STEVE

El cine ha contado muchas veces historias sobre profesores y alumnos. Desde relatos inspiradores, como Los chicos del coro, El club de los poetas muertos, El indomable Will Hunting, Precious, La clase, Matilda, Hoy empieza todo, Rebelión en las aulas o Los que se quedan, hasta miradas más ásperas sobre el sistema educativo, como La ola, Adolescencia o Sala de profesores, por mencionar tres de las más recientes. En España, además, la figura del maestro suele aparecer ligada a la memoria histórica en películas como La lengua de las mariposas o El maestro que prometió el mar.

En ese universo tan transitado por la ficción cinematográfica se inscribe «Steve», película británica protagonizada por Cillian Murphy y dirigida por el belga Tim Mielants (quienes ya habían trabajado juntos en Pequeñas cosas como estas), que intenta apartarse de los parámetros más tradicionales del género y cuya historia se desarrolla en Stanton Wood Manor, una escuela para adolescentes con graves problemas de conducta y trastornos de personalidad, catalogada de progresista por algunos y de costoso basurero humano por otros (al costo de treinta mil libras por alumno/año) para las arcas públicas.

No se trata exactamente de un reformatorio ni de una institución psiquiátrica, sino de una especie de último refugio para jóvenes conflictivos —aunque aún no delincuentes— que el sistema y sus propias familias ya no saben cómo manejar ni tienen medios económicos para permitirse pagar una terapia privada. En esa especie de internado, los docentes y tutores hacen lo posible por mantener a diario el orden y ofrecer formación, disciplina y herramientas de contención a unos chicos con elevados niveles de ansiedad, cuyo temperamento agresivo, rebelde y transgresor de las normas tiende a desbordarse constantemente.

La jornada en la que transcurren los hechos que narra la película podría ser una de las más difíciles del año 1996 pues, además de tener que lidiar con las tensiones diarias habituales del centro, el personal docente recibe la visita de un equipo de la BBC que está filmando un documental sobre la institución. La presencia de las cámaras altera la rutina del alumnado, sobreexcitado por la novedad de tener que desfilar ante la cámara para explicar quiénes son y por qué están allí, generando aún más nerviosismo en un entorno ya de por sí inestable.

Ese mismo día, el director del centro, Steve (Cillian Murphy), junto a la directora Amanda (Tracey Ullman), la psicóloga Jenny (Emily Watson), la nueva y entusiasta docente Shola (Simbi Ajikawo, más conocida como la artista de hip-hop Little Simz) y el resto del staff, reciben una noticia tan inesperada como devastadora: la institución tendrá que cerrar en seis meses pues la concesión de uso ha expirado y el predio, que incluye el magnifico caserón que sirve de escuela, ha sido vendido por el Estado. Lo que dejará tanto al personal como a los chicos en la calle.

Y ya para colmo de males, la inesperada visita de Sir Hugh Montague-Powell (Roger Allam), el representante parlamentario para la escuela en Westminster resulta ser todo un desastre, cuando los chicos se burlan de su señoría dando rienda suelta a su habitual incorrección política y llaman idiota al parlamentario, adivinando su hipocresía. Lo que no contribuye en nada a mejorar las cosas.

Mientras el profesorado intenta asimilar su situación, los alumnos seguirán lidiando con sus propios conflictos en un clima de discusiones, gritos y peleas constantes o silencios cargados de angustia. El abandono familiar, la desesperanza y las frustraciones acumuladas provocan estallidos de ira entre ellos -y también con sus profesores o con la psicóloga que les trata- por cualquier motivo.

Y luego está Shy (Jay Lycurgo), un joven “deprimido, enojado y aburrido” (según su propia definición, cuando se le pide que lo haga en solo tres palabras ante la cámara) quien, a diferencia del resto de sus compañeros, que se consideran sexys, carismáticos o exitosos con las mujeres, se muestra siempre taciturno e inseguro. Aunque también parece ser el único que aspira a una vida mejor, como CEO de una empresa discográfica, la Atomic Bass Recordings, especializada en drum&bass, la música que no para de escuchar en su walkman. Shy atraviesa, sin embargo, una fuerte crisis personal después de que su madre se niegue a verlo y sus tendencias autodestructivas deben de ser vigiladas de cerca. Rechazado por los suyos y desconectado del mundo que lo rodea, representa el rostro más vulnerable de ese grupo de adolescentes que parece vivir al borde del colapso.

