Para quienes no conozcan a Jafar Panahí ni hayan visto ninguna película suya, conviene advertir que estamos ante uno de los directores más influyentes del cine iraní y, al mismo tiempo, uno de los más perseguidos por el régimen de los ayatolás. No es habitual que un cineasta sea reconocido en los principales festivales del mundo y, a la vez, tenga prohibido filmar en su propio país. Panahí es una de esas excepciones.
A lo largo de su carrera ha logrado lo que muy pocos: convertirse en el cuarto cineasta de la historia en ganar los máximos galardones de los tres grandes festivales europeos, la Palma de Oro del Festival de Cannes, el León de Oro del Festival Internacional de Cine de Venecia y el Oso de Oro del Festival Internacional de Cine de Berlín.
Nacido en 1960, mostró desde muy joven una inclinación clara hacia la creación. Con apenas diez años escribió su primer libro —con el que ganó un concurso literario— y empezó a rodar pequeñas películas en formato 8 mm. Durante el servicio militar, que coincidió con la Guerra Irán-Irak (1980-1988), filmó un documental sobre su experiencia en el frente. Pero su carrera cinematográfica propiamente dicha comenzó junto a otro gran nombre del cine iraní, Abbas Kiarostami.
Sus grandes éxitos internacionales se deben a películas como El globo blanco, El círculo o Taxi Teherán, centradas en la problemática social y política de su país, desde la situación de las mujeres hasta las limitaciones a la libertad individual en Irán. Esa mirada crítica le valió la persecución del régimen. Dos veces encarcelado, en 2010 se le juzgó y condenó a veinte años sin poder hacer cine ni salir del país. Pero Panahí decidió ignorar la prohibición y seguir rodando de forma clandestina. Así realizó películas y documentales como Esto no es una película, que logró sacar de Irán escondido en una memoria USB, dentro de un pastel, para poder proyectarlo en Cannes. Desde entonces, cada nueva obra suya es también un gesto de resistencia.
En ese mismo contexto se sitúa It Was Just an Accident, con la que Panahi regresó este año al festival y terminó llevándose la Palma de Oro. Una película que, como buena parte de su cine, parte de una situación doméstica, aparentemente simple, para desplegar un dilema moral complejo.
Todo comienza con un accidente de carretera. Un hombre (Ebrahim Azizi) atropella sin querer a un perro mientras conduce su coche, en el que viajan también su esposa embarazada y su pequeña hija.
A partir de ese hecho fortuito —filmado en una secuencia memorable— Vahid (Vahid Mobasseri), un humilde trabajador marcado por la cárcel y el tormento reconoce en el conductor —o cree reconocer— por el sonido de la prótesis de su pierna, al hombre que fue su torturador durante su estancia en prisión, tras la que arrastra graves secuelas de por vida. Convencido de haber encontrado al responsable de su sufrimiento, decide secuestrarlo y acabar con su vida. Pero en realidad no está completamente seguro de que sea él. Por lo que comienza a buscar a otros antiguos detenidos y torturados para confirmar su identidad antes de ajusticiarlo.
A partir de ese momento, Panahi organiza una especie de caravana de damnificados. Personas que jamás deberían haberse encontrado terminan dentro de una furgoneta que funciona al mismo tiempo como celda improvisada, tribunal moral y confesionario. Está Shiva (Mariam Afshari), una fotógrafa con un pasado de activismo en la resistencia, que sobrevivió a la prisión y ahora se gana la vida haciendo fotos de bodas; Goli (Hadis Pakbaten), vestida de novia, junto a su prometido Ali (Majid Panahi); y Hamid (Mohamad Ali Elyasmehr), expareja de Shiva, un hombre impulsivo e incapaz de controlar su ira. Cada uno se duele de una herida distinta y, juntos, forman el retrato amargo de un país donde las cicatrices de la represión siguen abiertas.
Lo que podría parecer el arranque de un thriller se transforma así en un dilema moral colectivo: ¿qué hacer con ese hombre si realmente es quien creen que es, culpable de haberlos maltratado sin piedad? Y si existe la mínima duda, ¿cómo proceder?
Panahi evita las respuestas fáciles. En lugar de dictar un veredicto, plantea una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando las víctimas tienen en sus manos la posibilidad de vengarse de sus verdugos?
La película no trata solo de un hombre acusado de haber torturado a otros, sino de cómo una sociedad marcada por la represión intenta aprender a convivir con su pasado.
Con una puesta en escena austera y actores que parecen sacados de la vida real, el cineasta iraní vuelve a demostrar su extraordinaria capacidad para convertir lo cotidiano en trascendente. La historia avanza como un viaje —físico y emocional— en el que los personajes discuten sobre memoria, identidad, justicia y venganza haciendo que la tensión se eleve y se vuelva casi insoportable.
Es entonces cuando el director echa mano del humor negro. Un secuestro improvisado, un entierro a medias o un parto inesperado construyen una atmósfera en la que lo absurdo y lo trágico conviven con naturalidad. En esa línea, describe también la corrupción del sistema. Enfermeras que exigen “regalos” con sonrisa incluida, guardias que piden sobornos utilizando lectores de tarjetas inalámbricos, en Irán forma parte del día a día.
Cuando el grupo abandona la ciudad y se abre hacia la inmensidad del paisaje árido, la ironía se vuelve aún más dolorosa. El horizonte parece infinito, pero no hay escapatoria, porque los recuerdos y dolores del pasado siguen viajando en esa furgoneta.
El dilema moral se vuelve entonces más punzante: ¿es posible recuperar la humanidad después de haber sido despojado de ella? Panahí no ofrece respuestas. Observa, deja que los personajes griten, discutan, se contradigan, se desesperen, que oscilen entre impulsos nobles y deseos de tomar la justicia por su mano. Su película no condena ni absuelve; simplemente muestra cómo una sociedad intenta aprender a superar sus viejos rencores para seguir viviendo.
















Título original: It was just an accident
Año: 2025
Duración: 105 min.
País: Irán-Francia-Luxemburgo
Dirección y Guion: Jafar Panahi
Reparto: Ebrahim Azizi, Vahid Mobasseri, Mariam Afshari, Hadis Pakbaten, Majid Panahi, Mohamad Ali Elyasmehr, Delmaz Najafi
Fotografía: Amin Jaferi
Compañías: Les Films Pelléas, Bidibul Productions, Jafar Panahi Film Productions, Pio & Co, arte France Cinéma
Género: Thriller. Drama. Venganza

