MARTY SUPREME

Josh Safdie que hasta ahora había codirigido con su hermano Ben películas de cine independiente como Good Time o la producida por Martin Scorsese Diamantes en bruto, ha entrado en la carrera de los Oscar con “Marty Supreme”, su ópera prima en solitario.

Protagonizada por Thimotée Chalamet (firme candidato a hacerse por este papel con la estatuilla dorada al Mejor Actor que se le resistió el año pasado, cuando estuvo nominado por su interpretación de Bob Dylan en Un completo desconocido) la historia sigue el ascenso (y las muchas caídas) de Marty Mauser, un joven prodigio del tenis de mesa, judío neoyorquino, cuya obsesión por llegar a convertirse en un jugador de élite en un deporte poco conocido y menos valorado, como el ping pong, lo lleva a asaltar la caja fuerte del negocio de su tío y robar hasta a su propia madre, para conseguir un puñado de dólares con los que estafar a gente poco recomendable, jugándose el tipo para poder comprar el billete que le permita viajar allá donde sea que se dispute el próximo campeonato mundial.

Inspirada en la figura del excéntrico jugador de ping pong, Marty Reisman, más que una biografía al uso, la película funciona como un estudio de personaje, explorando la obsesión por la grandeza, la fragilidad del ego y el precio del éxito para quien no tiene donde caerse muerto. Un tipo absolutamente irritante, engreído y egocéntrico, que no se conforma con ser el mejor vendedor de zapatos de la Calle 14. Tan seguro de sí mismo -y tan monstruoso para quienes le rodean- que se cree el mejor en lo que hace y, sin embargo, tiene una tremenda sed de reconocimiento y vive agobiado por su afán de trascender en ese deporte.

De la Nueva York rústica, humeante y prometedora de los años 50, en un momento en que EE. UU. estaba en pleno ascenso con la llega masiva de inmigrantes europeos, después de la Segunda Guerra Mundial, hasta un Japón resucitado luego de la derrota y las bombas atómicas, Marty está dispuesto a conquistarlo todo aunque para ello deba pisotearlo todo y a todos, a conquistar su propia corona y su momento de gloria, en una época de astucias y mezquindades, donde se están poniendo cimientos del futuro.

La película —que acumula una inmensa carga emocional hacia sus últimas escenas y cuya banda sonora, absolutamente anacrónica, incluye temas míticos de New Order, Peter Gabriel, Public Image Ltd., Tears for Fears y Alphaville– destaca por su ritmo trepidante y su fotografía granulada que remite al cine independiente. La cámara no para de moverse, acompañando la sensación de urgencia de ese pequeño pillo, que vive también en constante movimiento, siempre al límite, sin que nada termine de salirle bien.

Chalamet –cuya caracterización incluye gafas, bigotillo incipiente y acné juvenil– se vacía en una interpretación física y emocionalmente exigente, en la que no solo incorpora la energía nerviosa del jugador de ping pong, sino que construye un personaje carismático e inseguro, que resulta bastante odioso por su falta de empatía, al que no parece importarle nada ni nadie más allá que su propia ambición.

Safdie se deja llevar por las claves de la comedia disparatada y convierte su película en una carrera absurda contra el tiempo, un maratón de calamidades, accidentes y alboroto. La pesadilla de un sociópata, como Mel Brooks. Solo que, en lugar de gags, hay explosiones de mal gusto, negociaciones frenéticas, racismo y antisemitismo, infidelidades y aventuras eróticas. Lo que hace de “Marty Supreme”, una película hiperactiva que, sin embargo, se hace hacia la mitad de la historia algo repetitiva perdiendo parte de su encanto inicial.

Y eso que, en los títulos de crédito, utiliza un recurso tan manido, como la recreación digital de un grupo de espermatozoides intentando alcanzar un óvulo, para anticiparnos el embarazo no deseado de Rachel Mizler (Odessa A’zion), una vecina y amiga de la infancia de Marty, que trabaja en una tienda de animales y está casada con un hombre al que no ama, a la que el protagonista deja en cinta nada más empezar la película, desentendiéndose del asunto para poner rumbo a Londres y participar en la final del torneo británico donde intenta infructuosamente vencer a la estrella del ping pong japonés. Lo que, en principio, no hacía presagiar nada bueno.

En un alarde de seguridad en sí mismo, Marty no solo consigue que la organización del torneo le aloje en la suite presidencial del mejor hotel de la ciudad, sino que se lanza a la conquista de Kay Stone (Gwyneth Paltrow), una celebridad de Hollywood venida a menos y empeñada en reinventarse sobre las tablas, a la que seduce para llegar a través de ella a su multimillonario marido, el gran empresario de las plumas estilográficas Rockwell, con intención de convencerle para que se convierta en su patrocinador.

Contra lo que podría suponerse, no estamos ante el clásico biopic sobre una leyenda del deporte. De hecho, las partidas de ping pong ocupan poco espacio en la trama. Sin embargo, las secuencias de competición están filmadas con una intensidad que hacen que cada tanto disputado se sienta como decisivo. El eco seco de la pelota botando sobre la mesa de juego y el quejido de los jugadores por el esfuerzo acrecientan la tensión dramática.

A excepción de la última escena -una concesión final a la redención del personaje-, quizás el mayor logro del filme sea zarandear al espectador de un lado al otro de la red, siguiendo las fallidas peripecias de un personaje que, en muchos aspectos, recuerda al de Leonardo Di Caprio en Atrápame si puedes. Marty corre, salta, amaga y termina secuestrando el perro de un mafioso de poca monta tras un disparatado accidente, infiltrándose en las bambalinas de un teatro de Broadway, para acabar perdiendo su botín al tener que sobornar con él a un policía en Central Park. Eso, entre otra docena de acontecimientos que hacen que las dos horas y media de metraje pasen a velocidad de crucero, aunque el interés de la historia se desinfle a mitad de camino.

En definitiva, una propuesta arriesgada, que funciona gracias al magnetismo y carisma de Chalamet (que lleva camino de convertirse en el gran actor de su generación) y al ritmo al que avanza la acción. Pero a cuyo desarrollo argumental le falta cocina y condimento, salvo que se valore la moraleja -nada original- del previsible y edulcorado desenlace.

Título original: Marty Supreme

Año: 2025

País: Estados Unidos

Dirección: Josh Safdie.

Guion: Josh Safdie, Ronald Bronstein.

Reparto: Timothée Chalamet, Gwyneth Paltrow, Odessa A’zion, Fran Drescher, Géza Röhrig, Kevin O’Leary, Abel Ferrara.

Fotografía: Darius Khondji.

Música: Daniel Lopatin

Compañías: A24, Elara Pictures, IPR.VC. Diamond Films

Género: Drama. Thriller. Comedia. Biográfico. Deporte. Ping-pong

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