Durante la entrevista, la reportera le pregunta: “Si el Shy de 1996 conociera al Shy de 1990, ¿qué le diría?”. Y él responde: “Con usted no puedo ser sincero. Es que lo odio. Me… me odio muchas veces. Estaba obsesionado con la marihuana y los maricones y el licor de limón y el ron. Quería estar borracho siempre y molestar a mi mamá y a mi padrastro. Y le hice daño a un niño. Lo lastimé. Y apuñalé a mi padrastro. Sólo le corté el dedo”. “Si tus maestros te describieran en tres palabras ¿Cuáles crees que usarían?”, le repregunta entonces ella. “Es lo que intento decir. De un día a otro puede ser diferente. A veces dirían que soy gracioso, simpático, relajado y al otro día dirían que estoy deprimido y soy rebelde. Molesto”. “A mí me da la impresión de que eres sensible e inteligente si no te molesta que te lo diga”. 

Shy se interesa por la geología y la paleontología, como se demuestra cuando los reporteros, contraviniendo a Steve, irrumpen en las habitaciones de los alumnos, y en la de Shy encuentran una mochila llena de piedras o cuando es el único en responder a la pregunta de Steve sobre la naturaleza de las rocas de la región formadas por miles de valvas fosilizadas. Pero una mochila cargada con rocas también podría servir para otra cosa. Una noche, Shy pone camino al lago con la mochila a la espalda y todos se temen lo peor.

Steve, el director, intenta mantener la apariencia de normalidad frente a los chicos mientras su propia vida se tambalea. Comprometido casi obsesivamente con su trabajo, pero agotado por el estrés y la responsabilidad que carga sobre sus espaldas, bebe en exceso e intenta mantenerse sereno a base de tranquilizantes que consume a escondidas, arrastrando traumas que nunca ha logrado resolver. En él se condensan muchas de las contradicciones de quienes trabajan en entornos así, donde el genuino deseo de ayudar a los demás se mezcla con la necesidad de sublimar sus propios problemas personales y convive con el desgaste psicológico y emocional que ello supone.

Con un argumento que podría haber derivado fácilmente hacia el melodrama, Mielants y el guionista Max Porter —autor de la novela en la que se basa el guion de la película— evitan cualquier clase de tono moralizante o aleccionador. Mientras Murphy, brillante como de costumbre, compone un personaje envejecido, vulnerable, socialmente sensible y profundamente humano, alguien que sigue adelante más por obstinación que por esperanza real en poder doblegar al sistema. No es el típico profesor carismático capaz de transformar a sus alumnos con discursos inspiradores o motivacionales ni alguien que se atreva a jugarles.

Aquí no hay soluciones sencillas. La reinserción juvenil se muestra como una tarea tan necesaria como difícil dentro de un sistema social y educativo caótico y deficitario, en el que los jóvenes ponen continuamente a prueba a unos docentes exhaustos que, aun así, se resisten a tirar la toalla. Intentan ayudar a sus alumnos, aunque no siempre sepan cómo hacerlo, y los chicos reaccionan con violencia, pero detrás de ella se esconden heridas profundas.

La puesta en escena refuerza esa tensión permanente. La cámara se mueve con nerviosismo, gira, se acerca demasiado a los personajes o parece perder el control en largos planos secuencia y tomas aéreas que transmiten la impresión de que todo puede desbordarse en cualquier momento.

«Steve» funciona precisamente por ese desorden. Es una película áspera, intensa y poco complaciente que evita los lugares comunes y que a ratos parece más un documental por el realismo que exhibe. Más que una historia sobre disciplina o la educación termina siendo un retrato de la fragilidad humana y una reflexión sobre la dificultad de ayudar a quienes viven en los márgenes del sistema. Y, sin embargo, en medio de esa atmósfera pesimista, de crisis permanente, termina apuntando hacia una idea sencilla pero poderosa: la de que incluso en las situaciones más difíciles, la solidaridad y el cuidado mutuo entre personas que también están intentando salvarse a sí mismas, pueden convertirse en la única forma de resistencia frente a un sistema que a menudo abandona a quienes más necesitan apoyo.

Título original: Steve

Año: 2025

Duración: 93 minutos

País: Irlanda-Reino Unido

Dirección: Tim Mielants

Guión: Max Porter basado en su propia novela "Shy".

Intérpretes: Cillian Murphy, Jay Lycurgo, Tracey Ullman, Simbi Ajikawo, Emily Watson, Douggie McMeekin, Youssef Kerkour, Luke Ayres...

Fotografía: Robrecht Heyvaert

Música: Geoff Barrow, Ben Salisbury

Producción: Cillian Murphy (Big Things Films). Netflix

Género: Drama. Internados. Enseñanza

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