociedad británica de principios del siglo XIX, con la derrota de Napoleón a punto de consumarse, cuando Gran Bretaña afronta un reajuste de su hegemonía comercial y marítima, marcada por el declive de la Compañía de las Indias Orientales (que, en palabras de Steven Knight, «fue el equivalente en el siglo XIX de la CIA, la NSA, y la mayor y más maligna corporación en la tierra»), cuyo poder económico e influencia política comienza a resquebrajarse ante la expansión imperial. La serie deja al descubierto los turbios engranajes del comercio global, la apropiación indebida de territorios estratégicos y la violencia ejercida sobre los pueblos colonizados, desmontando la épica heroica del imperio, a través de un personaje tan ruin como Sir Stuart Strange, a quien da vida el veterano actor, Jonathan Pryce.

El personaje de James Delaney funciona como una figura intencionalmente ambigua: es a la vez producto y agente del colonialismo, colonizador y sujeto marcado por el trauma de la gesta expansionista. Vuelve transformado, pero no inocente, de la experiencia africana.

La serie ofrece en este sentido un inquietante testimonio sobre el trauma de los colonizadores y sobre cómo el imperialismo no solo destruye territorios, sino también identidades personales y colectivas, que encuentra en Tom Hardy su más brutal y visceral exponente. Para el actor, Delaney es «una mezcla entre un salvaje y un hombre de una ética inquebrantable».

Desde una perspectiva histórica, esta versión gótica de “la parábola del hijo pródigo” que dialoga por momentos con El Conde de Montecristo, tiene una dimensión postcolonial y neo-victoriana, captando con precisión el clima de incertidumbre, especulación y lucha por el control de rutas comerciales clave —como el estratégico estrecho de Nootka— de una época en la que el poder ya no se sostenía únicamente en la fuerza militar, sino en la información, el capital y la corrupción institucionalizada.

La serie construye en sus ocho episodios un universo simbólico de calles empapadas de barro y excrementos, casuchas herrumbrosas, burdeles sudorosos, cárceles que son tumbas donde se practica la tortura con métodos medievales y salones aristocráticos donde se cuecen toda clase de perversiones, para representar los abismos morales de un imperio en decadencia que se proclama civilizador mientras cimenta su riqueza en la explotación del hombre por el hombre. Una puesta en escena barroca y dickensiana que roza el hiperrealismo -al punto de que, por momentos, da la sensación de estar oliendo la podredumbre del Tamésis- rompiendo con la imagen idealizada y romántica que suele asociarse a la Regencia, para ofrecer una visión sombría y descarnada de ese período histórico, en la que los tonos de la pintura de Courbet y Fildes se palpan en cada plano, gracias a la fotografía, realmente exquisita, de Mark Patten.

El tratamiento de los temas “tabú” —incesto, esclavitud, magia ritual, canibalismo y violencia explícita— no responde a una simple intención efectista, funciona como una herramienta narrativa para cuestionar los límites de lo socialmente aceptable, sugiriendo que la moral dominante es inseparable de las estructuras de poder que la producen, y que aquello que se margina o se silencia suele revelar verdades incómodas. De ahí que digan sus creadores que “el alma de Taboo, es el detritus de la rabia y la impotencia, de un estómago vacío”.

La serie se beneficia de la profundidad interpretativa y el magnetismo de Tom Hardy potenciado por el uso de símbolos culturales —tatuajes, rituales esotéricos, dialectos tribales— quien está rodeado de figuras no menos excéntricas, como la de Jorge IV (Mark Gattiss), un príncipe regente de feroz apetito, cuya vida real estuvo marcada por el exceso y la decadencia; George Chichester (Lucian Msamati) el abogado racionalista que se propone hacer justicia a sus hermanos de raza; George Cholmondeley (Tom Hollander) el químico depravado y drogadicto; Helga von Hinten (Franka Potente), la madame de buen corazón; Brave (David Hayman) el fiel y viejo lacayo de la familia Delaney, a quien James confiesa que, pese a su prolongada ausencia, hablaba con su padre a través del fuego y que así supo la noticia de su defunción, como más tarde dirá refiriéndose a su amada hermana: “si estuviera en el agua, yo lo sabría”; Michael Godfrey (Edward Hogg), el secretario travestido de la Compañía de las Islas Orientales; Atticus (Stephen Graham) el líder de los malhechores a sueldo que le ayudan en sus planes; el doble espía Dumbarton (Michael Kelly); y los niños Robert (Louis Ashbourne Serkis) y Winter (Ruby May Martinwood), ambos hijos del pecado. Por último, aunque no menos importante, la actriz Lorna Bow, pretendiente y circunstancial madrastra de James (al haber sido la tercera mujer de Horace), a quien da vida la también actriz, cantante y compositora irlandesa Jessie Buckley, que despunta en la edición de los Oscar de este año por su protagónico en “Hamnet”.

Todos ellos añaden diversas capas de lectura a esta ficción oscura e hipnótica, que conecta con la Historia del imperialismo inglés y europeo, y que si eres fan de Tom Hardy no te puedes perder.

Título original: Taboo

Año: 2017

Duración: 59 min.

País: Reino Unido

Dirección: Steven Knight (Creador), Kristoffer Nyholm, Anders Engström

Guion: Steven Knight, Tom y Chips Hardy.

Reparto:Tom Hardy, Leo Bill, Jessie Buckley, Oona Chaplin, Mark Gatiss, Tom Hollander, Stephen Graham, Jefferson Hall, David Hayman, Edward Hogg, Michael Kelly, Jonathan Pryce, Jason Watkins, Nicholas Woodeson, Franka Potente...

Música: Max Richter

Fotografía: Mark Patten

Compañías: Scott Free Productions, Hardy, Son & Baker. BBC

Género: Serie de TV. Drama. Historia. Siglo XIX. África. Colonialismo. Venganza

1 Comentario

  1. Excelente comentario de la serie. La hemos visto el fin de semana y me ha encantado porque tiene todos los ingredientes necesarios para no pestañear y verla de un tirón. Es magnífico el guión, la interpretación de Hardy es estelar, la fotografía, la ambientación gótica de escenarios y personajes, la iluminación, el reparto de actores y el drama., todo es impecable. Es muy entretenida y todo está muy cuidado, merece la pena sumergirse en la historia.

    Le gusta a 1 persona

Deja un comentario